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Estados Unidos ha lanzado un órdago diplomático en el seno de Naciones Unidas al Frente Polisario, el movimiento que defiende la independencia del Sáhara Occidental mediante una consulta de autodeterminación, para que acepte la soberanía de Marruecos sobre la antigua colonia española. La presión estadounidense se produce a escasos días de que expire el mandato anual de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), previsto para el próximo 31 de octubre, y constituye un giro de calado en un conflicto que se arrastra desde hace medio siglo y que mantiene al territorio en la categoría de “no autónomo” o pendiente de descolonización, según la propia ONU.
El Sáhara Occidental, antigua colonia española hasta 1975, es objeto de una disputa histórica entre Marruecos, que lo considera parte integrante de su territorio y controla la mayor parte de su superficie, y el Frente Polisario, que reclama un referéndum de independencia amparado en las resoluciones de Naciones Unidas. Desde 1991, la Minurso supervisa el alto el fuego y tiene encomendada la organización de esa consulta, aunque esta nunca se ha celebrado. La presencia de los cascos azules a bordo de vehículos blancos marcados con las siglas de la ONU recuerda de forma permanente que Rabat no ejerce una soberanía reconocida internacionalmente sobre el territorio, una situación que Marruecos lleva años intentando revertir con el respaldo de potencias como Estados Unidos, que en 2020 reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara.
El órdago de Washington y el futuro de la Minurso
El emplazamiento estadounidense se produce en un momento crítico para el futuro de la misión de paz. El Consejo de Seguridad debe renovar el mandato de la Minurso antes del 31 de octubre, y Washington ha condicionado su respaldo a que el Frente Polisario acepte la propuesta de soberanía marroquí, lo que en la práctica supone renunciar a la vía del referéndum de autodeterminación que ha defendido durante décadas. Fuentes diplomáticas citadas por medios internacionales señalan que la administración estadounidense busca un texto que refleje el respaldo a la iniciativa marroquí de autonomía para el Sáhara, presentada en 2007 y que Rabat considera la única base posible para una solución.
El Frente Polisario, por su parte, ha reiterado en múltiples ocasiones que no aceptará ninguna solución que no contemple la celebración de un referéndum de independencia, tal como establecen las resoluciones de la ONU y el derecho internacional. La organización saharaui considera que el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí, formalizado en el último tramo del mandato de Donald Trump, constituye una violación del derecho internacional y un obstáculo para la descolonización del territorio. La presión de Washington, por tanto, no hace sino ahondar en un pulso que dura ya cinco décadas y que enfrenta a Argelia, principal valedor del Polisario, con Marruecos y sus aliados occidentales.
Un territorio pendiente de descolonización desde hace medio siglo
La categoría de “no autónomo” que la ONU mantiene sobre el Sáhara Occidental es el principal escollo para Marruecos, que desde 1975 administra de facto la mayor parte del territorio tras la Marcha Verde y el posterior Acuerdo de Madrid con España. Rabat sostiene que su presencia es legítima y que la autonomía amplia que ofrece a la población saharaui bajo soberanía marroquí es la única solución realista. Sin embargo, la comunidad internacional no ha reconocido formalmente esa soberanía, y la Minurso sigue desplegada sobre el terreno con el mandato de facilitar el referéndum, aunque en la práctica sus funciones se han limitado a la observación del alto el fuego.
El conflicto ha tenido un impacto humanitario significativo, con miles de refugiados saharauis en los campamentos de Tinduf, en Argelia, y una población que vive dividida entre los territorios controlados por Marruecos y los liberados por el Polisario. La comunidad internacional, y en particular la Unión Europea y Estados Unidos, ha oscilado entre el apoyo a la autodeterminación y el respaldo a la estabilidad que ofrece Marruecos como aliado estratégico en el Magreb. La decisión que adopte el Consejo de Seguridad en los próximos días será determinante para el futuro de la Minurso y para el rumbo de un conflicto que, medio siglo después, sigue sin una solución definitiva.
















