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Un experto de la Universidad Andrés Bello explica por qué el recalentamiento no garantiza la seguridad de los alimentos y cómo prevenir intoxicaciones alimentarias.
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Guardar sobras de comida en el refrigerador y recalentarlas al día siguiente no siempre es suficiente para garantizar su seguridad. Un experto de la Universidad Andrés Bello explica por qué el recalentamiento no siempre corrige la situación y cómo prevenir riesgos de intoxicación alimentaria.
Según Fernando Torres, toxicólogo y director de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello (UNAB), si una empanada, un guiso, arroz o alguna preparación con carne permaneció varias horas a temperatura ambiente, los microorganismos presentes pueden multiplicarse y producir toxinas. El problema es que el recalentamiento posterior no siempre corrige esa situación.
Las toxinas producidas por bacterias como Staphylococcus aureus o Bacillus cereus pueden resistir altas temperaturas y causar vómitos o diarrea. Por eso, insiste Torres, la seguridad de un alimento no depende únicamente de que haya sido bien cocido, sino también del tiempo y la temperatura a los que estuvo expuesto antes y después de servirse.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) entrega recomendaciones concretas para reducir estos riesgos:
- No dejar alimentos cocidos a temperatura ambiente por más de dos horas.
- Refrigerarlos prontamente, idealmente bajo 5 °C.
- Mantener calientes, sobre 60 °C, los alimentos que se seguirán sirviendo.
- Guardar las sobras en recipientes poco profundos, que faciliten un enfriamiento rápido.
- Recalentar hasta que estén completamente humeantes.
- Evitar recalentar varias veces una misma preparación.
Hay situaciones en las que lo más prudente es no arriesgarse. Si no se sabe con certeza cuánto tiempo estuvo la comida fuera del refrigerador, si hubo un corte de energía, o si se perciben cambios de olor, textura o aspecto, la recomendación es desecharla directamente. La ausencia de cambios visibles no garantiza que el alimento sea seguro, y probar una pequeña cantidad para ‘verificar’ tampoco es un método confiable.
Los síntomas de intoxicación alimentaria pueden aparecer pocas horas después o varios días más tarde, dependiendo del microorganismo o la toxina involucrada. La mayoría de los cuadros son autolimitados, pero hay señales que no deben pasarse por alto: deshidratación, presencia de sangre en las heces, fiebre alta o compromiso del estado general. Dolor abdominal, náuseas, vómitos o diarrea después de una celebración pueden corresponder a una enfermedad transmitida por alimentos.
Ante un cuadro de este tipo, la principal medida sugerida es mantener una buena hidratación, con agua segura y, cuando corresponda, soluciones de rehidratación oral. Se debe evitar el consumo de alcohol y la automedicación con antibióticos o antidiarreicos sin evaluación profesional. Es necesario consultar a un médico si aparecen: sangre en las deposiciones, fiebre alta o persistente, dolor abdominal intenso, vómitos que impiden beber líquidos, boca muy seca o mareos al ponerse de pie, somnolencia o confusión. Los niños pequeños, las embarazadas, las personas mayores, quienes tienen alguna condición de inmunocompromiso y aquellos con enfermedades crónicas deben recibir atención precoz.
Si distintas personas que compartieron los mismos alimentos presentan síntomas similares, se recomienda informar a la SEREMI de Salud correspondiente y conservar antecedentes útiles para la investigación: boletas de compra, envases y datos del local donde se adquirieron los productos. Las sobras sospechosas no deben guardarse para consumo posterior.
El toxicólogo Torres recuerda que las SEREMI de Salud son las encargadas de la vigilancia y fiscalización de los alimentos, mientras que la red asistencial se ocupa del diagnóstico y la notificación de estos episodios. Consultar a tiempo no solo protege al paciente, sino que también puede ayudar a evitar que se repitan nuevos casos.
Imagen del comunicado de prensa









