Las elecciones parlamentarias celebradas este martes en Israel han derivado en un punto muerto político, luego de que ni la coalición del primer ministro en funciones, Benjamín Netanyahu, ni el bloque de su principal rival, Gadi Eisenkot, lograran la mayoría absoluta necesaria para formar gobierno. Con el 85% de los votos escrutados, los resultados preliminares confirman que ninguno de los dos bloques alcanza los 61 escaños requeridos en la Knéset, el parlamento israelí, lo que augura un complejo proceso de negociaciones y, posiblemente, una nueva cita electoral.
El escenario de bloqueo institucional no es nuevo en Israel, país que ha celebrado varias elecciones anticipadas en los últimos años debido a la fragmentación del sistema político y a la dificultad de construir coaliciones estables. En esta ocasión, la campaña estuvo marcada por la polarización en torno a la figura de Netanyahu, quien enfrenta cuestionamientos judiciales y ha sido objeto de fuertes críticas por parte de sus adversarios. Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y figura emergente en la política israelí, se presentó como la alternativa para poner fin a la era Netanyahu, pero los números preliminares no le otorgan la ventaja suficiente para articular una mayoría alternativa.
Los cuatro escenarios posibles ante el bloqueo electoral en Israel
Ante este panorama, se abren al menos cuatro escenarios. El primero es un gobierno de unidad nacional entre Likud y Yashar, el partido de Eisenkot. Para ello, Eisenkot tendría que abandonar su principal promesa de campaña, que era sacar a Netanyahu del poder. La misma noche de las elecciones, Eisenkot subió al escenario de su sede de campaña y le pidió a Netanyahu que «anunciara hoy su retirada de la vida política», diciéndole a la multitud que los israelíes están hartos de la «cultura de mentiras», la «división y la incitación» de Netanyahu. Sin embargo, esas declaraciones ocurrieron antes de que se conocieran los resultados de una de las principales encuestas a pie de urna, que inicialmente había proyectado una ventaja para el bloque de Eisenkot, pero luego reveló que Netanyahu lo había superado.
El segundo escenario es que Netanyahu logre persuadir al partido Yashar para que se una a su gobierno, abandonando así a los partidos de extrema derecha y ultraortodoxos con los que actualmente forma coalición. Pero anoche, en la sede del Likud, el primer ministro agradeció a sus «socios leales» y pidió un «gobierno de derecha fuerte», declaraciones que algunos interpretaron como una señal de que pretende preservar su alianza con ellos. Un factor que podría aumentar las probabilidades de un gobierno de unidad nacional es la reanudación del conflicto con Irán, lo que ejercería una fuerte presión sobre los líderes de los partidos para que dejen de lado sus diferencias políticas y colaboren. En los días previos a las elecciones, medios israelíes y estadounidenses informaron que Netanyahu estaba impulsando nuevos ataques contra el país y que había presionado a Donald Trump para que aprobara la intervención estadounidense. Sin duda, los críticos de Netanyahu lo interpretarían como un intento de salvar su pellejo político al involucrarse en otro conflicto regional.
El tercer escenario es la formación de un gobierno liderado por Eisenkot con el apoyo de partidos árabes independientes. Esta alternativa supondría un cambio radical para la política israelí, ya que solo un partido árabe independiente ha pertenecido formalmente a una coalición, en 2021, y no duró mucho. Eisenkot y todos los demás partidos judíos de su bloque, salvo uno, ya han descartado formar gobierno con ellos. Pero ahora mismo, es la única vía que tiene la oposición para conseguir la mayoría. El cuarto escenario, y el más probable según los analistas, es la convocatoria de nuevas elecciones, lo que prolongaría la incertidumbre política y la parálisis institucional en un contexto regional especialmente tenso.
Impacto y proyecciones: incertidumbre política y presión internacional
El bloqueo electoral en Israel no solo afecta la gobernabilidad interna, sino que también tiene implicancias para la estabilidad de Medio Oriente. La comunidad internacional observa con atención el desenlace, especialmente en un momento de tensiones con Irán y de reconfiguración de alianzas regionales. La posibilidad de un gobierno de unidad nacional o de una nueva elección dependerá de las negociaciones que se avecinan en las próximas semanas, en las que Netanyahu y Eisenkot deberán decidir si priorizan sus intereses partidistas o la estabilidad del país.
Mientras tanto, los ciudadanos israelíes aguardan con expectación los resultados definitivos y el futuro de su clase política. La fragmentación del sistema electoral y la polarización en torno a Netanyahu han llevado a Israel a una suerte de laberinto político que, por ahora, no parece tener una salida clara. Las próximas semanas serán decisivas para determinar si el país se encamina a un gobierno de coalición inédito o a una nueva cita con las urnas.









