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La fuente de soda La Predilecta se instaló en el corazón de Ñuñoa, en la comuna de Santiago, con una propuesta que busca revivir los sabores tradicionales de la cocina chilena en un entorno patrimonial. El local, ubicado en Los Tres Antonios 397, funciona en una casona diseñada en la década de 1930 por el reconocido arquitecto Luciano Kulczewski, y ofrece una carta que incluye completos, churrascos, lomitos, desayunos y postres, con precios que rondan entre los $3.000 y $8.000. La iniciativa, liderada por su fundador Raúl Yáñez Campos, apuesta por recuperar la esencia de las antiguas fuentes de soda, esos espacios de encuentro que durante décadas fueron parte del paisaje urbano santiaguino.
La apertura de La Predilecta se produce en un contexto de creciente interés por parte de los consumidores chilenos por los sabores autóctonos y los espacios con identidad de barrio. Las fuentes de soda, que tuvieron su auge en el siglo XX, han ido desapareciendo paulatinamente de las calles de Santiago, desplazadas por cadenas de comida rápida y restaurantes de corte más moderno. En ese escenario, la apuesta de este nuevo local por rescatar preparaciones como el Barros Luco, el Barros Jarpa, el arrollado, el mote con huesillos y el arroz con leche, se alinea con una tendencia que valora lo tradicional y lo cotidiano. La casona que alberga el restaurante, obra de Kulczewski —arquitecto responsable de emblemáticos edificios como el Palacio de Tribunales y el edificio de la Caja de Crédito Hipotecario—, aporta un valor agregado al proyecto, ya que su diseño original permite generar distintos ambientes, con mesas interiores, grandes lámparas, ventanales y una terraza, lo que contribuye a crear una atmósfera acogedora y familiar, alejada de la lógica del consumo rápido.
La Predilecta y su apuesta por los sabores chilenos
En conversación con El Mostrador, el fundador del local, Raúl Yáñez Campos, explicó los motivos que lo llevaron a embarcarse en este proyecto: “Siempre he sentido una admiración muy especial por las fuentes de soda y particularmente por los completos. Hace muchos años quería desarrollar un proyecto así. La idea nunca fue reinventar este formato ni transformarlo en otra cosa. Queremos respetar sus códigos, sus sabores y trabajar todos los días para hacer una gran fuente de soda chilena”. Esa filosofía se traduce en una carta que privilegia las preparaciones clásicas, sin pretensiones gourmet, pero con porciones generosas y una ejecución cuidada. El desayuno, por ejemplo, incluye opciones como huevos revueltos, tostadas, sopaipillas con chancho piedra, chocolate caliente y leche con plátano, mientras que el almuerzo ofrece crudo o tártaro, punta picana, chuleta de cerdo, prieta y longaniza. Los completos, a $3.000 y $3.500, y los churrascos, lomitos y hamburguesas, en torno a los $8.000, mantienen precios accesibles para el público general. El local funciona de 9:00 a 23:00 horas, lo que permite cubrir desayuno, almuerzo, once y cena, recuperando así la versatilidad horaria que caracterizó a las fuentes de soda tradicionales.
Además de la oferta gastronómica, La Predilecta busca recuperar la dimensión social de estos establecimientos. La fuente de soda chilena fue, por décadas, un lugar donde se podía entrar a cualquier hora para comer, tomar un café o simplemente encontrarse con alguien. Consciente de ello, el equipo del restaurante tiene la intención de incorporar juegos chilenos y habilitar un espacio para seguir los partidos del campeonato nacional y de La Roja, reforzando así la idea de un lugar de encuentro comunitario. La casona, con sus distintos ambientes, facilita esa interacción y permite que el local se adapte a diferentes ocasiones, desde una comida rápida hasta una reunión más pausada.
Impacto y proyecciones de un proyecto con identidad de barrio
La apertura de La Predilecta no solo representa una nueva alternativa gastronómica para los habitantes de Ñuñoa y sus alrededores, sino que también contribuye a la revitalización de un espacio patrimonial que de otro modo podría haber quedado en desuso. La elección de una casona de los años 30, con valor arquitectónico, para instalar un restaurante de estas características, dialoga con la historia del barrio y con el interés creciente por preservar el patrimonio urbano. En ese sentido, el proyecto se suma a otras iniciativas que buscan poner en valor los inmuebles antiguos a través de usos comerciales que respeten su esencia. Para la comunidad, la llegada de un local que ofrece sabores tradicionales a precios accesibles y en un entorno acogedor puede significar un nuevo punto de encuentro, especialmente para quienes añoran las antiguas fuentes de soda y valoran la comida casera. De cara al futuro, el desafío será mantener la consistencia en la calidad y el servicio, así como consolidar la propuesta entre un público que hoy tiene múltiples opciones. La intención de incorporar juegos y transmisiones deportivas apunta a fidelizar a los clientes y a construir una identidad propia, basada en la nostalgia pero también en la convivencia. Con su apuesta por lo simple y lo auténtico, La Predilecta se posiciona como un ejemplo de cómo recuperar los sabores cotidianos y los espacios tradicionales de la ciudad, adaptándolos a las expectativas de una nueva generación que vuelve a encontrar valor en aquello que siempre estuvo ahí.
















