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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha logrado una remontada histórica en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, imponiéndose al senador Flávio Bolsonaro, heredero del clan ultra, y frenando así el avance de la ultraderecha en América Latina. La remontada histórica de Lula se produjo después de que en la primera vuelta, celebrada el pasado 4 de octubre, el candidato oficialista se impusiera por un estrecho margen de 47% a 45%. Con este resultado, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) obtiene su tercera reelección no consecutiva y consolida una trayectoria política de seis décadas que lo ha convertido en un símbolo de la izquierda mundial.
La victoria de Lula se produce en un contexto de fuerte polarización en Brasil, donde la ultraderecha, representada por el bolsonarismo, ha mantenido una influencia significativa. El país, con 214 millones de habitantes, enfrenta desafíos sociales y económicos profundos, y la campaña estuvo marcada por escándalos de corrupción y acusaciones cruzadas. Sin embargo, la capacidad de Lula para movilizar a la izquierda y su arraigo entre los sectores populares resultaron decisivos. Su historia personal, desde su infancia en la pobreza en Garanhuns, Pernambuco, hasta su llegada a la presidencia, es un relato de superación que inspira a millones de brasileños. Como él mismo ha recordado, su madre, doña Lindu, analfabeta y madre de ocho hijos, le enseñó con su ejemplo la importancia de no rendirse jamás.
La remontada histórica de Lula: perseverancia y pragmatismo
La remontada histórica de Lula no fue casual. Tras el shock de la primera vuelta, el líder del PT desplegó una intensa campaña en la que combinó su carisma personal con un discurso centrado en la defensa de la democracia y la inclusión social. En su discurso ante la Asamblea General de la ONU, en septiembre, Lula había advertido que estas elecciones definirían el rumbo del país: “vamos a decidir entre la democracia y el negacionismo, si Brasil avanza rumbo a más oportunidades o regresa a un pasado de exclusión”. Esa disyuntiva movilizó a amplios sectores de la sociedad, incluidos aquellos que, sin ser militantes del PT, rechazaban el autoritarismo y las políticas de exclusión de la ultraderecha.
Frei Betto, amigo íntimo de Lula y fraile dominico, explicó a El País Chile la fórmula que ha permitido al presidente brasileño ejercer el poder con eficacia: “Ejerce el poder con mucha tolerancia, siempre abierto al acuerdo. Es algo que viene de sus tiempos de sindicalista, cuando lidiaba con los patrones de la industria. Requería mucho juego de cintura”. Esa capacidad de negociación y su pragmatismo le han permitido congeniar incluso con líderes de ideologías opuestas, como Donald Trump, y mantener una relación cercana con amplios sectores de la sociedad brasileña. “Es muy hábil, incluso aquellos a los que no les cae bien cambian de opinión cuando lo conocen”, añadió Betto.
A sus 80 años, Lula enfrenta el desafío de gobernar un país dividido y con una economía que requiere reformas urgentes. Su salud ha sido motivo de preocupación: en 2021 sufrió una hemorragia cerebral y este año se sometió a radioterapia por un cáncer cutáneo. Sin embargo, su rutina de ejercicios y el cuidado de su esposa, la socióloga Janja da Silva, le permiten mantener un ritmo intenso de actividades. Su edad no fue un obstáculo en la campaña, donde priorizó los debates sobre corrupción y propuestas sociales. Ahora, el mandatario deberá enfrentar los retos de la reconstrucción económica y la reconciliación nacional, mientras su legado se agiganta como el de uno de los pocos demócratas que ha gobernado Brasil por más tiempo, solo superado por el emperador Pedro II y Getúlio Vargas.
Impacto y proyecciones: un nuevo ciclo para Brasil y la región
La victoria de Lula tiene un impacto inmediato en el escenario regional. Su triunfo frena el avance de la ultraderecha en América Latina, donde gobiernos de ese signo han ganado terreno en países como Argentina y Chile. Además, fortalece los lazos con otros líderes progresistas y relanza la integración regional. En el plano interno, Lula deberá cumplir sus promesas de campaña: la reducción de la pobreza, la ampliación de derechos sociales y la defensa de la democracia. Su gobierno enfrentará una oposición férrea en el Congreso, pero su habilidad para el diálogo y su experiencia política serán clave para sacar adelante sus iniciativas.
El resultado electoral también plantea interrogantes sobre el futuro del bolsonarismo. Flávio Bolsonaro, quien aspiró a suceder a su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, no logró capitalizar el descontento de la primera vuelta y deberá redefinir su estrategia. Mientras tanto, Lula asumirá un nuevo mandato con el desafío de unir a un país polarizado y demostrar que su proyecto de inclusión social sigue vigente. Su historia, marcada por la cárcel, la viudedad y las derrotas electorales, es una prueba de que la perseverancia puede cambiar el destino de una nación. Como él mismo ha dicho, “Doña Lindu me enseñó a no rendirme jamás”.
















