El presidente de la Cámara de Comercio Chileno Argentina, Charles Kimber, hizo un enfático llamado a preservar los vínculos comerciales entre Chile y Argentina y a profundizar la cooperación empresarial en sectores estratégicos como la minería, la energía, la infraestructura y la logística. A través de una carta titulada “Chile y Argentina: cuidar lo construido, proyectar el futuro”, fechada en octubre de 2026, el dirigente gremial advirtió que “las diferencias entre vecinos deben abordarse con claridad, firmeza y respeto”, y que “la sospecha y la descalificación ponen en riesgo vínculos humanos, comerciales e institucionales construidos durante décadas”. La misiva surge en un momento de especial dinamismo para la integración minera bilateral, marcado por la reactivación del Tratado de Integración y Complementación Minera y por una cartera de proyectos en la frontera común que supera los u$s 20.700 millones.
El pronunciamiento de Kimber se produce en un contexto de creciente interdependencia económica. Según datos de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales de Chile (SUBREI), el intercambio comercial bilateral alcanzó alrededor de u$s 7.931 millones en 2025, impulsado por el flujo de petróleo crudo, gas natural, maíz y vehículos comerciales desde Argentina hacia Chile, y de manufacturas, productos agropecuarios y servicios en sentido inverso. A ello se suma una agenda energética que incluye el intercambio de gas natural licuado y electricidad, rubros clave para la seguridad energética de ambos países. En agosto de 2025, una misión comercial argentina trajo a Chile a una veintena de empresas proveedoras de la minería, que participaron en más de 200 reuniones de negocios, evidenciando el interés por estrechar lazos en la cadena de valor minera.
Reactivación del tratado minero y oportunidades por u$s 20.700 millones
La integración minera sumó un nuevo capítulo con la realización de la XIX Reunión Ordinaria de la Comisión Administradora del Tratado de Integración y Complementación Minera entre Chile y Argentina, que tuvo lugar en Buenos Aires con la participación de los subsecretarios chilenos de Minería, Álvaro González, y de Relaciones Exteriores, Patricio Torres. El encuentro apuntó a retomar la cooperación en proyectos ubicados en zonas fronterizas y a ampliar los beneficios de la actividad más allá de la extracción de minerales, incorporando infraestructura compartida, puertos, logística, ingeniería, innovación tecnológica, proveedores y desarrollo regional. En ese marco se destacó la existencia de una cartera de proyectos superior a los u$s 20.700 millones, con potencial para movilizar inversiones, empleo y actividad económica en las regiones vinculadas a la minería. El desafío consiste en traducir ese volumen de iniciativas en contratos, obras y oportunidades concretas para las empresas de ambos lados de la cordillera.
La agenda adquiere particular relevancia ante el avance de los proyectos de cobre en la provincia argentina de San Juan, entre ellos los vinculados al distrito Vicuña, que comprende Josemaría y Filo del Sol. La escala de estos desarrollos y su proximidad con Chile abren posibilidades para aprovechar la experiencia técnica, la infraestructura y los servicios disponibles en ambos países. No obstante, la integración también plantea desafíos en la cadena de proveedores. En San Juan, cámaras empresarias y firmas locales han expresado preocupación por la competencia con compañías chilenas, a las que atribuyen ventajas en algunos costos operativos, como el alquiler de equipos, el transporte, la logística y los servicios técnicos. El debate se concentra en cómo compatibilizar la participación de empresas extranjeras con el desarrollo de proveedores locales, la contratación de mano de obra regional y la generación de capacidades industriales en las provincias donde se ejecutan los proyectos.
Proveedores, competitividad y desarrollo compartido
En su carta, Kimber subrayó que la integración económica se desarrolla a través de las decisiones cotidianas de empresas, trabajadores y emprendedores, más allá de los cambios de contexto político. “Esa integración avanza desde la economía real, impulsada por empresas, trabajadores, emprendedores y comunidades cuyos vínculos trascienden las coyunturas políticas”, afirmó. Asimismo, llamó a proteger lo construido mediante “una diplomacia sobria y eficaz, alejada de la grandilocuencia y los nacionalismos que alimentan desconfianzas y levantan barreras”, y sentenció que “defender los intereses nacionales no exige debilitar la cooperación ni cuestionar la buena fe del otro”. El documento concluye con un llamado a las autoridades, dirigentes y medios de comunicación de ambos países a promover un debate informado y respetuoso sobre el vínculo bilateral. “La confianza cuesta años construirla y puede deteriorarse rápidamente”, advirtió Kimber, para luego agregar: “Honrar ese legado exige complementar capacidades y trabajar juntos para competir mejor en el mundo”.
La propuesta de la Cámara de Comercio Chileno Argentina es preservar los vínculos existentes y ampliar la cooperación económica. En un escenario de grandes inversiones mineras y de oportunidades energéticas, el resultado dependerá de que la integración se traduzca en proyectos concretos, participación de empresas de ambos países y beneficios para las regiones involucradas. La experiencia chilena en minería de gran escala constituye un activo para los proyectos argentinos, mientras que los proveedores locales aportan conocimiento del territorio, relaciones con las comunidades, disponibilidad de mano de obra y familiaridad con los procedimientos provinciales. La posibilidad de combinar esas capacidades es uno de los ejes de la integración que promueven las cámaras empresarias. El llamado de Kimber cobra especial relevancia para regiones como Atacama, donde la minería es un pilar productivo y existen empresas proveedoras con capacidad de exportar servicios y tecnología, así como para la Provincia del Huasco, que cuenta con un ecosistema industrial y logístico vinculado a la actividad minera y portuaria.









