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Producción de cobre en Chile caerá a su nivel más bajo en 23 años en 2026 y sector anticipa repunte desde 2027

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La producción de cobre en Chile cerrará el año 2026 en su nivel más bajo en 23 años, de acuerdo con las proyecciones del sector minero difundidas este jueves por Diario Financiero. La caída, que se extendería hasta el próximo año, marca un hito negativo para el principal productor mundial del metal rojo y enciende las alarmas en la industria, que ya anticipa un repunte a partir de 2027. El anuncio se conoce en un contexto de incertidumbre global por la demanda de cobre y de desafíos estructurales en las faenas chilenas, como el envejecimiento de los yacimientos y la disminución de leyes del mineral.

El retroceso en la producción cuprífera chilena no es un fenómeno aislado. En los últimos años, la industria ha debido sortear una serie de obstáculos que van desde la sequía que afectó la disponibilidad de agua en la zona central y norte del país, hasta conflictos laborales y regulatorios que han retrasado la puesta en marcha de proyectos clave. A ello se suma la menor inversión en exploración y desarrollo de nuevas minas durante la última década, lo que ha limitado la capacidad de reposición de reservas. Según cifras históricas, la producción nacional de cobre superó los 5,8 millones de toneladas en 2018, pero desde entonces ha mostrado una tendencia decreciente que se agudizaría en 2026.

Producción de cobre en Chile: factores detrás de la caída histórica

Fuentes del sector minero consultadas por Diario Financiero señalaron que la disminución se explica por una combinación de factores. «La producción de cobre en Chile enfrenta un ciclo de baja debido a la menor ley del mineral en yacimientos maduros como Chuquicamata y El Teniente, además de retrasos en la ejecución de proyectos de expansión», explicó un ejecutivo de la gran minería privada, quien prefirió reservar su nombre. En tanto, desde la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) se ha advertido que la inversión minera proyectada para el quinquenio 2025-2029 asciende a unos US$ 65.000 millones, pero gran parte de esos recursos se destinarán a mantener la producción actual más que a incrementarla.

El desplome productivo también tiene un componente territorial. Regiones como Atacama, que alberga faenas de la envergadura de Candelaria, Caserones y Salvador, han resentido la baja en la actividad. La Provincia del Huasco, aunque no es un territorio eminentemente cuprífero, depende en parte de la actividad minera para el empleo y la dinamización de su economía, por lo que un escenario de menor producción nacional impacta en las expectativas de inversión y en el mercado laboral regional. En ese sentido, la caída proyectada para 2026 podría traducirse en una menor demanda de bienes y servicios para la minería, afectando a proveedores locales.

Repunte desde 2027: expectativas y desafíos para la industria

Pese al sombrío panorama para 2026, el sector prevé un repunte a partir de 2027. Según las proyecciones, la entrada en operación de nuevos proyectos y la estabilización de las faenas existentes permitirían revertir la tendencia decreciente. Entre las iniciativas que aportarían a la recuperación se mencionan la expansión de la mina Los Pelambres, en la Región de Coquimbo, y el desarrollo de proyectos como El Abra, en la Región de Antofagasta, además de la posible reactivación de operaciones paralizadas por conflictos judiciales o ambientales. No obstante, los expertos advierten que el repunte dependerá de la materialización de las inversiones y de la agilidad en la tramitación de permisos sectoriales.

«El repunte desde 2027 es posible si se concretan las inversiones comprometidas y se destraban los cuellos de botella regulatorios. Chile tiene el potencial para volver a niveles de producción superiores a los 6 millones de toneladas, pero ello requiere certeza jurídica y condiciones competitivas», señaló un analista de la industria minera. En esa línea, desde la Sociedad Nacional de Minería (Sonami) se ha insistido en la necesidad de una política pública que fomente la exploración y la inversión en nuevas tecnologías para la extracción de cobre, especialmente en yacimientos subterráneos y de menor ley.

El impacto de esta caída y posterior repunte se sentirá con fuerza en las regiones mineras. En Atacama, donde la minería representa una parte significativa del PIB regional, la baja en la producción nacional podría traducirse en una menor recaudación de royalties y en un ajuste del gasto público regional. Para la Provincia del Huasco, la expectativa está puesta en que la reactivación de proyectos como el de la mina Caserones —operada por Lundin Mining— y el desarrollo de iniciativas de pequeña minería permitan mantener la actividad. Mientras tanto, el sector privado y las autoridades locales observan con atención las señales que entregue el Gobierno en materia de permisos y políticas de fomento.