Nunca en las últimas tres décadas las mujeres y las niñas habían padecido con tanta crudeza las consecuencias directas de guerras que no libran, según advierte el más reciente reporte internacional. Durante el año 2025, casi el 20% de la población femenina mundial —lo que equivale a 756,1 millones de personas— vivía a menos de 50 kilómetros de un conflicto armado, una situación alarmante que consolida una preocupante crisis humanitaria global.
Este escenario representa un incremento del 5,6% en comparación con las cifras registradas en 2024, alcanzando de esta manera el nivel más alto documentado desde la década de 1990. La persistencia de hostilidades prolongadas en diversas regiones del planeta destruye sistemáneamente el tejido social y expone a las comunidades más vulnerables a peligros extremos, transformando los territorios en zonas de alta vulnerabilidad estructural.
Impacto directo en la pobreza extrema y desigualdad
El informe titulado Mujeres, paz y seguridad, publicado por ONU Mujeres, expone una correlación directa entre la inestabilidad bélica y la privación socioeconómica. De acuerdo con los datos recopilados por el organismo multilateral, casi el 40% de los 426,4 millones de mujeres y niñas que actualmente sobreviven en condiciones de pobreza extrema residen en países directamente afectados por conflictos armados.
El documento enfatiza que el aumento sostenido de la violencia generalizada, los desplazamientos forzados masivos, el colapso absoluto de los servicios esenciales de salud y educación, sumados a las crisis humanitarias prolongadas, incrementan de manera exponencial los riesgos cotidianos a los que se enfrentan las mujeres, profundizando brechas y desigualdades históricas que tardarán generaciones en repararse.
Desafíos para la comunidad internacional y proyecciones
Ante este panorama desolador, organizaciones de derechos humanos y agencias de cooperación internacional hacen un llamado urgente a los gobiernos y organismos multilaterales para redoblar los esfuerzos diplomáticos y de protección humanitaria. La inclusión activa de las mujeres en los procesos de paz y la asignación prioritaria de recursos para la asistencia en zonas de conflicto se perfilan como medidas indispensables para mitigar esta crisis.
Las proyecciones de los organismos especializados advierten que, de no mediar una intervención estructural que frene la escalada bélica en los principales focos de tensión global, las metas de desarrollo sostenible y equidad de género sufrirán un retroceso histórico irreversible, afectando de forma directa la estabilidad y los derechos fundamentales de millones de personas en todo el planeta.
















