El regreso de María Corina Machado a Venezuela ha reabierto el debate sobre si el país sudamericano ha iniciado un proceso de transición política. Diez meses después de las elecciones presidenciales de 2024, académicos, politólogos y observadores coinciden en que la llegada de la líder opositora constituye un hito que ha llevado a muchos a afirmar que ahora sí ha comenzado la transición. La historiadora Margarita López Maya, una de las voces más cautelosas, matiza sus dudas: “Estamos más cerca [de una transición] porque llegó el liderazgo político que puede articular a las fuerzas opositoras y conducirlas a una posible democratización”, afirma.
El recibimiento popular a Machado ha sido masivo y emotivo, con escenas de hombres que lloran, mujeres que la abrazan y niños que le piden la bendición. Este clima emotional confirma lo que las encuestas venían registrando: si las elecciones fueran mañana, Machado las ganaría con amplio margen. Su liderazgo parece haber mutado hacia lo carismático, y su retorno ha sonado como el disparo de salida de una campaña presidencial anticipada. Sin embargo, todavía no hay fecha para esos comicios.
Un calendario electoral incierto y la sombra de la dictadura
En su rueda de prensa del jueves 29 de octubre, Machado insistió en que el mejor horizonte para una elección presidencial es julio de 2027. Sin embargo, declaraciones atribuidas a un “alto funcionario” del Departamento de Estado apuntaban a un calendario más distante. Por su parte, Delcy Rodríguez, en un mensaje grabado difundido antes de la conferencia de Machado, volvió a asegurar que en Venezuela habrá elecciones, tal como establece la Constitución. La afirmación no deja de tener ironía, considerando que el orden constitucional ha sido sistemáticamente vulnerado en los últimos años.
Tanto Estados Unidos, en su rol de acompañante y garante del proceso, como Rodríguez y el resto de la cúpula gobernante, han evitado declarar formalmente la ausencia absoluta de Nicolás Maduro. Este es un detalle no menor, ya que la Constitución establece que, una vez declarada esa ausencia, existe un lapso de treinta días para convocar una nueva elección presidencial si la falta ocurre durante los primeros tres años del mandato. Si sucede después, corresponde al vicepresidente completar el período. En los corrillos políticos circula la tesis de que el objetivo de los Rodríguez (Delcy y su hermano Jorge) es extender los tiempos tanto como sea posible para evitar una elección en el corto plazo, e incluso permitir que Delcy Rodríguez permanezca en el poder hasta 2030.
Desafíos internos y la necesidad de un pulso de filigrana
Aunque Machado concentra el respaldo popular, enfrenta adversarios poderosos: sectores beneficiados por la opacidad de los negocios, alianzas que prosperan a la sombra de la corrupción, rivales políticos y la fragmentación de las fuerzas de oposición. Carlos Valero, dirigente de Un Nuevo Tiempo, admite que la esperanza de cambio se concentra hoy en Machado y que más del 60% de los venezolanos desea una alternancia política. “Pero quererlo no significa necesariamente que vayamos a lograrlo”, advierte. Valero recuerda las numerosas oportunidades perdidas y cómo, en reiteradas ocasiones, la oposición no ha logrado anticipar la estrategia de su adversario, sobre todo su capacidad para destruir, dividir o reinventarse. “Los rusos también juegan. Y el antídoto para construir una transición eficaz todavía nadie lo ha descubierto. Entre otras razones, porque todas las transiciones son distintas y ninguna puede copiarse de otra”, afirma.
El historiador Pedro Benítez comparte parte de esa cautela. Aunque reconoce que Venezuela atraviesa un momento de cambio político, todavía evita afirmar que el país se encuentra plenamente en transición. La dictadura exhibe un pragmatismo sin nostalgias revolucionarias, mientras que los intereses en juego reclaman tener un pulso de filigrana. La comunidad internacional observa con atención, y la presión externa podría jugar un papel clave en los próximos meses.
El futuro de Venezuela sigue siendo incierto. La transición, si efectivamente ha comenzado, enfrenta obstáculos significativos: la capacidad de adaptación del régimen, la fragmentación opositora y la falta de un calendario electoral claro. El regreso de Machado ha revitalizado la esperanza, pero también ha puesto de manifiesto la complejidad del camino hacia la democratización. En palabras de López Maya, “estamos más cerca”, pero la distancia que resta por recorrer es aún considerable.









