La fiebre por la Fórmula 1 se vive con intensidad en el Autódromo Hermanos Rodríguez, donde miles de aficionados buscan un recuerdo tangible de sus ídolos. En el Gran Premio de México, el coleccionismo de autógrafos y fotografías se ha convertido en un ritual que trasciende las gradas populares y los lujosos palcos del paddock. Humberto Cuevas, un seguidor proveniente de Guadalajara, relata cómo cada año es más difícil obtener una firma de un piloto debido a la creciente afluencia de público y a las medidas de seguridad. “Cada año es más difícil tener un autógrafo de un piloto, en un principio era muy fácil, había menos gente, menos VIPs. Los pilotos se estresan más con tanta gente esperando su salida”, comenta Cuevas mientras observa a su hijo José Humberto, de 13 años, aguardar con una gorra en la mano la salida de Sergio ‘Checo’ Pérez.
El paddock, la zona donde confluyen pilotos, mecánicos y prensa, se ha convertido en el espacio más codiciado por los aficionados. Para acceder a él, es necesario desembolsar al menos 100.000 pesos mexicanos por un día, una cifra que limita el acceso a un sector privilegiado. Sin embargo, la pasión por la Fórmula 1 ha experimentado un auge en México desde la llegada de Checo Pérez a Red Bull en 2021, lo que ha diversificado el público y ha incrementado la demanda de experiencias únicas. La organización del evento ha reforzado la seguridad para proteger a los pilotos, quienes en ocasiones se han visto abrumados por la insistencia de los seguidores. En la edición de 2024, se dispuso personal de seguridad para facilitar el tránsito de las estrellas, y este año se mantiene el operativo.
La pasión por los autógrafos: entre la emoción y la frustración
La búsqueda de un autógrafo puede convertirse en una odisea. Humberto Cuevas relata que, en ocasiones, los pilotos ignoran a los aficionados o muestran signos de estrés ante la multitud. No obstante, también hay gestos que dejan huella. Su hijo logró obtener la firma de Checo Pérez en su gorra, un momento que describió como “se nos hizo el día”. Otros seguidores, como Jeannine Alarcón, de Venezuela, ataviada con un conjunto rojo en honor a Ferrari, espera pacientemente una oportunidad para ver de cerca a Charles Leclerc y Lewis Hamilton. “Si tuviera que coleccionar algo sería una gorra firmada por alguno de ellos o una foto. Eso sería imborrable”, afirma Alarcón, quien ya posee una fotografía con la bandera venezolana junto al circuito. La experiencia de coleccionar un recuerdo no siempre está exenta de contratiempos; un aficionado intentó fotografiar al piloto francés Isack Hadjar de manera insistente y terminó siendo empujado, lo que generó una advertencia de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA).
Para muchos, el mayor trofeo no es la firma de un piloto, sino un instante con una figura mediática. Humberto Cuevas confiesa que su recuerdo más preciado es una selfie con la cantante Belinda, a quien considera “tan linda, educada y amable”. “Iba a ir a la premiación de la carrera, la vi y le pedí la foto. Ella tomó la selfie”, relata con humor. Estas anécdotas reflejan la diversidad de motivaciones que llevan a los aficionados a sumergirse en el ambiente del Gran Premio, donde cada detalle cuenta.
El costo de la experiencia: entre el ahorro y la exclusividad
Mientras algunos optan por pagar altas sumas para acceder al paddock, otros planifican con meses de anticipación para costear las entradas generales. Óscar Ramírez, de 58 años, compra sus boletos desde 2021 utilizando meses sin intereses. Este año asiste con siete familiares, pero cada uno costea su propia entrada. “Nos echamos una cervecita antes de entrar y aquí nos tomamos una o dos solamente. Lo único que compramos aquí es una gorrita y nada más. No hay para una playera o una chamarra”, comenta Ramírez, quien defiende la idea de que la Fórmula 1 es accesible para quienes ahorran. “Todo mundo puede asistir a la Fórmula 1, solo hay que ahorrar. Eso de que solo el 1% de México viene… No, no. Toda la gente puede venir a disfrutar”, sostiene. Los precios de la indumentaria oficial en el circuito triplican los valores de venta en línea; por ejemplo, una gorra de Cadillac puede costar 2.500 pesos en el autódromo frente a 1.300 en internet, y algunas camisetas alcanzan los 4.000 pesos.
A pesar de las diferencias económicas, el ambiente en el Autódromo Hermanos Rodríguez es de celebración. Miles de personas recorren los alrededores del circuito, algunos sin boleto, acercándose al Palacio de los Deportes para escuchar el rugir de los motores. La organización ha bloqueado cualquier rendija que permita ver la pista sin entrada, con rejas y publicidad, pero eso no desanima a los más apasionados. La jornada del domingo promete emociones fuertes, y los aficionados ya sueñan con el recuerdo que se llevarán a casa. Para esta edición, muchos mexicanos esperan presenciar el primer campeonato mundial de Kimi Antonelli, de 20 años, un hito que se sumaría a su colección de momentos inolvidables.
La Fórmula 1 en México es mucho más que una carrera; es una experiencia que combina pasión, sacrificio y la búsqueda de un instante único. Desde la firma en una gorra hasta la selfie con una celebridad, cada recuerdo se convierte en un tesoro personal que cuenta una historia de dedicación y amor por el deporte motor.









