Casi medio millón de personas mantienen el pulso a Macron en toda Francia pese al despliegue policial, según el Ministerio del Interior. La protesta regresó este sábado a ciudades como París, Marsella o Lyon, donde confluyó la rabia de estudiantes, parados, chalecos amarillos y funcionarios que lamentan el deterioro de la educación pública y el precio de la vida.
El ministro del Interior, visiblemente aliviado tras una semana señalada por los fallos de seguridad que dejaron más de 3.000 comercios saqueados, se congratuló por la efectividad del despliegue policial. A las 20.00, las fuerzas del orden habían detenido a más de 1.000 personas, el triple que una semana antes a la misma hora. El ministro cifró en 289 las manifestaciones en toda Francia y advirtió que el número de detenidos iba a aumentar «de forma significativa». El Gobierno había desplegado 70.000 agentes en todo el país, reforzados por el ejército, lo que no ocurría desde 2019.
Contexto institucional y antecedentes históricos
La protesta mantiene todo su vigor y promete seguir en la calle. No habrá tregua para el Ejecutivo. Los organizadores, apoyados por los chalecos amarillos, han vuelto a convocar marchas para el próximo 31 de octubre y 5 de noviembre, acompañada de la propuesta de una huelga general. «Me preocupan esas fechas si no se toman medidas para satisfacer las reivindicaciones», advirtió el alcalde de Marsella. Pero el problema es el mismo que hace un mes: no hay dinero en la caja. Francia arrastra una deuda del 119% del PIB y el Ejecutivo planea aprobar un presupuesto con 54.000 millones en recortes.
La lluvia y las medidas de seguridad no disuadieron a los participantes más violentos de intentar saquear algún comercio y confrontar con la policía al término de la marcha. En París, donde unas 110.000 personas recorrieron la ciudad desde las 14.00 de la mañana de forma pacífica y bajo la lluvia, la policía empezó a disparar gases lacrimógenos y a dispersar a los manifestantes con cañones de agua. Hubo pillajes y saqueos en Marsella o Grenoble, barricadas e inmensas nubes blancas de gases lacrimógenos. En Toulouse y en Clermont-Ferrand dos estudiantes fueron gravemente heridos por la policía.
Declaraciones y citas de los protagonistas
Los manifestantes prometían firmeza en París. Matthieu y Lux, alumnos de la Sorbona de 23 y 24 años, formaban parte de las miles de personas que se dirigían a la Puerta de Vincennes. Pancarta contra el jefe del Estado —«Macron, rodarán cabezas»— y una kufiya palestina al cuello, rechazaban la violencia de los últimos días. «Seguiremos volviendo el tiempo que haga falta. El Gobierno no escucha, solo responde con violencia. Cada sábado nos tendrán aquí», anunciaban. Gilles y Laurence, estudiantes de Ciencias Políticas de 22 y 23 años, creen que «hay que apretar ahora. Si gana Marine Le Pen será todavía peor». Ryad Rani, responsable de la Unión Sindical de Estudiantes de Secundaria, criticó que Macron respondiera con una reforma total al pedido de derogación del Parcoursup: «Grandes promesas, palabras vacías». Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, lamentó que las fuerzas del orden lanzaran gas lacrimógeno y dispararan a ciegas en París, en referencia al asesinato racista ocurrido el pasado viernes en el extrarradio parisino.
El ministro de Educación, Édouard Geffray, se reunirá de nuevo con los estudiantes el lunes para anunciar otras medidas. Pero la situación económica es crítica. El Banco de Francia modificó su previsión de crecimiento para 2026 hasta una horquilla del 0,4% al 0,5%, muy por debajo del 1% que manejaba a finales de 2025, y elevó su pronóstico de inflación hasta el 2,5% para este año. La agencia de calificación de deuda mantuvo la nota Aa3 a Francia con perspectiva negativa. La inflación interanual ya se situó en agosto en el 2,4%, acelerando desde el 2,1% de julio, con una energía que se ha encarecido casi un 17% en el último año. El déficit público se estima en el 5,2% del PIB en 2026.
Impacto, proyecciones y cierre informativo
La fragmentación política y la polarización crecen a pocos meses de los comicios presidenciales. Mientras las manifestaciones de los estudiantes tomaban las calles, crecía la preocupación de que los disturbios pudieran alcanzar su máxima expresión en Orleans, la burguesa ciudad de las orillas del Loira donde el ultraderechista Reagrupamiento Nacional convocaba un congreso para lanzar la candidatura de Marine Le Pen. La marcha mostró la enorme división política, que llevó incluso a partidos tradicionales a manifestarse a las puertas del congreso de otra formación. Macron se reunió el viernes por la tarde en el Palacio del Elíseo con una delegación de estudiantes durante dos horas y media, pero los representantes reiteraron que «la movilización constante» es «la única manera de lograr un progreso concreto». Las próximas semanas, en las que el Ejecutivo no tiene garantizada su continuidad, serán extremadamente convulsas en el Parlamento francés.









