El archivo trans latinoamericano custodiado por Ángela de la Mora entre Ciudad Juárez y El Paso se prepara para dejar su pequeño cuarto de paredes blancas y trasladarse a una biblioteca de Guadalajara, donde por primera vez estará plenamente abierto al público tras años de trabajo de organización y resguardo. La colección, considerada la más grande de Latinoamérica y una de las más amplias del mundo en su tipo, reúne más de 3.000 piezas que, extendidas en línea, alcanzan 17 metros de documentos, revistas, invitaciones y publicaciones que dan cuenta de más de tres siglos de historia trans.
En el paisaje del desierto, cerca del muro que separa México y Estados Unidos, el archivo ha permanecido durante años en un espacio reducido, ordenado de manera meticulosa. Esa condición de custodia privada, lejos de los grandes centros académicos, ha protegido un patrimonio documental que de otro modo podría haberse perdido. La historia de las personas trans ha sido frecuentemente registrada desde la criminalización, la burla o la patologización, por lo que la preservación de revistas, folletos, correspondencia y materiales producidos por las propias comunidades constituye un acto de memoria y de reparación histórica. El traslado a Guadalajara representa, en ese contexto, el paso desde el resguardo individual hacia la democratización del acceso.
El archivo trans latinoamericano y su traslado a Guadalajara
El valor de la colección se expresa en su profundidad cronológica. Su ejemplar más antiguo es un libro de 1690, presentado como el testimonio más temprano de una historia trans dentro del conjunto. El recorrido continúa en el siglo XVIII, con la noticia de un calderero londinense que, según el registro citado por la propia archivista, “no pertenecía a ninguno de los dos sexos”. Esa pieza ilustra cómo, incluso en épocas sin el lenguaje contemporáneo de identidad de género, existían vidas que desbordaban las categorías binarias impuestas por la sociedad.
El archivo también conserva las páginas de la revista mexicana Alarma! en la década de 1970, así como registros de cacerías humanas que se extienden de Iowa a Barcelona. Junto a esos materiales de persecución y espectacularización, conviven documentos de organización y celebración. Entre ellos se encuentran las invitaciones de 1986 a los cócteles y cursos de belleza de Fantasy Fair, descrita como la conferencia trans más antigua del mundo, y ejemplares de la revista Tapestry, que en 1993 titulaba sus artículos con preguntas que décadas después todavía tensionan el reconocimiento de derechos, como “¿Quién dice que no soy una mujer?”. La coexistencia de violencia y dignidad es, precisamente, una de las claves del conjunto.
Proyecciones: acceso público, investigación y memoria colectiva
La instalación en una biblioteca de Guadalajara abre una nueva etapa para la colección. Al pasar a un espacio público, el archivo podrá ser consultado por investigadoras e investigadores, estudiantes, periodistas, activistas y personas interesadas en comprender la historia trans desde fuentes primarias. Ese acceso puede favorecer estudios sobre derechos humanos, historia social, cultura popular y prensa, además de servir como material pedagógico para cuestionar estereotipos y visibilizar trayectorias que durante siglos permanecieron en los márgenes. Para las comunidades trans, la existencia de un archivo accesible significa contar con un respaldo documental frente a la negación y la desinformación.
El traslado también plantea desafíos propios de todo archivo de gran volumen: catalogación, conservación, digitalización y definición de criterios de acceso que protejan documentos frágiles sin restringir su consulta. La experiencia acumulada por Ángela de la Mora en la custodia de más de 3.000 piezas será fundamental en esa transición, ya que el orden actual del cuarto fronterizo refleja años de trabajo silencioso de clasificación. La fuente no detalla plazos ni una fecha de inauguración en Guadalajara, por lo que las próximas etapas dependerán de la coordinación con la institución receptora y de las condiciones técnicas para recibir la colección. Con todo, el anuncio marca un cambio de paradigma: un tesoro guardado en la frontera se encamina a convertirse en patrimonio público.









