El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, fue el candidato más votado en las elecciones celebradas este martes, según los sondeos a pie de urna, pero no le alcanzan los escaños para conformar una mayoría parlamentaria que le permita gobernar otros cuatro años. La noticia, conocida la noche del martes, generó una mezcla de alivio y preocupación entre los israelíes que votaron en su contra, quienes contuvieron el entusiasmo ante un escenario político todavía incierto.
Los comicios, que se celebraron en un clima de polarización y luego de una campaña marcada por los desafíos de seguridad y la situación económica, dejaron un panorama fragmentado. Netanyahu, líder del Likud, aparece como la figura con más respaldo individual, pero sus potenciales socios de coalición no suman la mayoría necesaria en la Knéset (Parlamento). Sus detractores, que esperaban un revés contundente, ahora enfrentan la posibilidad de que el actual primer ministro logre tejer alianzas para mantenerse en el cargo.
Los detractores de Netanyahu y su cautela ante los resultados
Entre los opositores, la reacción fue prudente. «Ganó, aunque será difícil que siga siendo primer ministro», señaló uno de los votantes contrarios a Netanyahu, reflejando el sentimiento general de quienes esperaban un cambio de gobierno pero reconocen la fortaleza electoral del líder del Likud. La frase, recogida por medios internacionales, resume la complejidad del momento: si bien Netanyahu obtuvo la mayor cantidad de sufragios, la aritmética parlamentaria no le garantiza la investidura.
Los sondeos a pie de urna, que suelen tener un margen de error, proyectan un empate técnico entre los bloques de derecha y centroizquierda, lo que obligaría a intensas negociaciones para formar una coalición. Los partidos de la oposición, liderados por figuras como Yair Lapid y Benny Gantz, ya habrían iniciado contactos para explorar un gobierno alternativo. Sin embargo, la ventaja numérica de Netanyahu en votos individuales le otorga un peso simbólico que podría inclinar la balanza en las conversaciones.
El futuro político de Netanyahu y el impacto en la región
La continuidad de Netanyahu en el poder dependerá de su capacidad para reunir el apoyo de al menos 61 de los 120 diputados de la Knéset. Sus aliados naturales, los partidos ultraortodoxos y la extrema derecha, no alcanzarían por sí solos esa cifra, por lo que necesitaría sumar a otras fuerzas, algo que se antoja complicado tras una campaña de ataques mutuos. Además, el primer ministro enfrenta un juicio por corrupción que podría condicionar su permanencia en el cargo.
El resultado electoral en Israel tiene implicancias directas para la estabilidad de Medio Oriente y para las relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea. Un gobierno debilitado o una eventual salida de Netanyahu podría abrir paso a un enfoque diferente en el conflicto palestino-israelí y en la política hacia Irán. Mientras tanto, en Chile, la comunidad judía y los analistas internacionales siguen con atención el desenlace, dado el interés en los asuntos globales que impactan en la política exterior.
Los próximos días serán clave para la formación de gobierno. El presidente de Israel, Isaac Herzog, deberá designar al candidato con más posibilidades de armar coalición, un proceso que podría extenderse semanas. Los detractores de Netanyahu, aunque contienen el entusiasmo, mantienen la esperanza de que la falta de mayoría impida su continuidad. La incertidumbre política se cierne sobre el país, y el mundo observa atento.
















