Un profundo malestar interno atraviesa por estos días al Partido Republicano tras la crisis desatada en torno al ministro de Justicia, Fernando Rabat, y la firma de los decretos que rebajan condenas a violadores y abusadores de menores. En la colectividad liderada por Arturo Squella y Vicente Bruna existe molestia con los partidos de Chile Vamos —principalmente la UDI y Renovación Nacional— debido a los reiterados llamados públicos emitidos por sus parlamentarios para que el secretario de Estado dé un paso al costado, a pesar del respaldo ratificado por el Presidente José Kast. Este escenario de alta tensión política ha puesto en evidencia fracturas irreconciliables dentro del sector oficialista, poniendo en entredicho cualquier esfuerzo futuro de convergencia electoral de cara a los próximos desafíos institucionales del país.
Los antecedentes de esta disputa se remontan a las sucesivas reacciones de legisladores oficialistas que salieron a cuestionar la permanencia de Rabat en el gabinete. Entre los críticos figuran figuras de peso en el Senado y la Cámara de Diputados, como los senadores Rojo Edwards y María José Gatica, además de diputados de la UDI y RN que incluso se han abierto a respaldar una eventual acusación constitucional impulsada por la oposición. Para los diputados republicanos, que sostuvieron un almuerzo de bancada para analizar el complejo momento, estas actitudes responden a cálculos electorales particulares de parlamentarios enfocados en asegurar su reelección en lugar de respaldar la gestión gubernamental en su hora más crítica.
Impacto en la unidad y fractura de pactos electorales
Durante la reunión de la bancada republicana, uno de los puntos centrales del debate fue la inviabilidad de construir una coalición amplia que agrupe a todo el sector de centroderecha y derecha tradicional. Si bien voces minoritarias dentro de la colectividad habían deslizado anteriormente la posibilidad de explorar acuerdos para comicios municipales o regionales, el comportamiento de Chile Vamos en esta crisis sepultó dichas opciones. Desde la perspectiva de los republicanos, los aliados tradicionales han demostrado una falta de disciplina y lealtad institucional insostenible, lo que dinamita por completo la viabilidad de un pacto electoral uninominal para las próximas elecciones.
La tensión escaló aún más durante el fin de semana a raíz de un cruce público protagonizado por el timonel del partido, Arturo Squella, y el exministro Hernán Larraín (UDI). La polémica se agudizó con los cuestionamientos públicos emitidos por el diputado republicano Cristián Araya hacia la senadora María José Gatica, quien abandonó un comité político ampliado en La Moneda exigiendo la salida del titular de Justicia. Desde el entorno republicano apuntaron a supuestas motivaciones políticas locales de la parlamentaria en la Región de Los Ríos, evidenciando que las disputas partidarias superan el ámbito estrictamente legislativo y ministerial.
Estrategia de contención y proyecciones del gobierno
A pesar de la evidente rabia acumulada y de reconocer en privado que la salida de Rabat podría eventualmente descomprimir la crisis, los parlamentarios del Partido Republicano han optado por una estrategia de contención y silencio público. Conscientes de que el gobierno enfrenta un momento de extrema debilidad institucional, los legisladores acordaron evitar nuevos enfrentamientos mediáticos abiertos con la UDI y RN que profundicen el caos en la derecha. No obstante, el daño político ya está hecho y las relaciones entre los partidos del oficialismo se encuentran en su punto más frágil desde el inicio de la administración.
De cara al futuro inmediato, la permanencia o salida del ministro de Justicia marcará un punto de inflexión en la correlación de fuerzas dentro del bloque oficialista. Mientras la oposición avanza en acciones fiscalizadoras en el Congreso, el Ejecutivo deberá administrar con extrema cautela un gabinete debilitado y una coalición legislativa fracturada, donde la cooperación política tradicional parece haber quedado relegada frente a las disputas de liderazgo y supervivencia electoral en el sector.









