Las abuelas Lillian Droniak, de 96 años, Viv Truran, de 82, y Barbara Costello se convirtieron en figuras de internet en sus últimos años, demostrando que la edad no es un obstáculo para el éxito digital. Con 15 millones de seguidores en TikTok, Droniak se hizo viral en junio al denunciar que una residencia de ancianos la amenazó con desalojarla por organizar fiestas. La residencia confirmó la amenaza y llegó a un acuerdo con ella para seguir celebrando eventos sin suministrar bebidas alcohólicas.
Esta abuela de Connecticut, Estados Unidos, ha convertido su personalidad en un negocio lucrativo, cubriendo los gastos de su residencia de ancianos, que ascienden a US$12.000 al mes, gracias a colaboraciones con marcas de alimentos y belleza. Su nieto comenzó a ayudarla a publicar videos en 2020, inicialmente por aburrimiento, y ella cree que su atractivo radica en mostrar a los jóvenes que la vida no se detiene al envejecer. «Siempre supe que tenía lo necesario para ser famosa, solo que no pensé que sucedería a mis 90 años», declaró Droniak.
Del otro lado del Atlántico, una abuela de Reino Unido demuestra que el envejecimiento puede ser un motor de creación
Al otro lado del Atlántico, Viv Truran, de 82 años y oriunda de Cardiff, en el suroeste de Reino Unido, comenzó a publicar en Instagram después de perder a su esposo y cuando su vecina le sugirió grabar sus coloridos atuendos. Ahora graba dos videos al día desde su habitación, convertida en estudio personal, mostrando su ropa, 22 pares de gafas y dos cajones llenos de bufandas. «Me levanto por la mañana y no bajo hasta que no he grabado mi video matutino; soy muy estricta con eso», afirmó Truran. Además, lleva un cuaderno donde registra sus seguidores y las visualizaciones, y ya transita por el quinto volumen.
Estas abuelas representan un fenómeno social global que va más allá de la simple viralidad: son un reflejo de cómo las generaciones más jóvenes encuentran en las figuras de los mayores una fuente de conexión, entretenimiento y, en muchos casos, una nueva oportunidad laboral. El fenómeno no se limita a Estados Unidos o Reino Unido; mujeres de todas partes del mundo han encontrado en las redes sociales una plataforma para reinventarse y, en algunos casos, convertir su envejecimiento en un negocio rentable. Desde la moda y la gastronomía hasta las citas y las tareas del hogar, estas figuras han demostrado que el atractivo de los adultos mayores va mucho más allá de lo convencional.
El impacto económico y social de las abuelas digitales: un nuevo modelo de longevidad activa
El impacto económico de figuras como Droniak va além de la mera gratificación personal: el dinero recaudado con las colaboraciones patrocinadas se destina directamente a cubrir los gastos de sus hogares de cuidado, incluyendo la manutención y las atenciones médicas, y también se invierte en un fondo universitario para sus bisnietos. Esta doble función —alivio financiero para instituciones de cuidado y apoyo educativo para las generaciones más jóvenes— redefine el concepto de envejecimiento activo en la era digital. Además, las abuelas han creado comunidades virtuales que van desde followers lo suficientemente jóvenes como para ser nietos hasta audiencias全球izadas que valoran la autenticidad y el humor de sus protagonistas.
Para las familias y las instituciones de cuidado en Chile y en el resto del mundo, este fenómeno plantea interrogantes sobre el papel de las redes sociales en la gestión de hogares de ancianos y en la dignidad de las personas mayores. Las residencias de cuidado, que en muchos casos operan con presupuestos ajustados, podrían considerar modelos de colaboración con figuras digitales que permitan no solo cubrir gastos, sino también fomentar la autoestima y la participación de sus residentes. En este contexto, la abuela Droniak no solo ganó 15 millones de seguidores, sino que también dejó un precedente: el envejecimiento puede ser una etapa de creatividad, expresión y economía, siempre y cuando se le brinden las herramientas y los espacios adecuados.









