Puedes cambiar la voz (gratis). Primero lee el título y luego la noticia.
Una nueva oleada de drogas sintéticas caseras se propaga por Estados Unidos y agrava la crisis del fentanilo, según un reportaje de BBC Mundo que recoge testimonios en Columbus, Ohio. En un callejón del barrio de Linden, Mike, un veterano del ejército de 48 años, calienta unos granos de fentanilo sobre papel de aluminio y los inhala con una pajita. La dosis le costó tres o cuatro dólares. «Esta droga prácticamente te hará hacer cualquier cosa, por desgracia», comenta. «Si inhalas demasiado, no hay vuelta atrás. Es como un disparo. No puedes hacer retroceder la bala», advierte mientras se aferra a una cerca, tambaleándose.
El fentanilo, completamente sintético, es entre 50 y 100 veces más potente que la heroína, que se obtiene de la amapola. Actualmente suele mezclarse con tranquilizantes también sintéticos, lo que dificulta la reanimación de las víctimas de sobredosis. Se trata de una amenaza casera, ya que se pueden fabricar cócteles de estas sustancias en sótanos y bañeras de Estados Unidos. El equipo de la BBC lleva naloxona (Narcan) en sus bolsillos por si algún miembro entra en contacto con fentanilo o si alguien cercano sufre una sobredosis. Este aerosol nasal revierte de inmediato las sobredosis de opioides y su uso generalizado ha transformado el número de muertes por esta causa.
El avance del fentanilo y los tranquilizantes sintéticos en Estados Unidos
En su punto máximo en 2022, 110.000 estadounidenses morían por sobredosis, principalmente de opioides. Desde entonces, la cifra ha ido disminuyendo hasta llegar a unos 70.000 el año pasado. Sin embargo, eso no significa que la crisis de los opioides haya terminado. Es probable que la naloxona que lleva el equipo periodístico no hubiera funcionado en Mike, porque él no solo fumaba fentanilo. La combinación con tranquilizantes sintéticos, conocidos como benzodiacepinas de diseño, hace que las víctimas no respondan al antídoto convencional, aumentando el riesgo de muerte.
El reportaje de la BBC recoge testimonios de consumidores, traficantes, personal penitenciario y trabajadores de centros de rehabilitación, mientras el país lucha contra una nueva y mortal epidemia de drogas. La historia, que contiene descripciones de consumo desde el principio y referencias al suicidio, retrata la crudeza de una adicción que Mike padece desde hace 20 años y que financia trabajando en una casa de empeños y una gasolinera locales. Todo el mundo en el barrio parece conocerlo y le tiene mucho cariño, pero su dependencia lo mantiene atrapado en un ciclo de consumo de bajo costo y alto riesgo.
Impacto en la salud pública y desafíos para las comunidades
La crisis del fentanilo no es un fenómeno aislado de Ohio; se extiende por todo el país y ha obligado a las autoridades sanitarias a redoblar esfuerzos en la distribución de naloxona y en la capacitación de primeros respondedores. No obstante, la irrupción de tranquilizantes sintéticos mezclados con opioides complica la respuesta, ya que los síntomas de sobredosis se vuelven más prolongados y requieren dosis adicionales del antídoto o atención médica inmediata. Los centros de rehabilitación reportan un aumento de pacientes con cuadros más graves y recaídas frecuentes.
El descenso de muertes desde 2022 es una señal alentadora, pero los expertos advierten que la cifra de 70.000 fallecidos anuales sigue siendo inaceptablemente alta. La fabricación casera de estas sustancias, en sótanos y bañeras, representa un desafío para las autoridades, pues dificulta el control de la cadena de suministro y la identificación de los compuestos exactos. La historia de Mike, que se tambalea tras inhalar la droga en un callejón de Columbus, es un recordatorio de que la epidemia de opioides continúa cobrando vidas y requiere una respuesta integral que combine salud pública, aplicación de la ley y reducción de daños.
















