Francia vivió este sábado su tercera jornada consecutiva de protestas contra el alto coste de la vida y el declive de los servicios públicos, con más de 320.000 manifestantes según el Ministerio del Interior —cifra que los sindicatos elevan a medio millón— distribuidos por todo el país. Las marchas, que se desarrollaron en su mayoría de forma pacífica, terminaron con enfrentamientos y cargas policiales en París, Marsella, Lyon y Burdeos, dejando al menos 296 detenidos y una decena de gendarmes heridos, según el balance provisional difundido por la cartera de Interior hasta las 18 horas. La movilización, conocida como el “acto III”, coincide con las celebraciones de Halloween, una noche tradicionalmente conflictiva, y se produce a seis meses de las elecciones presidenciales, en un contexto de creciente malestar social.
El origen de las protestas se remonta a hace mes y medio, cuando los estudiantes comenzaron a exigir más medios para la educación. Con el paso de las semanas, las reivindicaciones se ampliaron a otros sectores: jóvenes, pensionistas, profesores y el movimiento de los chalecos amarillos se sumaron a las marchas, convirtiendo las manifestaciones en un fenómeno transversal que cuestiona la gestión del Gobierno en materia económica y social. La crisis se agrava en un momento en que el país acumula dos trimestres de caída del PIB y uno de estancamiento, con un déficit del 5,4% este año, uno de los más altos de la zona euro, lo que limita la capacidad del Ejecutivo para hacer concesiones.
París, epicentro de las protestas por el alto coste de la vida
En la capital, la prefectura de Policía contabilizó 70.000 manifestantes, mientras que los sindicatos estudiantiles elevaron la cifra a 200.000. El Gobierno había desplegado un amplio dispositivo de seguridad con 70.000 agentes, apoyados por unidades de élite, helicópteros y drones, similar al del fin de semana anterior. Sin embargo, al final de la marcha autorizada —desde la Puerta de Bagnolet hasta la Puerta de Charenton, en el sureste de la ciudad, tras prohibirse el recorrido original entre Bastilla y Nación— se produjeron incidentes: se quemaron coches y algunos alborotadores lanzaron cócteles molotov contra las fuerzas del orden, que respondieron con gases lacrimógenos. “El pretexto de que es noche de Halloween no será un motivo legítimo para disimular el rostro en el espacio público con el fin de cometer actos violentos”, advirtió el ministro del Interior, Laurent Nuñez, quien alertó de la infiltración de medio millar de radicales de extrema izquierda.
La tensión también se hizo sentir en otras ciudades. En Marsella, aunque no había una manifestación declarada, se permitió a los manifestantes desfilar y los momentos de tensión surgieron cuando la policía intentó dispersarlos; los agentes se incautaron de varias máscaras de Halloween y cuchillos. En Lyon y Burdeos también hubo enfrentamientos al final de las protestas. Las autoridades habían ordenado desde el pasado 17 de octubre —cuando las protestas derivaron en episodios violentos y saqueos a miles de comercios— que todas las manifestaciones se alejen lo más posible del centro de las ciudades para proteger los comercios y los edificios públicos. De hecho, muchos establecimientos del centro de París optaron por cerrar o blindar sus escaparates con estructuras de madera.
Llamado a bloqueos y nuevas huelgas en medio de la crisis económica
A pesar de las medidas anunciadas el lunes por el Gobierno —un paquete de 4.000 millones de euros para la renovación de los institutos, la creación de 15.000 plazas adicionales en la universidad y la reforma del sistema informático de acceso a la educación superior—, los sindicatos estudiantiles consideran que las respuestas son insuficientes. Por ello, han convocado bloqueos en institutos y facultades para el próximo martes, cuando se retoman las clases tras las vacaciones escolares de dos semanas. Además, para el jueves está convocada una huelga general en todo el país, lo que anticipa otra jornada de alta conflictividad.
El impacto de estas movilizaciones trasciende las fronteras francesas y se observa con atención en el resto de Europa, en un contexto de inflación y descontento social en varios países. En Chile, la situación recuerda la importancia de abordar las demandas ciudadanas con diálogo y soluciones concretas. Para la comunidad chilena, especialmente para quienes tienen familiares o intereses en Francia, la evolución de los acontecimientos es seguida con preocupación. El Gobierno francés enfrenta el desafío de contener la protesta sin ahogar las demandas sociales, mientras el país se prepara para un nuevo ciclo de movilizaciones que pondrá a prueba la capacidad de respuesta del Ejecutivo y la cohesión social.









