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Odontofobia: El miedo extremo al dentista afectaría a 8,6% de los chilenos

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Manos sudorosas, taquicardia y una nueva excusa para cancelar la hora. Para algunas personas, ir al dentista es una situación que evitan a toda costa. Se llama odontofobia y, según distintos estudios, afecta a entre 3,3% y 5% de la población mundial. En Chile la cifra alcanzaría 8,6%, aunque la Dra. Carolina Valenzuela, odontopediatra y académica de la Facultad de Odontología UNAB considera que podría ser incluso mayor.

La Organización Mundial de la Salud incluye las fobias dentro de los trastornos de ansiedad: un miedo intenso y desproporcionado frente a un objeto o situación concreta. La diferencia con el temor habitual es práctica. “La fobia limita la vida de quien la padece, lleva a evitar aquello que provoca el miedo y, en los casos más severos, puede impedir por completo una actividad, como recibir atención odontológica”, explica la académica.

La odontofobia no suele tener una sola causa. Entre los factores más frecuentes, relata la odontóloga, están las experiencias dentales traumáticas previas y los temores aprendidos de familiares y amigos. También pueden influir la predisposición individual a la ansiedad, en muchos casos asociada a un trastorno de ansiedad generalizada, y ciertas características personales.

Un círculo difícil de romper

Quien teme al dentista deja de ir, y sin atención oportuna aumenta el riesgo de caries, enfermedad periodontal, halitosis y otros problemas de salud bucal. Según la especialista, la mayoría consulta cuando ya no hay opción, con dolor extremo o infección. El tratamiento suele ser radical y muchas veces implica perder piezas dentales.

Ahí está el problema de fondo, subraya Valenzuela, “esa urgencia, vivida con mucho dolor, se transforma en una nueva experiencia traumática que valida el miedo original. El deterioro, además, trasciende la boca y puede afectar el desempeño social y las opciones de empleo, y finalmente empeora la salud mental de la persona”.

Qué hace el odontólogo

Valenzuela explica que existen instrumentos para medir el nivel de ansiedad dental, y según el resultado y la complejidad del tratamiento se define el manejo de cada paciente. En los casos de fobia severa se requiere el trabajo conjunto con un psicólogo o psiquiatra, quienes pueden entregar herramientas farmacológicas o conductuales para que el paciente llegue a ser atendido por un odontólogo.

En casos menos severos, y con tratamientos poco invasivos, es posible avanzar de forma gradual si el odontólogo explica y muestra lo que hará con lenguaje cercano, usa técnicas de distracción y respeta los tiempos del paciente. “Muchas veces el simple hecho de que el paciente se sienta comprendido y visto genera un gran cambio en su conducta. No resolverá el problema, pero es un buen inicio”, afirma la especialista.

Cuando la urgencia no admite espera, la alternativa muchas veces es la atención bajo anestesia general o algún grado de sedación, desde mínima a profunda según cada caso. Resuelve el problema puntual, pero no la fobia. «Lo que ha mostrado beneficios sostenidos en el tiempo es la terapia cognitivo conductual, porque trata el problema principal y entrega herramientas para que el propio paciente maneje su ansiedad», añade.

Cómo volver a la consulta

La primera recomendación es no esperar a sentir dolor o tener una infección. «Consultar a tiempo permite acceder a tratamientos menos invasivos y, muchas veces, llevarlos a cabo con manejo conductual por parte del odontólogo», subraya la docente UNAB.

Hoy más dentistas se han formado en manejo de la ansiedad dental, una preparación que antes se asociaba principalmente a la odontopediatría. En Chile es cada vez más común encontrar clínicas con equipos transdisciplinarios especializados en atender a personas con fobia dental o ansiedad severa, que trabajan en conjunto para elegir la mejor alternativa en cada caso.

Para preparar la visita, Valenzuela sugiere buscar a un profesional capacitado y pedir una primera cita solo para conocerlo y contarle la situación. Sentir confianza es clave. Luego, el odontólogo debe evaluar el nivel de ansiedad y la urgencia del caso, y armar un plan de acción, que muchas veces incluye derivar a un psicólogo o psiquiatra, o a otro dentista con las herramientas necesarias.