La expedición NIMOx concluyó de manera exitosa tras tres semanas de navegación en el océano profundo, marcando un hito para la investigación marina nacional luego de que el buque oceanográfico AGS-61 Cabo de Hornos, perteneciente a la Armada de Chile, recalara en el puerto de Valparaíso. La travesía, liderada por el Instituto Milenio de Oceanografía (IMO) y financiada por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), permitió a un contingente de científicas y científicos chilenos retornar a la Fosa de Atacama, uno de los abismos marinos más inexplorados del planeta, para recabar información crucial sobre sus dinámicas biológicas, oceanográficas y geológicas en zonas clave del norte del país.
Este despliegue coordinado integró dos iniciativas paralelas de alto impacto: por un lado, un estudio enfocado en comprender el comportamiento del océano profundo frente a las variaciones provocadas por el fenómeno de El Niño; y por otro, una campaña geofísica detallada frente a las costas de Taltal y Chañaral. Esta última área posee un interés estratégico fundamental, al tratarse de una laguna sísmica donde históricamente no se han registrado grandes terremotos recientes, lo que convierte el mapeo del piso marino en una herramienta indispensable para refinar los modelos de deformación tectónica y prevención de riesgos en el norte grande de Chile.
Un ecosistema marino activo y altamente dinámico
Lejos de las antiguas suposiciones científicas que catalogaban los abismos oceánicos como zonas estériles y de baja actividad, los experimentos in situ desarrollados por el Dr. Mauricio Urbina, investigador principal del IMO y académico de la Universidad de Concepción, demostraron que la Fosa de Atacama posee redes tróficas sumamente dinámicas. Según los datos recopilados, los organismos carroñeros y crustáceos anfípodos mostraron una velocidad inusual para procesar la materia orgánica proveniente de la superficie, consumiendo considerables volúmenes de alimento en cortos períodos de tiempo. Este hallazgo redefine la comprensión sobre el ciclo del carbono en las profundidades marinas y abre interrogantes sobre los mecanismos de adaptación celular que permiten a estas especies sobrevivir ante pulsos de alimentación esporádicos.
En el ámbito geofísico, la Dra. Valeria Cortés lideró con éxito la cartografía submarina de alta resolución, logrando registrar detalles inéditos de montes submarinos, fallas geológicas y procesos de derrumbe en el lecho oceánico. Esta labor no sólo aporta a la comprensión de la tectónica de placas en las costas nortinas, sino que también involucró de manera directa a estudiantes en la adquisición y procesamiento de datos oceanográficos, fortaleciendo la formación de nuevas generaciones de especialistas en ciencias del mar en el país.
Proyecciones y análisis de las muestras oceanográficas
Por su parte, el equipo encabezado por el Dr. Rubén Escribano evaluó por primera vez de forma directa el impacto de El Niño sobre el ecosistema del océano profundo mediante el despliegue de instrumentación avanzada como un planeador submarino autónomo (glider) y un sistema de observación en la Fosa de Atacama (IDOOS). Las observaciones preliminares sugieren que el calentamiento de las aguas superficiales altera la dispersión del plancton, repercutiendo de manera directa en la calidad y cantidad de sedimentos biológicos que descienden hacia las profundidades, afectando la cadena de vida que allí habita.
Durante los próximos meses, los equipos de investigación se concentrarán en el procesamiento computacional avanzado de las muestras y registros obtenidos durante la navegación. Los resultados definitivos serán incorporados en publicaciones científicas internacionales y modelos predictivos, consolidando el liderazgo de Chile en la exploración oceanográfica y el resguardo del patrimonio natural de sus dominios marítimos.
















