La sorpresiva y pacífica relación que un buzo chileno mantiene con un pulpo en las costas del norte del país se ha convertido en las últimas semanas en un fenómeno viral de amplio alcance nacional. El protagonista de esta historia es Eduardo Mondaca, un buzo y divulgador de contenidos marinos oriundo de Iquique, quien durante los últimos meses ha documentado detalladamente los encuentros sostenidos con un ejemplar de pulpo en el sector rocoso de Caleta San Marcos, demostrando el fascinante nivel cognitivo y la adaptabilidad de estos animales marinos.
Este tipo de interacciones en el litoral chileno no solo llaman la atención por su singularidad visual, sino que también ponen sobre la mesa la riqueza biológica de las costas nacionales y el comportamiento de la fauna invertebrada ante la presencia humana constante y respetuosa. Históricamente, las interacciones entre buzos y cefalópodos han estado marcadas por la caza o la evasión defensiva, por lo que la habituación pacífica documentada en la Región de Tarapacá abre un valioso espacio para la observación etológica y el conocimiento público de la biodiversidad marina chilena.
El proceso de acercamiento y la respuesta del cefalópodo
Según relata el propio buzo, los primeros contactos estuvieron lejos de ser amistosos. En su primer avistamiento junto a su hermano en las aguas poco profundas de Caleta San Marcos, el animal adoptó una postura defensiva inmediata, expulsando chorros de agua y tinta mientras alteraba drásticamente su pigmentación para camuflarse entre las rocas. Lejos de desistir, Mondaca comenzó una rutina de visitas pacientes y silenciosas, sentándose a prudente distancia de la cueva que el animal utilizaba como refugio natural, evitando cualquier acción invasiva que pusiera en riesgo la tranquilidad del ejemplar.
Con el paso de las semanas, la dinámica cambió radicalmente al dejar de ser percibido como una amenaza potencial en una zona donde estos invertebrados suelen enfrentar múltiples depredadores naturales y la presión de la actividad extractiva. Actualmente, según sostiene el buzo nacional, el animal sale activamente a recibirlo a la orilla del roquerío, permitiendo momentos de interacción tan inusuales como la exploración de su entorno terrestre e incluso la presentación de miembros de su círculo familiar cercano, quienes presenciaron la curiosa conducta del cefalópodo.
Análisis científico sobre la inteligencia de los pulpos
Frente a la repercusión de los videos en plataformas digitales, expertos en ciencias del mar han analizado los alcances biológicos de este vínculo. Nicolás Pérez, biólogo marino y conocido divulgador científico, explicó que si bien el concepto de «amistad» responde principalmente a una interpretación emocional propia de los seres humanos, la conducta observada demuestra de forma fehaciente las capacidades intelectuales altamente desarrolladas de estos animales a pesar de pertenecer al grupo de los invertebrados.
El especialista detalló que los pulpos poseen una gran capacidad de raciocinio, memoria y reconocimiento individual, lo que les permite habituarse a la presencia pacífica de seres humanos tras un proceso sostenido de no agresión. Este tipo de registros audiovisuales contribuyen significativamente a la educación ambiental en el país, fomentando la valoración y el respeto por la fauna marina chilena y abriendo nuevas perspectivas sobre la compleja vida cognitiva que albergan los océanos del territorio nacional.









