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El conflicto entre Rusia y Ucrania ya está teniendo consecuencias económicas a nivel mundial.

Este jueves, el precio del petróleo alcanzó su valor máximo en siete años por temor a que la crisis interrumpa el suministro global. El barril del Brent, un referente internacional, llegó a los US$100,04.

El aumento se dio luego de que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, anunciara una «operación militar especial» en la región del Donbás, en el este de Ucrania, donde se encuentran los dos territorios rebeldes prorrusos de Donetsk y Luhansk.

Pero bombas y explosiones se reportaron en varias ciudades del país, más allá de los territorios del este de Ucrania citados por el mandatario ruso.

La fuerte alza se explica también por las sanciones que Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea le han impuesto a Rusia en los últimos días. Occidente ha señalado que están preparando sanciones «más duras», lo que eventualmente podría afectar el suministro de crudo proveniente de este país.

Entre las posibles medidas, se podría prohibir que países y empresas compren petróleo a gigantes energéticos rusos como Gazprom o Rosneft.

Rusia es un actor clave en la producción de petróleo: es el segundo mayor exportador después de Arabia Saudita.

«Rusia distribuye 1 de cada 10 barriles de petróleo consumidos a nivel mundial (…). Realmente puede perjudicar a los consumidores en las gasolineras», le explica a la BBC Maike Currie, directora de inversiones de Fidelity International y columnista del Financial Times.

Pero, ¿qué efectos tiene esta escalada de los precios del crudo en América Latina?

Los productores de petróleo: El incremento del precio del petróleo amenaza con aumentar aún más el «frenazo económico» que se está viviendo en buena parte del mundo tras la pandemia.

Y América Latina no es la excepción: varios países de la región ya están viendo serios impactos en sus perspectivas de crecimiento y un aumento de la inflación.

«Un mayor precio en el petróleo va a tener implicancias tanto del lado de la oferta como de la demanda. Existen envíos muy limitados de crudo ruso a la región latinoamericana, pero evidentemente cualquier disrupción en la oferta global tiene impacto en el resto de los crudos», le explica a BBC Mundo Ixchel Castro, gerente para Latinoamérica de Petróleos y Mercados de Refinación de la consultora Wood-Mackenzie.

Pero ¿qué pasa con los países que son productores de petróleo?

Que el precio del petróleo suba, no es necesariamente una buena noticia para todos los productores de crudo de América Latina.

Brasil y México son los principales productores en el continente, mientras Venezuela, Ecuador, Colombia y Argentina también producen, aunque en menor medida.

«Para ellos, es bueno que el precio suba pero en realidad no lo es tanto», le dice a BBC Mundo Fernando Valle, analista senior de petróleo y gas de Bloomberg Intelligence en Nueva York.

«Porque aunque no es positivo tener un precio muy bajo, cuando asciende por arriba de los US$80 el barril es un problema muy grande por la inflación de precios para el consumidor».

«Por más que empresas estatales como Petrobras (Brasil) o Pemex (México) tengan más dinero, no es suficiente para poder reducir el impacto hacia el consumidor. Y para los gobiernos es muy importante que no suban tanto los precios», agrega.

Frente a lo anterior, es importante tener en cuenta que muchos países productores necesitan igualmente importar gasolina. Es el caso de México, que se ve obligado a importar gasolina desde Estados Unidos porque no tiene la capacidad de refinación necesaria para abastecer su demanda interna.

«La región sigue teniendo la materia prima pero no la capacidad de refinería que necesita para suministrar su demanda doméstica. Y, por lo tanto, sigue importando», explica Castro.

Así, la subida del barril puede tener efectos mixtos.

Pero, mirando al futuro, Ixchel Castro cree que el hecho de que hoy haya precios cercanos a los US$100 por barril es un reconocimiento de que al mundo le sigue haciendo falta crudo.

«Y ahí la gran ventaja es que, si vemos las áreas de crecimiento de la oferta de crudo a nivel global, América Latina está posicionada como una de las regiones más importantes en las siguientes dos décadas», dice.

Así, agrega, cualquier transición energética «debería ir acompañada de descubrimientos de nuevos yacimientos y de producción». Y en eso, América Latina podría verse beneficiada.

¿Y qué pasa con los países importadores? Como contraparte, el alza en precio del barril es un fenómeno negativo para los países que son importadores únicamente, como es el caso de Chile o Perú.

«Es un problema porque todo es más caro», dice Fernando Valle.

«La energía es la base para todo entonces cuando elevas ese precio también se eleva el precio de las exportaciones», añade.

Según advirtió hace unos días la consultora inglesa Capital Economics, esto podría generar un mayor endurecimiento de la política monetaria de estos países y conducir a una importante inflación.

«Buena parte de nuestros países de la región siguen siendo importadores de crudo y van a ver un impacto de precios más altos para sus consumidores», dice Ixchel Castro.

«Un impacto sostenido en estos precios, sin ningún tipo de intervención gubernamental, puede impactar no solo el precio del combustible sino toda la cadena de valor, que son los alimentos, materias primas, etc», agrega.

La experta asegura que esto puede retrasar la recuperación de la economía post pandemia y el regreso al funcionamiento de las cadenas productivas que se han visto afectadas en los últimos dos años.

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