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A diez años del fallo de 2016, las encuestas anticipan una ‘ola azul’ demócrata en Estados Unidos

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A diez años de la debacle estadística que sorprendió al mundo con la victoria de Donald Trump en 2016, las encuestas anticipan una «ola azul» demócrata para las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre en Estados Unidos. Los sondeos de voto genérico al Congreso otorgan a los demócratas una ventaja de ocho puntos sobre los republicanos, un margen similar al de 2018, cuando recuperaron la Cámara de Representantes con 41 escaños adicionales. Sin embargo, la contienda por el Senado es mucho más ajustada y un pequeño error de medición podría inclinar la balanza en uno u otro sentido.

El recuerdo del 8 de noviembre de 2016 sigue fresco en la memoria política estadounidense. Aquella noche, Pensilvania, Míchigan y Wisconsin, que las encuestas daban como sólidamente demócratas, cayeron en manos de Trump, quien se alzó con la presidencia pese a perder el voto popular. Desde entonces, la comunidad demoscópica ha enfrentado cuestionamientos sobre su capacidad para captar el sentir de votantes esquivos, y las elecciones de medio mandato se han convertido en un laboratorio para medir la precisión de los sondeos.

La ‘ola azul’ demócrata y el margen de error en el Senado

En el Senado, los candidatos demócratas aventajan en estados que Trump ganó con holgura en 2024, como Texas, Ohio, Iowa y Alaska. No obstante, esa ventaja es tan pequeña que cae dentro del margen de error. Charles Franklin, destacado encuestador y director de un prestigioso instituto de sondeos en la Universidad de Marquette de Wisconsin, explica que los errores en las encuestas rara vez se distribuyen al azar. «La mayoría de esos Estados en disputa terminan yendo todos en dirección republicana o todos en dirección demócrata», señala Franklin, quien advierte que un mismo sesgo puede decidir varias carreras simultáneamente.

El fenómeno no es nuevo. En las elecciones de medio mandato de 2006 y 2014 las encuestas sobrestimaron a los demócratas; en 2010 y 2018, a los republicanos. En las presidenciales, subestimaron a Barack Obama en 2012 y a Trump en 2016, 2020 y 2024. Según Franklin, esto ocurre porque las contiendas locales están influidas por factores nacionales que actúan como una corriente de aire: «La aprobación presidencial, el estado de la economía, cómo te sientes acerca de la guerra de Irán… esas fuerzas nacionales empujan todas esas contiendas en una dirección».

El impacto de un sesgo en cadena y las proyecciones para el 4 de noviembre

En esta ocasión, las fuerzas nacionales parecen perjudicar al partido de Trump, cuyo índice de popularidad se encuentra en mínimos históricos debido a la inflación, el precio de la gasolina y el desempeño económico. Franklin advierte que este hartazgo podría estar sobrerrepresentado en los sondeos, captando a «demasiados» demócratas «felices de hacer una encuesta y decirte cuánto les disgusta el presidente». Si las encuestas sobrestiman a los demócratas, la ventaja en la Cámara de Representantes podría reducirse a menos de 15 escaños, lo que Franklin calificaría como una noche «decepcionante»; entre 15 y 20 escaños sería «lo plausible»; entre 20 y 25, «bastante bueno»; y un barrido de 30 o más, «una gran noche».

En el Senado, los republicanos parten con ventaja: de los 65 senadores que no se juegan el escaño este año, 31 son suyos, y en caso de empate a 50, decide el vicepresidente J. D. Vance. Varias contiendas competitivas se definen por menos de tres puntos, y un error como el de 2014 o 2020 bastaría para que los republicanos mantengan el control de la Cámara Alta. Si los sondeos subestiman a los demócratas, estos podrían hacerse con el Senado con una ventaja de 52 o 53 escaños. Ambos escenarios, aunque opuestos, son plausibles. La noche del 3 de noviembre y la mañana del 4 revelarán si la «ola azul» se convierte en tsunami o se queda en marejada.