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Así fue el rescate de los 33 mineros de San José: la cápsula Fénix 2 y el pozo que hizo historia

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El rescate de los 33 mineros de San José culminó el 13 de octubre de 2010, cuando los trabajadores atrapados a 622 metros de profundidad salieron a la superficie uno por uno dentro de la cápsula de acero Fénix 2, izada por un pozo perforado desde el exterior. La operación, que se extendió por 69 días desde el derrumbe ocurrido el 5 de agosto, combinó tres rutas de perforación, un diseño especialmente adaptado para atravesar un ducto angosto y una coordinación que involucró a Codelco, la Armada, equipos de salud, empresas privadas y especialistas de la NASA. El primer minero emergió a las 00:11 y el último, el jefe de turno Luis Urzúa, lo hizo a las 21:55, cerrando una de las faenas de rescate más complejas que se recuerden en la minería chilena.

El derrumbe en la mina San José, ubicada en la comuna de Copiapó, Región de Atacama, dejó a los 33 trabajadores incomunicados. Diecisiete días después, una sonda confirmó que seguían vivos, lo que dio inicio a una carrera contra el tiempo para mantenerlos con vida y planificar su extracción. El acceso directo por las galerías existentes se descartó debido a la inestabilidad del terreno y a un gran bloque de roca que obstruía la ruta. La perforación desde la superficie se convirtió entonces en la única alternativa viable, y también permitió mantener contacto y enviar agua, alimentos, medicamentos y otros suministros mediante pequeñas cápsulas conocidas como “palomas”.

Los tres planes de perforación y el rol de Codelco

Codelco, la estatal minera, registró tres planes de perforación que se ejecutaron en paralelo para mantener más de una opción de acceso. El Plan A utilizó una perforadora Strata 950 tipo raise borer, diseñada para abrir chimeneas en minería subterránea; el Plan B empleó una T-130; y el Plan C una perforadora petrolera RIG-421. Cada equipo enfrentó las condiciones del macizo rocoso, y la roca y la configuración del rescate condicionaron el método y el ritmo de avance. La raise borer del Plan A requería un tiro piloto y luego un escariador, pero al no existir acceso subterráneo para instalar esa herramienta, el procedimiento debió adaptarse a una perforación desde la superficie.

Finalmente, fue el Plan B el que permitió evacuar a los trabajadores. Su perforación aprovechó un sondaje anterior y lo amplió hasta formar un ducto por el que pudiera pasar la cápsula. La elección no era la más sencilla por la inclinación y las curvaturas del recorrido, pero ese mismo pozo había servido para establecer contacto con los mineros. Una vez terminado el ducto, la perforadora fue retirada y se montó en superficie la plataforma de izamiento. Según el reporte de sustentabilidad de Codelco de 2010, esta secuencia fue clave para el éxito de la operación.

La Fénix 2: ingeniería chilena para un rescate histórico

La cápsula Fénix 2 se construyó en los astilleros de ASMAR a partir del diseño conceptual y básico del ingeniero mecánico Alejandro Poblete, ex trabajador de El Teniente. El desafío era fabricar una jaula que pudiera desplazarse por el ducto sin quedar trabada y que permitiera sujetar y comunicar al pasajero durante el trayecto. Medía cerca de 4 metros de altura y unos 53 centímetros de diámetro; subía mediante un cable de 24 milímetros e incorporaba ruedas para reducir los golpes contra las paredes, un arnés y un sistema de micrófono y altavoces para mantener comunicación con el exterior. La NASA participó como asesora, no como fabricante: a petición del Gobierno chileno, un equipo de la agencia llegó al sitio entre el 30 de agosto y el 5 de septiembre de 2010, y sus recomendaciones abarcaron atención médica, nutrición y apoyo psicológico, además del diseño del sistema de rescate. El Centro de Ingeniería y Seguridad de la NASA documentó que su equipo preparó en tres días más de 50 requisitos de diseño; la cápsula, el izaje, las comunicaciones y el equipo de protección quedaron bajo responsabilidad chilena, y el sistema fue construido por la Armada.

Antes de iniciar el ascenso, los equipos probaron la Fénix 2 para medir el tiempo de viaje y revisar su funcionamiento. La operación reunió a especialistas de Codelco y de compañías mineras privadas, submarinistas de la Armada y personal sanitario que preparó la recepción en superficie. Cada trabajador debía salir de la cápsula, pasar por una evaluación inicial y ser trasladado a un hospital de campaña antes de continuar al Hospital de Copiapó. La cápsula no eliminó los riesgos del trayecto: el diseño, las pruebas, la comunicación durante el viaje y la preparación de los equipos de extracción fueron parte del sistema que permitió usar el pozo para sacar a los 33.

Impacto y lecciones de un rescate que marcó un antes y un después

El rescate de los 33 mineros de San José no solo devolvió con vida a los trabajadores, sino que también puso en evidencia la necesidad de fortalecer las normas de seguridad en la minería chilena. La operación demostró la capacidad de coordinación entre el Estado, las empresas privadas y organismos internacionales, y se convirtió en un hito que trascendió las fronteras. Para la Región de Atacama, y en particular para la Provincia del Huasco, donde la actividad minera es un pilar fundamental, el episodio dejó enseñanzas sobre la importancia de la prevención y la preparación ante emergencias. A más de una década de los hechos, la Fénix 2 y el pozo que permitió el rescate siguen siendo recordados como símbolos de resiliencia y de ingenio chileno.