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Lula da Silva resiste la ola reaccionaria y reafirma el multilateralismo desde la ONU




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La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil, que le otorga un cuarto mandato con casi 81 años y en contra de todos los pronósticos, constituye un hecho político de alcance global. El líder del Partido de los Trabajadores (PT) resiste así la ola reaccionaria que recorre Occidente y emerge como la principal referencia del progresismo internacional. Su triunfo, conocido este domingo, fue celebrado por gobiernos y fuerzas de izquierda de todo el mundo, y supone un respiro para los partidarios del multilateralismo y del sistema de relaciones internacionales surgido tras la Segunda Guerra Mundial.

El camino hacia este nuevo mandato estuvo marcado por una intensa campaña en la que Lula combinó su experiencia como estadista con un discurso soberanista. El pasado 22 de septiembre, ante la Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York, el mandatario brasileño lanzó un mensaje directo y desafiante a Donald Trump: “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”. Con ello, no solo respondía a las presiones de Washington, sino que también apelaba al orgullo nacional en plena contienda electoral. Su intervención en la ONU fue más allá y advirtió que el organismo “está atravesando el momento más crítico de su historia” debido a la ruptura del multilateralismo, llamando a recuperar las vías diplomáticas para acabar con el “flagelo de la guerra”.

Lula y la defensa del multilateralismo en un mundo convulso

La hazaña electoral de Lula no solo tiene implicancias para Brasil, sino que insufla oxígeno a un sistema internacional tensionado por el unilateralismo de Washington y la guerra en Ucrania. El líder brasileño, veterano sindicalista, ha cultivado a lo largo de su carrera una vocación negociadora que le ha permitido mantener canales de interlocución incluso con sus adversarios. En los últimos meses, pese a la tensión, buscó preservar el diálogo directo con Trump, consciente de la importancia de la relación bilateral. Su victoria, por tanto, levanta un dique considerable frente a la política exterior estadounidense y refuerza la posición de Brasil como actor clave en la promoción de la diplomacia y la cooperación internacional.

La continuidad del PT en el Gobierno de Brasilia también representa una buena noticia para China, primer socio comercial de Brasil y blanco de las presiones de Trump en el continente. La interlocución entre Lula y Xi Jinping se mantiene fluida, con contactos directos y conversaciones telefónicas frecuentes. No obstante, la apuesta de Lula por la diplomacia conlleva movimientos controvertidos, como su diálogo abierto con Vladimir Putin y su recelo ante el apoyo militar de Europa a Ucrania. Estas posturas generan debate en Occidente, pero reflejan la autonomía con la que el mandatario brasileño busca posicionar a su país en el escenario global.

Impacto en América Latina y en la izquierda internacional

En América Latina, el triunfo de Lula fue recibido con especial entusiasmo en las dos únicas capitales que mantienen gobiernos progresistas: México, con Claudia Sheinbaum, y Uruguay, con Yamandú Orsi. Este último corría el riesgo de quedar aislado en una región dominada por gobiernos de derecha si Bolsonaro hubiera ganado. La victoria del líder brasileño también brinda un respiro a las alicaídas izquierdas de Occidente, tanto en el Gobierno como en la oposición. Su épica trayectoria vital y política lo ha convertido en una figura casi heroica para el progresismo mundial, y su resistencia demuestra que el avance de la ola reaccionaria no es imparable.

Uno de los principales beneficiados por este resultado es el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, el último resistente en uno de los países centrales de la Unión Europea. Sánchez y Lula comandaron juntos una cumbre de líderes progresistas el pasado abril en Barcelona, donde el brasileño colmó de elogios al español. Inmerso en su propia campaña electoral y con perspectivas desfavorables, el líder del PSOE encuentra en el triunfo de Lula un motivo para la esperanza y un argumento para convencer a los votantes de que es posible derrotar a las encuestas. La victoria brasileña se convierte así en un faro para las izquierdas europeas en un contexto de retroceso global.

Con este cuarto mandato, Lula enfrenta el desafío de gobernar un Brasil polarizado y de mantener su liderazgo internacional en un mundo cada vez más fragmentado. Su victoria no solo redefine el futuro inmediato de Brasil, sino que también envía una señal de que la resistencia progresista es posible frente a la marea reaccionaria. El tiempo dirá si su apuesta por el multilateralismo y la negociación logra tender puentes en un escenario global marcado por la confrontación.