La demanda mundial de litio exigirá la puesta en marcha de 134 nuevas minas y una inversión superior a los US$100.000 millones hacia 2050, según una proyección difundida por Benchmark Mineral Intelligence, firma de investigación con sede en Londres. El estudio, que proyecta un consumo global que se triplicará con creces, estima que la necesidad de litio pasará de 2,11 millones de toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE) este año a casi 7 millones de toneladas a mediados de siglo. Con una capacidad promedio de 36.000 toneladas anuales por operación, la cifra equivale a poner en marcha una mina nueva cada dos meses durante los próximos 24 años, un ritmo que plantea enormes desafíos para la industria extractiva a nivel global.
El motor de este crecimiento son los vehículos eléctricos, que según Benchmark representarán el 76% de la demanda de litio en 2050, frente al 55% actual. Las baterías en su conjunto ya concentran el 92% del consumo, por sobre el 70% registrado en 2020. La demanda de sistemas de almacenamiento estacionario de energía creció más de 60% anual en los últimos dos años, aunque la consultora prevé que se modere a cerca de 5% anual hacia el cierre de la década. Este escenario de expansión sostenida presiona a los productores a acelerar la exploración y el desarrollo de yacimientos, al tiempo que plantea interrogantes sobre la capacidad de la industria para financiar proyectos en ciclos de precios volátiles.
Reordenamiento de la oferta global de litio
El informe también anticipa un reordenamiento de la oferta. Australia, hoy la mayor región productora, aportaría el 29% del litio extraído este año, pero su participación podría bajar a 20% en 2050 por el agotamiento de operaciones existentes y la expansión de otras regiones. China mantendría cerca de una cuarta parte de la producción minera mundial, apoyada en su inversión en recursos domésticos y su posición en la cadena de baterías. Norteamérica podría elevar su cuota en la producción minera de 1,7% a 13% en 2050, mientras Europa, que hoy aporta menos de 1% de la extracción, alcanzaría 5,5%, todavía por debajo de su participación proyectada de 8% en la demanda para fabricación de celdas. Benchmark advierte que en ambas regiones algunos yacimientos requieren tecnologías no probadas o enfrentan oposición mediática y comunitaria, lo que podría retrasar su desarrollo.
Cameron Perks, director de producto de litio de Benchmark, planteó que el principal desafío es financiero. “El mayor desafío es mantener esa inversión a través de los ciclos de precios, mientras se compite por el capital con la IA, la defensa y la transición energética en general”, señaló. Sobre Australia, advirtió que “muchas de las minas australianas se agotarán para 2050” y que “si Australia no impulsa el crecimiento, otras regiones tomarán esa delantera”. Respecto de Norteamérica y Europa, sostuvo que los obstáculos “no son insuperables, pero generan retrasos importantes y hacen que las minas construidas en estas regiones simplemente cuesten más”. Sobre la recuperación de material, afirmó que “el reciclaje crecerá, pero nuestro escenario base le exige mucho. Cada tonelada que el reciclaje no produce tiene que provenir de una mina”.
Reciclaje y proyecciones para la industria del litio
El reciclaje aparece como la principal variable para reducir la necesidad de nuevas minas. La consultora proyecta que el material recuperado represente casi la mitad del suministro de litio a mediados de siglo, aunque ese escenario depende de la disponibilidad de baterías al final de su vida útil y de que la recuperación siga siendo competitiva en costos. Bajo ese supuesto, estima en unos US$64.000 millones la inversión necesaria para cubrir los requerimientos hasta 2040. En un escenario más optimista, impulsado por políticas de apoyo a la electromovilidad y al almacenamiento, la demanda podría llegar a 9 millones de toneladas de LCE en 2050, lo que requeriría cerca de 180 nuevas minas y más de US$150.000 millones.
Según la consultora, la capacidad del sector para financiar proyectos a lo largo de ciclos de precios volátiles, al mismo tiempo que escala el reciclaje, determinará si la producción logra seguir el ritmo de la transición energética. Este panorama global tiene especial relevancia para Chile, segundo productor mundial de litio, y para la Región de Atacama, que alberga parte de las reservas del mineral en el salar de Maricunga. Si bien el estudio no menciona proyectos locales, la magnitud de la inversión proyectada y la necesidad de nuevas operaciones mineras podrían abrir oportunidades para el desarrollo de yacimientos en el país, siempre que se resuelvan los desafíos financieros, regulatorios y sociales que enfrenta la industria a nivel internacional.






