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Xi Jinping ejecuta la mayor purga interna de su gobierno y exige disciplina al Partido Comunista de China

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El presidente de China, Xi Jinping, concretó la mayor purga interna de su gobierno al cierre del quinto pleno del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh), instancia que expulsó a un número récord de 33 miembros y dejó en evidencia una asistencia inusualmente baja: solo 279 participantes, la cifra más reducida en los 14 años de liderazgo de Xi. La reunión, realizada a puerta cerrada durante cuatro días en un hotel de Pekín, culminó este jueves con un comunicado oficial que confirmó las destituciones por «graves infracciones disciplinarias y legales», sin especificar los cargos concretos. La purga, la mayor registrada en un pleno desde que el mandatario asumió en 2012, incluye a 16 miembros del ejército y a altos dirigentes como el exjefe del partido en Xinjiang, Ma Xingrui, y los exgenerales Zhang Youxia y Liu Zhenli.

La caída en la asistencia refleja un vaciamiento progresivo del órgano dirigente: mientras el cuarto pleno de octubre de 2025 contó con 315 miembros y el tercero de julio de 2024 reunió a 364, el actual cónclave reunió a 279, por debajo de los más de 370 con que inició sus funciones el Comité Central en 2022. Este descenso sostenido coincide con una campaña anticorrupción que Xi ha convertido en un pilar central de su gobierno desde 2012, cuando la calificó como la «mayor amenaza» para el partido. Las expulsiones acumuladas durante su tercer mandato suman ya 51, frente a las 35 y 5 de sus dos períodos anteriores, lo que configura un récord histórico de removidos en el máximo órgano de dirección política china.

La purga récord y el endurecimiento de la disciplina partidaria

El comunicado oficial del partido justificó las expulsiones señalando que la organización «afrontó de frente la cruda realidad de que el liderazgo del partido se había debilitado o vaciado en ocasiones» y que continuará «imponiendo una estricta autodisciplina en el partido, incluso volviendo el cuchillo contra sí mismo para… frenar el desorden». La redacción, de tono autocrítico, contrasta con la magnitud de las destituciones y con la opacidad sobre las acusaciones concretas, un patrón que se ha repetido en las purgas anteriores. Según el principal organismo de control anticorrupción de China, 680.000 personas en todo el aparato partidario han sido sancionadas en los primeros nueve meses de este año, lo que da cuenta de la escala del operativo disciplinario.

Para el investigador Chong Ja Ian, de Carnegie China, con sede en Singapur, la campaña anticorrupción se ha transformado en «un esfuerzo por consolidar y mantener la autoridad» más que en una persecución de delitos concretos. «La campaña continuará y se expandirá dependiendo de qué tan seguro se sienta Xi, más que de cualquier problema real de corrupción», sostuvo el analista. En esa línea, Xi advirtió en enero sobre los «cuadros hipócritas» que profesan lealtad política pero desobedecen órdenes y actúan según su propio interés, lo que sugiere que la purga también apunta a la disciplina ideológica y a la deslealtad interna, no solo al soborno o la malversación.

Impacto en el ejército y proyecciones del control político

La presencia de 16 militares entre los 33 expulsados constituye una señal particularmente sensible para el régimen, pues afecta a la cúpula de las Fuerzas Armadas en un contexto de creciente tensión geopolítica. Los exgenerales Zhang Youxia y Liu Zhenli, junto con Ma Xingrui, exresponsable del partido en la conflictiva región de Xinjiang, figuran entre los nombres de mayor peso removidos. Los comunicados oficiales que anunciaron sus destituciones aludieron a «violaciones graves de la disciplina y las normas» del partido, un eufemismo habitual para referirse a la corrupción, aunque sin precisar las conductas imputadas. La falta de transparencia sobre los cargos ha sido una constante en el modus operandi de Xi, lo que dificulta distinguir entre la persecución de delitos y el ajuste de cuentas político.

El quinto pleno de este año se diferencia de las reuniones recientes, que estuvieron centradas en reformas económicas y cuestiones sociales y de desarrollo. En esta ocasión, la disciplina partidaria ocupó el centro de la agenda, lo que los analistas interpretan como una prioridad del liderazgo por asegurar la cohesión interna antes de eventuales desafíos económicos o sociales. La purga récord y la baja asistencia al pleno podrían tener efectos en la gobernabilidad del país asiático, aunque el hermetismo del sistema político chino impide anticipar consecuencias inmediatas. Para la comunidad internacional, especialmente para socios comerciales como Chile —cuyas exportaciones de cobre dependen en gran medida del mercado chino—, la consolidación del poder de Xi y la estabilidad interna del PCCh son factores relevantes en el mediano plazo.

Con esta nueva ola de expulsiones, Xi Jinping reafirma su estrategia de control interno y envía una señal inequívoca a la dirigencia del partido: la lealtad y la disciplina son condiciones indispensables para permanecer en el poder. El número total de miembros destituidos en su tercer mandato asciende a 51, una cifra que supera ampliamente los registros anteriores y que, según los especialistas, seguirá creciendo en la medida en que el líder chino considere necesario reforzar su autoridad. El pleno concluyó sin anuncios económicos de relevancia, lo que sugiere que la prioridad inmediata del régimen es la cohesión política interna por sobre las reformas estructurales.