El panorama farmacéutico mundial ha experimentado una transformación sin precedentes con la llegada de los fármacos para adelgazar, los cuales ya son utilizados entre 15 y 20 millones de personas en el mundo. Sin embargo, la historia de estos tratamientos está llena de propuestas que no lograron consolidarse: el rimonabant fue retirado por efectos psiquiátricos, la sibutramina por sus riesgos cardiovasculares y el dinitrofenol podía causar hipertermia fatal. En este contexto, la carrera por superar los agonistas del GLP-1 como la semaglutida y la tirzepatida está desempolvando esas ideas primigenias que en su momento no tuvieron éxito.
Estos fármacos representan un antes y un después en la historia de la obesidad y la diabetes, pero su éxito plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del tratamiento y la necesidad de alternativas más eficientes. La semaglutida, comercializada como Ozempic y Wegovy, y la tirzepatida, comercializada como Mounjaro, se han convertido en referencias globales en el manejo del peso y el control glucémico. Sin embargo, la limitación principal de estos agentes es el efecto rebote: al retirarlos, muchos pacientes recobran el peso perdido y, en algunos casos, incluso más.
El regreso a terapias descartadas: ¿qué hay detrás de estas alternativas?
Investigadores y empresas farmacéuticas están reexaminando fármacos que en su momento fueron descartados por distintas razones. El rimonabant, un antagonista del receptor de cannabinoides, fue retirado del mercado debido a efectos psiquiátricos graves, incluyendo ansiedad, depresión y pensamientos suicidas. La sibutramina, un inhibidor de la recaptación de serotonina norepinefrina y dopamine, fue retirada por incrementar el riesgo de eventos cardiovasculares. Y el dinitrofenol, una sustancia que hacía arder la grasa desde la década de 1930, podía provocar una hipertermia peligrosa que podía llegar a matar.
Ahora, con el auge de los GLP-1 agonistas, investigadores están explorando nuevas vías que buscan perder menos músculo, evitar el efecto rebote y ofrecer resultados más duraderos. Estas propuestas incluyen la modulación de otros receptores, la inhibición de la lipólisis o la optimización de la dosis y formulación de los agonistas existentes. El objetivo es superar las barreras que han obstaculizado el desarrollo de terapias antiguas: la seguridad cardiovascular, la ausencia de efectos secundarios psicológicos y la eficacia en la reducción de masa muscular.
El impacto en la salud pública y la necesidad de alternativas sostenibles
El uso masivo de estos fármacos tiene implicancias directas para la salud pública en Chile y en el mundo. Mientras millones de personas reciben tratamiento, también existe un grupo significativo de pacientes que no pueden continuar con el esquema debido a la escasez de suministros, el alto costo o la interacción con otros medicamentos. Esta dinámica genera un debate sobre la accesibilidad y la equidad en el acceso a la atención sanitaria. En Chile, el Ministerio de Salud y los servicios de salud pública deben considerar la cobertura de estos fármacos como una prioridad, especialmente en el contexto de la diabetes y la obesidad que afectan a millones de chilenos.
Además, la industria farmacéutica está inmersa en una carrera tecnológica que podría transformar el panorama terapéutico de manera significativa. Nuevos fármacos que combinan la acción del GLP-1 con otros mecanismos de acción prometen resultados superiores y menores tasas de rebote. Esta evolución no solo beneficiará a los pacientes actuales que se encuentran en tratamiento, sino que abrirá перспективы para poblaciones que históricamente han tenido pocas opciones terapéuticas efectivas. El desafío pendiente es asegurar que el avance científico se traduzca en acceso equitativo y seguro para toda la población, evitando que el éxito de unos pocos genere desigualdades sanitarias.









