El partido del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se alzó con la victoria en las elecciones legislativas celebradas este martes en Israel, según los resultados preliminares difundidos por los medios locales. Sin embargo, el líder del Likud no habría logrado reunir la mayoría de escaños del Parlamento (Knéset) necesaria para mantenerse al frente del gobierno, ni siquiera con el apoyo de sus aliados ultranacionalistas y religiosos, lo que abre un escenario de incertidumbre política en el país.
Los comicios, que se celebraron en un contexto de profunda polarización y tras una campaña marcada por la seguridad y la economía, definen la composición de un Parlamento de 120 escaños. Para formar gobierno se requiere el respaldo de al menos 61 legisladores. De acuerdo con los sondeos a boca de urna y los primeros recuentos, el bloque liderado por Netanyahu quedaría por debajo de esa cifra, lo que obligaría a complejas negociaciones o incluso a una nueva convocatoria electoral.
Netanyahu y el bloque de ultraderecha no alcanzan la mayoría
El primer ministro en funciones compareció ante sus seguidores para celebrar el triunfo de su partido, aunque evitó proclamar una victoria definitiva. «Hemos obtenido un gran resultado, pero la lucha no ha terminado», habría declarado Netanyahu según los medios israelíes, quien confió en que las conversaciones para conformar una coalición permitan superar el umbral de los 61 escaños. No obstante, los números preliminares indican que sus socios —los partidos ultraortodoxos y las formaciones de extrema derecha— no aportarían los sufragios suficientes.
Los partidos de la oposición, liderados por el centrista Yair Lapid y el nacionalista Benny Gantz, habrían obtenido un número significativo de escaños, aunque tampoco contarían con una mayoría clara para formar un gobierno alternativo. La fragmentación del mapa político israelí anticipa semanas de intensas negociaciones y la posibilidad de que el país se encamine hacia su quinta elección legislativa en poco más de tres años.
Impacto regional e incertidumbre en Medio Oriente
La falta de una mayoría sólida en Israel tiene implicancias directas en la estabilidad de Medio Oriente. El país enfrenta desafíos cruciales como el programa nuclear iraní, la tensión en la Franja de Gaza y la normalización de relaciones con países árabes. Un gobierno debilitado o en funciones podría dificultar la toma de decisiones en materia de seguridad y política exterior, precisamente cuando la región atraviesa un momento de alta volatilidad.
La comunidad internacional observa con atención el desenlace de este proceso electoral. Estados Unidos, principal aliado de Israel, y la Unión Europea han llamado a la calma y a la formación de un gobierno estable que pueda abordar los retos pendientes. Mientras tanto, en Chile, la colectividad israelí y los analistas de política internacional siguen de cerca los acontecimientos, dado el interés que despierta la política de Medio Oriente en el país sudamericano.
El presidente de la Knéset deberá ahora iniciar las consultas con los distintos partidos para designar al candidato con más posibilidades de formar gobierno. Netanyahu, como líder del partido más votado, tendrá la primera oportunidad, pero su margen de maniobra es estrecho. Si no logra reunir los apoyos necesarios en el plazo establecido por la ley israelí, el presidente podría encargar la formación de gobierno a otro líder, o bien disolver el Parlamento y convocar a nuevos comicios. La incertidumbre política se extiende así en Israel, a la espera de los resultados oficiales y de las negociaciones que definirán el futuro inmediato del país.









