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Debate en La Moneda por la Coalición Americana contra los Cárteles impulsada por EE.UU.

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El debate por la Coalición Americana contra los Cárteles ha generado intensas discusiones al interior del gabinete nacional, dividiendo las posturas respecto a la conveniencia de suscribir esta iniciativa impulsada por el gobierno de Estados Unidos. La controversia surge de cara a la reunión programada en República Dominicana, donde Washington pretende sellar un marco de gobernanza y un plan estratégico con cerca de 20 países de la región. Inspirada en la histórica política exterior estadounidense, esta nueva instancia complementa al Escudo de las Américas con un foco específico en la seguridad pública y el combate frontal contra el crimen organizado internacional y los carteles del narcotráfico.

A nivel doméstico, la arremetida diplomática y estratégica de la administración norteamericana ha tensionado a La Moneda, especialmente tras la adhesión del Presidente José Antonio Kast y el canciller Francisco Pérez al Escudo de las Américas a finales de septiembre. Sin embargo, a diferencia de dicha plataforma de carácter integral y económico, la Coalición Americana contra los Cárteles (A3C) busca una cooperación táctica en materia de seguridad, lo que ha provocado divergencias sobre el grado de compromiso que debe adoptar el Estado chileno frente a las directrices emanadas desde el Comando Sur.

La postura de Defensa y la defensa de la soberanía nacional

En el centro de las negociaciones se encuentra el ministro de Defensa, Fernando Barros, quien ha asumido una postura sumamente cautelosa frente a las presiones del secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth. Fuentes cercanas a las tratativas indican que Barros ha abogado permanentemente por moderar los términos exigidos por Washington, logrando excluir exigencias como el mando militar extranjero en las fuerzas sudamericanas y limitando la militarización excesiva que promueve la coalición. Para el secretario de Estado, los acuerdos deben supeditarse estrictamente a la soberanía nacional y a la legislación interna vigente.

La resistencia de Defensa también responde a la realidad institucional del país, donde las Fuerzas Armadas no participan en labores de orden público, funciones que están radicar exclusivamente en las policías. Bajo este escenario, Barros ha defendido la tesis de que Chile debe mantenerse únicamente como un país observador dentro de la A3C. No obstante, esta posición choca con las presiones de sectores de la Cancillería y de Palacio que consideran necesario adherir formalmente a la coalición tras haber firmado previamente el Escudo de las Américas, evidenciando un flanco abierto de discusión en el Ejecutivo.

Próximas etapas y repercusiones diplomáticas

Ante la falta de consenso definitivo y la presión internacional, el gobierno chileno resolvió enviar al subsecretario Pavez a la cita internacional programada para el próximo martes en territorio dominicano. En dicho encuentro se evaluarán los detalles técnicos de los documentos definitivos, mientras el Ejecutivo chileno define si mantiene su cautela estratégica o si cede ante las voces que abogan por una integración plena en la estrategia de seguridad hemisférica liderada por la potencia norteamericana.

Las definiciones que adopte La Moneda en los próximos días marcarán un precedente en la política exterior y de defensa del país, equilibrando la cooperación internacional contra el narcotráfico transnacional con los resguardos constitucionales y la autonomía soberana. El desenlace de esta controversia diplomática será clave para estructurar la participación de Chile en los nuevos esquemas de seguridad regional promovidos para las Américas.