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El fenómeno de El Niño podría extenderse hasta el comienzo del otoño y generar olas de calor durante el verano, según advirtió el doctor en Ciencias Atmosféricas y Meteorología e investigador de la Universidad de Magallanes, Jorge Castro. En entrevista con el programa Desde la Redacción de La Tercera, el especialista analizó las intensas precipitaciones que han afectado a la zona central del país, particularmente a la Región Metropolitana, y proyectó que las anomalías de temperatura del océano Pacífico alcanzarían valores excepcionalmente elevados, entre 3 y 3,5 grados Celsius sobre lo normal, durante noviembre y diciembre.
Las lluvias registradas en las últimas semanas han generado preocupación en la población y en las autoridades, debido a la intensidad de los sistemas meteorológicos y a los efectos que podrían tener en infraestructura, viviendas y actividades productivas. El mes de octubre fue calificado por Castro como “anómalo”, ya que, si bien con El Niño presente la primavera suele ser más lluviosa que lo normal, en esta ocasión las precipitaciones superaron los rangos habituales. El investigador explicó que estos eventos están asociados a condiciones atmosféricas más cálidas y húmedas de lo habitual, favorecidas por las elevadas temperaturas de la superficie del océano Pacífico, lo que genera mayor evaporación y disponibilidad de humedad en la atmósfera, actuando como combustible para que los sistemas meteorológicos lleguen a la zona central con mayor inestabilidad e intensidad.
El Niño y su influencia en las lluvias: análisis del experto
Respecto de las lluvias registradas durante las últimas dos semanas, Castro explicó que ambos episodios presentaron características similares, aunque con diferencias importantes en los sectores donde se concentraron las precipitaciones. “Lo que pasó ayer no es tan distinto a lo que pasó el martes 13”, afirmó, agregando que una de las principales dificultades de estos fenómenos radica en determinar exactamente dónde se desarrollarán las precipitaciones más intensas. En ese sentido, detalló que, a diferencia del episodio anterior que afectó a sectores precordilleranos de Las Condes, las lluvias más intensas del último sistema se habrían concentrado principalmente en el valle, lo que pudo contribuir a evitar consecuencias similares.
Durante la entrevista, el investigador también abordó la evolución del fenómeno de El Niño, explicando que funciona como un escenario climático de fondo que puede intensificar los eventos meteorológicos que se desarrollan a escalas de tiempo más cortas. De acuerdo con Castro, las anomalías de temperatura del océano Pacífico estarían alcanzando valores excepcionalmente elevados, con proyecciones que podrían situarse entre los 3 y 3,5 grados Celsius durante noviembre y diciembre. “En general, estaríamos con El Niño prácticamente hasta el comienzo del otoño”, indicó, aunque advirtió que las proyecciones pierden precisión a medida que aumenta el plazo considerado. El especialista también vinculó estas condiciones con el cambio climático. “En un planeta más cálido, como se predice hacia mediados y fines de siglo, probablemente este tipo de fenómenos van a ser quizás más normales”, sostuvo.
Proyecciones para el verano: olas de calor y lluvias menos frecuentes
Respecto de lo que resta del año, Castro explicó que todavía existen condiciones para que se registren nuevos eventos de precipitación en la zona central, aunque estos podrían disminuir progresivamente en frecuencia e intensidad debido al desplazamiento estacional de los sistemas frontales hacia el sur. Sin embargo, advirtió que “en verano sí es muy probable que por la presencia de El Niño se den situaciones de olas de calor, que sería ya el objetivo de impacto que nos afectaría durante el verano”. Pese a este escenario, el investigador aclaró que las altas temperaturas no necesariamente implican un incremento automático de los incendios forestales, debido a que existen otros factores que influyen en su propagación.
Las proyecciones de Castro tienen implicancias directas para la gestión de riesgos en Chile. Un verano con olas de calor más intensas y frecuentes podría aumentar la demanda de energía eléctrica, afectar la salud de la población más vulnerable y generar condiciones propicias para eventos extremos, aunque el especialista insistió en que la relación con los incendios forestales no es automática. Asimismo, la persistencia de El Niño hasta el otoño podría mantener la variabilidad climática en la zona central, con episodios de lluvia menos frecuentes pero potencialmente intensos. El llamado de atención del experto apunta a que las autoridades y la comunidad estén preparadas para un escenario de temperaturas extremas y a que se consideren los efectos del cambio climático en la planificación de largo plazo.
















