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Lula da Silva logra histórica remontada en Brasil y vence a Flávio Bolsonaro en segunda vuelta




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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, logró este domingo una histórica remontada electoral al vencer en la segunda vuelta al senador Flávio Bolsonaro, heredero político del clan ultraderechista, con el 51,7% de los votos frente al 48,2%, una diferencia de cuatro millones de sufragios. De esta manera, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) conquista su cuarto mandato y se convierte en el primer mandatario brasileño que gana una elección después de haber perdido la primera vuelta, un hito en la historia política del gigante sudamericano.

La jornada electoral estuvo marcada por la incertidumbre y la tensión. La votación se extendió por dos horas adicionales debido a problemas de transporte público y restricciones en algunas ciudades, una medida ordenada por un juez al filo del cierre oficial de las urnas que generó caos y confusión. A las siete de la tarde, hora de Brasilia, cerraron los colegios y comenzó el recuento con el país en vilo. Lula había denunciado irregularidades y advirtió: “No vamos a permitir robos, ni alcaldes sin escrúpulos. Esa gente tiene que aprender a respetar la democracia”. La ampliación del horario alimentó las dudas sobre el proceso, aunque el candidato derrotado había comprometido su respeto al resultado.

Un triunfo con sabor a resistencia democrática

La campaña se planteó como una batalla en defensa de la democracia y contra el oscurantismo que, según Lula, representa el clan Bolsonaro. El mandatario, que este martes cumple 81 años, basó su discurso en la reconstrucción nacional que emprendió tras derrotar en 2022 a Jair Bolsonaro, condenado por intentar dar un golpe de Estado. En esta ocasión, el líder del PT enfrentó un escenario adverso: su rival fue el más votado en la primera vuelta, hace tres semanas, lo que encendió las alarmas en la izquierda. Sin embargo, una gigantesca movilización de abstencionistas —33 millones de electores que no votaron en la primera vuelta— y el respaldo de los sectores populares le permitieron remontar.

Durante la campaña, Lula anunció una serie de medidas de impacto dirigidas al electorado femenino, como el aumento del 15% en la cuantía de Bolsa Familia —paga mensual que reciben 20 millones de familias pobres—, la prohibición por decreto de las apuestas deportivas y los casinos en línea, y la garantía de hasta seis meses de salario a las víctimas de violencia doméstica. Estas iniciativas, sumadas a su histórico legado de sacar a millones de brasileños de la pobreza, fueron clave para inclinar la balanza en un electorado profundamente dividido.

Desafíos de gobernabilidad y proyección regional

El nuevo mandato de Lula, el último que le permite la ley, enfrenta un desafío colosal. Gobernará un Brasil partido en dos mitades, con un Congreso en el que el Partido Liberal (PL) de los Bolsonaro tiene una mayoría récord y la capacidad de moldear el Tribunal Supremo mediante nombramientos. Además, el país está rodeado casi por completo de adversarios ideológicos, con la excepción de la progresista Uruguay, y debe lidiar con la administración de Donald Trump, empeñado en ampliar la influencia de Estados Unidos en América Latina. En ese contexto, la figura del vicepresidente Geraldo Alckmin, un histórico del centro derecha y católico conservador de 73 años, cobra especial relevancia, ya que Lula tendrá 85 años al término de su mandato.

El triunfo de Lula representa un fuerte revés al proyecto de Trump de aumentar la influencia estadounidense al sur del Río Bravo y pone fin a una racha de siete victorias conservadoras consecutivas en la región. Brasil, junto a México, ejercerá de contrapeso progresista y mantendrá su defensa del multilateralismo frente a la ley del más fuerte. Para Chile y la región de Atacama, este resultado implica un nuevo equilibrio político en Sudamérica que podría repercutir en los acuerdos comerciales y en la cooperación regional, especialmente en materias como la transición energética y la minería del cobre y el litio, sectores estratégicos para la economía chilena. La comunidad de la Provincia del Huasco y la Región de Atacama observa con atención los cambios en el principal socio comercial de la región, a la espera de que la nueva administración brasileña mantenga la estabilidad en los intercambios y la integración regional.