La cremación en Chile continúa ganando terreno y ya representa uno de cada cuatro funerales que se realizan en el país, de acuerdo con datos de la Secretaría Regional Ministerial de Salud. El fenómeno, que pasó de casi 7.000 cremaciones en 2018 a más de 11.000 en 2025, refleja una transformación social y demográfica que ha redefinido los rituales del duelo y la relación de las familias con la muerte. Así lo confirma el caso de Antonieta Vásquez, de 68 años, quien en 2022 cumplió el deseo de su pareja, Jaime Rodríguez, de regresar a su tierra natal en Arica: sus cenizas fueron depositadas en el mar dentro de un ánfora biodegradable. “Era su voluntad volver a su tierra natal. Lo llevamos en un ánfora biodegradable, que se deshace en el agua”, relata la viuda.
El incremento de la cremación no es un hecho aislado, sino que se inscribe en un proceso más amplio de secularización y de cambio en la relación con el cuerpo y la muerte. José Tomás Vicuña, coach de duelos y fundador del Programa DUELAR, explica que “este aumento va de la mano de un proceso de secularización y de relación con la muerte y el cuerpo. No hay una sola forma de vivir un duelo, por lo que mucho menos hay una sola forma de sepultar a una persona”. A su juicio, el funeral no es el último rito de un duelo, ya que siempre existen nuevos ritos que ayudan a mantener la conexión con los que partieron, hayan sido enterrados o incinerados. Esos ritos pueden ser tan cotidianos como diversos: Vásquez, por ejemplo, suele hablar con Jaime mientras conduce hacia su trabajo en la Fundación Arturo López Pérez, y cada 16 de noviembre, aniversario de su muerte, acude a una playa para mirar el mar y recordarlo.
La cremación se consolida como opción frente a la sepultura tradicional
Detrás del avance de la cremación también operan factores económicos y demográficos. Nicolás Bergerie, gerente general de Acoger, administradora de los cementerios católicos en la Región Metropolitana y receptora del mayor volumen de cremaciones del país, señala que “es un fenómeno que se viene incorporando de manera muy fuerte en la sociedad chilena. En otras culturas, por ejemplo, en España y Canadá, más del 50% se crema. Venimos adoptando la lógica de los países desarrollados”. Bergerie agrega que el fenómeno responde, además, a una transformación demográfica y económica: “Los núcleos familiares son más reducidos que las numerosas familias de antaño, que compraban una sepultura tradicional con anticipación para adelantarse al impacto al bolsillo que genera la partida de un ser querido”.
El ahorro económico es significativo: mientras una solución individual en un cementerio parque ronda los tres millones de pesos chilenos —al sumar sepultura, derechos y mantención—, la cremación básica bordea los 1.200.000 pesos, lo que representa un ahorro superior al 50%. “El impulso de compra anticipada se ha ido reemplazando por una lógica más de trascendencia”, plantea el gerente general de Acoger. Desde la administradora observan un fuerte apego inicial por las cenizas: en la mayoría de los casos, la decisión de esparcirlas o llevarlas a un columbario tarda unos seis meses después del deceso. En la casa de Jesús Espino, de 23 años, las cenizas de su madre, Consuelo Castañeda, descansan desde hace tres años en un altar con flores en el living. Castañeda fue diagnosticada con cáncer estomacal en etapa terminal en 2023 y manifestó su deseo de ser cremada y prescindir de un velorio. “Las cenizas son cenizas, no es la persona. Pero se siente como si todavía hubiera un espacio para ella en la casa”, reflexiona Espino.
Nuevos ritos y desafíos emocionales en torno a las cenizas
La cremación también plantea desafíos emocionales para quienes enfrentan el duelo sin una tumba tradicional. Antonieta Vásquez reconoce la ambivalencia de no tener una sepultura a la cual acudir: “Yo creo que el alma se va y queda una cáscara nomás. Pero igual ha sido difícil no tener una sepultura para dejarle flores. Me pregunto ‘¿dónde está?’. Así que cada 16 de noviembre —el aniversario de su muerte— voy a una playa, la que sea. Miro el mar y creo que lo voy a encontrar”. En tanto, Jesús Espino canaliza la memoria de su madre en sus trabajos académicos, incluyendo siempre algún guiño o detalle dedicado a ella en las piezas audiovisuales que realiza para la universidad. “Ella siempre nos inculcó que, además de mamá, era una amiga. Y cuando me despedí, le prometí que le iba a seguir contando mis cosas. Siempre hablo con ella cuando estoy solo en mi cuarto”, confiesa.
El fenómeno de la cremación continuará expandiéndose en Chile, impulsado por la secularización, la reducción de los núcleos familiares y la búsqueda de opciones más accesibles económicamente. Para las autoridades sanitarias y los especialistas, el desafío es acompañar estos nuevos rituales y garantizar que las familias encuentren formas significativas de despedir a sus seres queridos, ya sea en un cementerio, en el mar o en un altar doméstico. La memoria, al final, encuentra sus propios caminos.









