El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, proyectó durante su primera participación en el crecimiento de Chile en 2027 que el país alcanzará un incremento del 3,3%, reconociendo al mismo tiempo los complejos desafíos que enfrenta la economía nacional en materia de empleo y producción cuprífera. En el marco del Encuentro Nacional de la Empresa (Enade 2026), organizado por Icare bajo el lema “Tempus Invertendi: Tiempo de Invertir”, el jefe de la billetera fiscal entregó un diagnóstico franco y directo ante el mundo empresarial, admitiendo que el último tramo del presente año se proyecta desafiante debido a los efectos climáticos y a una menor actividad minera, aunque anticipó un cierre de año con mayor dinamismo.
El evento congregó a las principales autoridades económicas y líderes gremiales del país para debatir sobre los caminos necesarios para reactivar la inversión productiva. En su exposición, el secretario de Estado enfatizó que la economía chilena ha experimentado un período de menor tracción, señalando que el país se «extravió» en los últimos años y mostrando gráficos que evidencian que, al ritmo actual, el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita tardaría cerca de 60 años en duplicarse. Ante este escenario, el Ejecutivo ha planteado la urgencia de retornar a los niveles de expansión experimentados entre la segunda mitad de los años ochenta y comienzos de la década de 2010.
Metas ambiciosas y el desafío del empleo nacional
Durante su alocución, el ministro Quiroz abordó las críticas sobre las metas trazadas por la administración del presidente Kast, las cuales diversos sectores han catalogado de sumamente exigentes. Sin embargo, el titular de Hacienda fue enfático al señalar que no teme equivocarse por ambición y ratificó los objetivos gubernamentales de elevar el crecimiento tendencial al 4% y reducir la tasa de desocupación al 4,5% al término del mandato presidencial. El secretario de Estado reconoció que el mercado laboral chileno arrastra un prolongado periodo de debilidad, registrando 44 meses consecutivos con tasas de desempleo ubicadas por sobre el 8%, un indicador que golpea directamente el bienestar de los hogares en las distintas regiones del país.
«Queremos doblar el crecimiento, dejar al país al término de la administración creciendo a un ritmo tendencial del 4%, y reducir la tasa de desempleo al 4,5%, y para eso debemos multiplicar la inversión por cinco», sostuvo el ministro ante los empresarios presentes en el foro. Consultado por los medios de comunicación tras su intervención acerca de la certeza de estas proyecciones, Quiroz apeló a la transparencia y declaró que «todos somos humanos, todos nos podemos equivocar, pero con la información disponible, vamos a crecer más del 3%», defendiendo un diagnóstico basado en la franqueza y enfocado en abrir paso a un ciclo de mayores inversiones productivas.
Crisis en la producción de cobre y proyecciones futuras
Uno de los aspectos más críticos abordados por el jefe de Teatinos 120 fue la situación estructural de la minería nacional, sector pilar de la economía chilena y de gran relevancia para regiones productoras y minero-metalúrgicas como Atacama y el norte del país. Quiroz aseveró que Chile atraviesa la mayor caída en la producción de cobre de su historia, con volúmenes que han retrocedido a niveles comparables con los registrados en el año 2003. Según datos expuestos y respaldados por la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), se proyecta que el país cierre el año con 5,27 millones de toneladas, una cifra muy lejana al potencial estimado en décadas anteriores, cuando se pronosticaban aumentos sustanciales sobre los 7 millones de toneladas.
El ministro atribuyó esta contracción histórica a factores acumulados durante largos periodos, tales como la baja sostenida en la inversión, las cargas tributarias, la incertidumbre jurídica y lo que calificó como una «creciente maraña de permisos» sectoriales que entorpecen la materialización de nuevos proyectos mineros e industriales. Para revertir esta tendencia, las autoridades recalcaron la necesidad imperiosa de destrabar la permisología y generar incentivos estables que permitan recuperar el atractivo inversor de Chile. El cumplimiento de estas metas dependerá en gran medida de la capacidad del Estado y del sector privado para consensuar agendas de desarrollo que dinamicen tanto la gran como la pequeña minería, impactando positivamente en las cadenas de valor regional y nacional.





