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COP17 de Biodiversidad cierra en Armenia con acuerdos tímidos y tareas pendientes para 2026

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La COP17 de Biodiversidad finalizó este viernes en Ereván, Armenia, con una serie de acuerdos que reconocen la urgencia de acelerar las acciones para frenar la pérdida de naturaleza, pero que dejan las tareas más importantes para la próxima conferencia. Tras una maratónica sesión que se extendió hasta la madrugada, los delegados de los países adoptaron compromisos considerados de progreso, aunque organizaciones como Greenpeace los calificaron como tímidos. La cumbre, que tenía como objetivo trazar una ruta para cumplir las 23 metas de biodiversidad al 2030 y definir su financiamiento, concluyó sin una hoja de ruta clara para cerrar la brecha financiera ni para reducir los subsidios perjudiciales para la naturaleza.

La conferencia se desarrolló bajo la sombra de su antecesora, la COP de Cali, que quedó suspendida por falta de quórum hace dos años. En esta ocasión, el presidente de la COP17 y ministro de Ambiente de Armenia, Hambardzum Matevosyan, logró navegar los desacuerdos de último minuto mediante una estrategia de carisma y consultas rápidas con los delegados. Sin embargo, temas críticos como las reglas para la participación de los pueblos indígenas y el reconocimiento de la ciencia fueron objeto de controversia. La Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) vio debilitado su reconocimiento en los textos finales, pese a la insistencia de Suiza en nombre de 55 países, incluida la Unión Europea, que lamentaron que la ciencia fuera politizada.

Brecha financiera y subsidios: promesas sin ruta clara

Desde su inicio, la COP17 se planteó dos grandes desafíos: crear una ruta para cumplir las 23 metas de uso sostenible de la biodiversidad para 2030 y encontrar cómo financiar esos objetivos. Sin embargo, los documentos acordados, si bien reconocen la necesidad de acelerar las acciones y cerrar la brecha financiera, no establecen cómo hacerlo, de dónde provendrán los recursos ni quién los aportará. El secretario general de la ONU, António Guterres, había advertido que “menos de la mitad” de las metas van por buen camino, incluyendo la promesa de reunir al menos 200.000 millones de dólares anuales para la biodiversidad a 2030 y la de reducir los subsidios dañinos en al menos 500.000 millones de dólares para el mismo año. Catherine Weller, directora de Política Global de Fauna & Flora, señaló que “se ha avanzado en el debate sobre la reducción y la reorientación de los subsidios perjudiciales para la naturaleza, aunque el texto final podría haber sido mucho más contundente”.

La secretaria ejecutiva de la Convención de Diversidad Biológica (CBD), Astrid Schomaker, destacó que la COP de Armenia sirvió para crear un “impulso en el diálogo” sobre los subsidios dañinos, sugiriendo que acuerdos más vinculantes podrían alcanzarse en la próxima COP18, que se celebrará en Ecuador. No obstante, una gran porción de las decisiones clave se aplazó hasta entonces, incluyendo el balance del fondo mundial para la biodiversidad creado en 2023 y las reglas sobre cómo recolectar y distribuir los beneficios económicos derivados de la información genética digital. Oscar Soria, de The Common Initiative, describió la cumbre como “la COP de la procrastinación diplomática”.

Reacciones y el futuro de la diplomacia ambiental

Organizaciones ambientales y expertos coincidieron en que la COP17 dejó un sabor agridulce. Por un lado, se evitó el colapso que sufrió la cumbre de Cali y se logró un consenso mínimo para seguir avanzando; por otro, las decisiones sustantivas quedaron postergadas. La conferencia también evidenció un multilateralismo debilitado, con la ausencia de Estados Unidos en la mesa de negociaciones, país que junto al Vaticano no forma parte de la CBD. En los pasillos, se celebró la victoria electoral de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, lo que podría influir en la próxima cumbre climática que se realizará en Turquía la próxima semana.

Para Chile y la Región de Atacama, estos acuerdos globales tienen implicancias directas. La provincia del Huasco, con su rica biodiversidad costera y de valle, enfrenta desafíos como la contaminación atmosférica y la protección de ecosistemas frágiles. La falta de una ruta financiera clara y la postergación de decisiones sobre subsidios dañinos podrían retrasar la implementación de políticas locales de conservación. Sin embargo, el impulso generado en Armenia podría traducirse en nuevas oportunidades de cooperación internacional para proyectos de sustentabilidad en la región. La próxima COP18 en Ecuador será una instancia clave para definir cómo se financiarán las metas globales y cómo se involucrará a los países en desarrollo en la protección de la biodiversidad.