La proyección de US$ 105.000 millones en inversión minera hacia 2034 se ha instalado como una de las estimaciones más relevantes para el futuro de la industria en Chile, según consignó el medio especializado Periódico El Inversor Energético & Minero. La cifra, que abarca la próxima década, supone un salto significativo respecto de los niveles actuales de inversión y coloca al país en una posición expectante frente a la demanda global de minerales críticos para la transición energética.
El monto proyectado se sustenta en el potencial geológico de Chile, principal productor mundial de cobre y segundo de litio, y en el interés de compañías nacionales e internacionales por desarrollar nuevos yacimientos. En la última década, la inversión minera en el país ha oscilado según los ciclos de precios y la maduración de los proyectos, pero la nueva estimación refleja una apuesta de largo plazo que involucra a la gran minería privada, a Codelco y a Enami, además de eventuales nuevos actores.
El rol del cobre y el litio en la proyección de US$ 105.000 millones en inversión minera
El cobre continuará siendo el pilar de la cartera, con proyectos emblemáticos que ya se encuentran en etapas de estudio o ejecución. A ello se suma el litio, cuya Estrategia Nacional presentada por el Gobierno busca aumentar la producción y agregar valor en territorio chileno. Ambas industrias requieren inversiones intensivas en capital, tecnología y recursos hídricos, lo que explica la magnitud de la cifra proyectada.
Voces del sector han señalado que para materializar esta cartera será clave agilizar los permisos ambientales y sectoriales, así como garantizar condiciones de competitividad. La presidenta ejecutiva del Consejo Minero, Joaquín Villarino, ha advertido en diversas instancias que la tramitación de permisos puede extenderse varios años y que ello resta atractivo a las inversiones. En la misma línea, desde la Sociedad Nacional de Minería (Sonami) se ha insistido en la necesidad de certeza jurídica y de infraestructura habilitante.
Desafíos de infraestructura y capital humano para concretar la inversión
La proyección de US$ 105.000 millones en inversión minera hacia 2034 también pone el foco en las brechas de capital humano. La industria requerirá técnicos y profesionales especializados en operaciones mineras, mantenimiento, automatización y gestión ambiental. En regiones como Atacama, donde la minería es el principal motor económico, esta demanda podría traducirse en nuevas oportunidades de formación y empleo, especialmente en la Provincia del Huasco, con presencia de faenas como Caserones y proyectos de continuidad operacional.
Asimismo, la disponibilidad de agua y energía será determinante. La mayoría de los nuevos proyectos se ubica en el norte del país, donde la escasez hídrica es una realidad estructural. Por ello, las compañías han avanzado hacia el uso de agua de mar desalinizada y energías renovables, lo que implica inversiones adicionales y una coordinación público-privada para el desarrollo de infraestructura compartida.
De concretarse la proyección, el impacto fiscal sería considerable. El Royalty Minero, vigente desde 2024, establece un aporte que se distribuye entre el Estado central y los gobiernos regionales y comunas mineras. Un mayor volumen de inversión y producción podría incrementar esos recursos, beneficiando a territorios como la Región de Atacama. Sin embargo, expertos advierten que la inversión no es automática y depende de factores como el precio del cobre, la estabilidad regulatoria y la confianza de los inversionistas.
Con todo, la cifra de US$ 105.000 millones hacia 2034 se presenta como una señal de confianza en el potencial minero de Chile, pero también como un desafío mayúsculo para el Estado y las empresas. La próxima década será decisiva para transformar esos recursos en desarrollo sostenible, empleo de calidad y encadenamientos productivos locales, especialmente en las regiones del norte del país.





