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Agrupación de mujeres cubanoamericanas desafía el statu quo político en Florida

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En el corazón de la comunidad cubanoamericana de Miami, un grupo compuesto por aproximadamente 300 mujeres de la tercera edad desafía activamente las percepciones políticas tradicionales al impulsar la defensa de la democracia en Estados Unidos. Con edades que oscilan entre los 60 y 85 años, estas ciudadanas —muchas de las cuales llegaron siendo niñas durante la década de 1960 a través de iniciativas como la operación Pedro Pan o en barcos desde la isla caribeña— se han agrupado bajo la organización no partidista Cuban American Women Supporting Democracy. Su objetivo central es marcar una distancia categórica frente a la monolítica asociación que suele hacerse entre los exiliados cubanos y el respaldo incondicional al Partido Republicano o figuras como Donald Trump.

El fenómeno del exilio cubano en el sur de Florida ha estado históricamente marcado por un fuerte componente conservador, alimentado por el rechazo visceral a cualquier postura política que pudiera evocar los traumas del régimen comunista dejado atrás. Sin embargo, estas mujeres, que hicieron sus vidas en Estados Unidos profesionalizándose y radicándose en ciudades como Nueva York, Connecticut o Puerto Rico antes de establecerse en Miami, sostienen que su experiencia histórica las obliga precisamente a velar por la solidez institucional del país que las acogió. De este modo, lo que comenzó como un chat informal de WhatsApp denominado ‘Las Trumpetillas’ para canalizar el descontento político, evolucionó hacia una estructura organizada que hoy combate activamente la censura escolar, las políticas migratorias restrictivas y los retrocesos en materia de derechos civiles.

Organización comunitaria frente a la marea conservadora

La labor de esta agrupación no se limita al debate teórico, sino que se traduce en un despliegue territorial constante en vísperas de procesos electorales clave, como los comicios de medio término en el Distrito 27 de Florida. Las integrantes participan activamente repartiendo miles de postales informativas, realizando llamadas telefónicas para promover el registro de votantes y manifestándose pacíficamente frente a centros de detención migratoria y oficinas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Para figuras clave de la organización como Sylvia Caíña Figueroa, Elena Muñoz, Delia de Varona García y Carolina Camp, su activismo responde a una convicción inquebrantable sobre el futuro de sus descendientes: «La perdimos en Cuba y no queremos que se pierda acá», señalan de manera enfática al justificar su negativa a guardar silencio.

A pesar de definirse como una entidad apartidista, en la práctica política de un Estado fuertemente inclinado hacia el conservadurismo, sus integrantes son conscientes de representar un contrapeso ideológico minoritario en su entorno inmediato. Han abogado públicamente por una legislación de armas sensata, por la protección de los derechos reproductivos de las mujeres y por frenar la retirada de libros con contenido de género en las bibliotecas públicas impulsada por sectores republicanos. Este activismo frontal les ha costado enfrentar la incomprensión e incluso agresiones verbales en las calles de la Pequeña Habana, donde sectores afines a la derecha las han tildado erróneamente de comunistas, un estigma doloroso para quienes escaparon precisamente de un régimen totalitario.

Proyecciones y el legado cívico de la tercera edad

El impacto de esta red de mujeres radica en la legitimidad que les otorga su propia trayectoria vital. Lejos de buscar cargos de representación popular, su misión se concentra en educar cívicamente a la ciudadanía, fiscalizar el debate público y exigir rendición de cuentas a las instituciones democráticas estadounidenses. En un escenario político donde la polarización suele invisibilizar los matices, la articulación de estas adultas mayores demuestra que la memoria histórica del exilio no posee una única lectura ideológica, consolidando un espacio de resistencia pacífica que prioriza el respeto constitucional por encima de las lealtades partidarias automáticas.