La controversia en torno al paso de naves comerciales por aguas australes ha encendido las alertas en el ámbito diplomático y de defensa nacional, luego de que el almirante en retiro y excomandante en jefe de la Armada, Jorge Arancibia, advirtiera que escoltar al Danstar hacia las islas Malvinas podría derivar en una escalada de consecuencias muy críticas para las relaciones entre Chile y Argentina. La tensión geopolítica surgió a raíz de la proyección de una ruta marítima comercial operada por Easter Island Logistics, cuyo viaje inaugural entre Punta Arenas y Puerto Stanley está programado para fines de noviembre o principios de diciembre, transportando suministros básicos y alimentos para el archipiélago.
El trasfondo de este diferendo se remonta a la reivindicación histórica que Argentina mantiene sobre las islas Malvinas y a la promulgación de un decreto transandino en 2010 que exige autorización previa a cualquier embarcación que transite hacia el territorio insular. Desde la perspectiva chilena, tales restricciones normativas internas entran en abierta colisión con el principio de libre navegación garantizado por el Tratado de Paz y Amistad de 1984. Ante trascendidos sobre una posible interceptación del buque por parte de unidades argentinas, se barajó en el debate público la alternativa de que la Armada de Chile proveyera una escolta naval de protección, escenario que ha motivado profundas reflexiones en el alto mando en retiro y en el mundo político nacional.
Llamado a la diplomacia y revisión de decretos
Consultado sobre el manejo de esta compleja situación, el excomamdante Arancibia enfatizó que la prioridad absoluta de los gobiernos de Chile y Argentina debe ser analizar el asunto de forma responsable y proceder a la derogación de los decretos unilaterales que se encuentran por debajo del tratado internacional firmado en 1984. A su juicio, resulta indispensable aclarar el panorama normativo a la brevedad posible para evitar sorpresas o interpretaciones particulares que terminen por dañar la confianza mutua y la estabilidad en el cono sur americano, priorizando los canales diplomáticos bilaterales por sobre cualquier demostración de fuerza en el mar.
Respecto al rol que le cabría a la institución naval ante una eventual acción de fuerzas extranjeras, la autoridad en retiro aclaró con firmeza que la respuesta no recae en una iniciativa autónoma de la Armada de Chile, sino en las directrices emanadas directamente desde el Poder Ejecutivo. En este sentido, Arancibia descartó tajantemente la necesidad de desplegar una escolta militar para la nave comercial, argumentando que dicha medida constituiría una sobredimensión innecesaria que contraviene los tratados vigentes y que expone innecesariamente a ambas naciones a un incidente de imprevisibles repercusiones estratégicas.
Consecuencias y proyecciones bilaterales
El debate sobre la operatividad de la ruta comercial y la soberanía en la navegación internacional continúa generando intensas deliberaciones entre especialistas en derecho internacional y defensa. Las autoridades de ambos países enfrentan el desafío de conciliar la libertad comercial marítima con los intereses geopolíticos en la zona austral, en un momento donde la prudencia y el entendimiento mutuo son considerados pilares fundamentales para resguardar la paz regional. Se espera que durante las próximas semanas se intensifiquen los contactos diplomáticos a nivel ministerial para destrabar el conflicto antes del zarpe oficial del buque desde la Región de Magallanes.









