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Antonio Belart y el desafío de la electromovilidad en la minería: «Un ámbito especialmente interesante para evaluar»

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La electromovilidad representa un ámbito especialmente interesante para evaluar en la minería, según señaló Antonio Belart, especialista en la materia, en un análisis difundido por el medio Electrominería. La afirmación cobra relevancia en un momento en que la industria minera, particularmente en Chile y en regiones como Atacama, busca avanzar hacia operaciones más sostenibles y eficientes, en línea con las exigencias de la transición energética global. Belart enfatiza que la electrificación de equipos y procesos mineros no solo contribuye a la reducción de emisiones, sino que también puede generar ahorros significativos en costos operacionales y mejorar la competitividad del sector.

El contexto de esta discusión se enmarca en los compromisos internacionales de descarbonización y en las políticas nacionales que impulsan la adopción de energías limpias. Chile, como uno de los principales productores de cobre y litio a nivel mundial, enfrenta el desafío de compatibilizar el crecimiento de la actividad minera con la protección del medio ambiente y las demandas de las comunidades. En este escenario, la electromovilidad se posiciona como una alternativa tecnológica con potencial para transformar la matriz productiva del sector, especialmente en zonas donde la actividad minera es el motor económico principal, como la Región de Atacama.

Electromovilidad en minería: un ámbito clave para la evaluación técnica y económica

Antonio Belart, cuyo nombre aparece asociado al análisis de estas tecnologías, sostiene que la electromovilidad en la minería debe ser evaluada considerando múltiples factores, desde la infraestructura de carga hasta la gestión de flotas y la integración con energías renovables. «La electromovilidad representa un ámbito especialmente interesante para evaluar en la minería», afirmó, subrayando la necesidad de realizar estudios piloto y análisis de factibilidad que permitan medir su real impacto en la operación. Según el especialista, la incorporación de vehículos eléctricos y sistemas de transporte automatizado podría reducir la dependencia de combustibles fósiles y disminuir la huella de carbono de las faenas.

En la misma línea, datos de la industria indican que la electrificación de equipos mineros, como camiones de extracción y palas, puede representar una disminución significativa en el consumo de diésel y en los costos de mantenimiento, aunque requiere inversiones iniciales elevadas y una planificación cuidadosa. Belart enfatiza que el análisis debe incluir aspectos como la disponibilidad de energía renovable en las zonas mineras, la capacidad de la red eléctrica y la formación de capital humano especializado. Estos elementos son particularly relevantes en regiones como Atacama, donde la minería convive con un enorme potencial solar y eólico, lo que facilitaría la implementación de soluciones de carga alimentadas por energías limpias.

Impacto y proyecciones para la minería regional y nacional

La adopción de la electromovilidad en la minería no solo tendría efectos ambientales positivos, sino también económicos y sociales. En la Provincia del Huasco y en toda la Región de Atacama, donde la actividad minera es un pilar del empleo y el desarrollo, la incorporación de estas tecnologías podría generar nuevas oportunidades de capacitación y empleo en áreas técnicas, así como atraer inversiones en infraestructura energética. Sin embargo, también plantea desafíos en términos de reconversión laboral y adaptación de las empresas proveedoras locales.

De cara al futuro, se espera que la electromovilidad siga ganando terreno en la minería chilena, impulsada por las metas de descarbonización y por la creciente competitividad de las energías renovables. Antonio Belart concluye que es fundamental continuar evaluando casos concretos y compartiendo experiencias para que la industria pueda tomar decisiones informadas. Con iniciativas como esta, el sector minero se prepara para una transformación que podría redefinir su operación en las próximas décadas, con un impacto directo en territorios como Atacama y el Huasco.