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«No tenía alternativa». Ese es el argumento con el que la multinacional Shell ha defendido su decisión de comprar petróleo de Rusia, pese a la invasión y al bombardeo de Ucrania.

En un comunicado, la empresa petrolera confirmó que el viernes había comprado un cargamento de crudo ruso a precio de descuento y señaló que había sido una decisión «difícil».

El ministro de Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, atacó a la compañía petrolera en un mensaje de Twitter al preguntar: «¿El petróleo ruso a ustedes no les huele como sangre ucraniana?».

Hasta ahora, los países occidentales no han impuesto sanciones a las importaciones de petróleo ruso, por temor a que aumenten los precios de la energía que ya son récord en todo el mundo.

Pero el domingo, el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, dijo que su país se encuentra ahora en «discusiones activas» con socios europeos sobre la posibilidad de prohibirlas y, al mismo tiempo, mantener un «suministro global constante».

Rusia es el segundo mayor productor mundial de petróleo crudo después de Arabia Saudita y abastece alrededor de un tercio de las necesidades de Europa.

Mantener el suministro en Europa

Al comentar sobre su decisión, Shell dijo que se vio obligada a comprar petróleo de Rusia para mantener el suministro de combustible a Europa.

La empresa dijo que sigue «consternada por la guerra en Ucrania» y ha detenido la mayoría de las actividades relacionadas con el petróleo ruso, pero agregó que la situación con el suministro de crudo es «altamente compleja».

El petróleo ruso representa actualmente alrededor de 8% de los suministros de Shell. Una de las refinerías de esa compañía -que produce diésel, gasolina y otros productos- también se encuentra entre las más grandes de Europa.

«Para ser claros, sin un suministro ininterrumpido de crudo a las refinerías, la industria energética no puede asegurar el suministro continuo de productos esenciales a la gente de toda Europa durante las próximas semanas», dijo un portavoz de Shell.

«Los cargamentos de fuentes alternativas no habrían llegado a tiempo para evitar interrupciones en el suministro del mercado. No tomamos esta decisión a la ligera y entendemos el peso de los sentimientos al respecto», agregó.

La petrolera también dijo que intentará elegir alternativas al petróleo ruso «siempre que sea posible» y que las ganancias del petróleo ruso se destinarán a un fondo dedicado a ayudar a las personas en Ucrania.

La compra reciente se produjo poco después de que Shell anunciara que pondría fin a todos sus proyectos conjuntos con la empresa energética rusa Gazprom tras la invasión a Ucrania.

Eso implicará que la compañía venda su participación del 27,5% en una importante planta de gas natural licuado y una participación del 50% en dos proyectos de yacimientos petrolíferos en Siberia.

También pondrá fin a su participación en el gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania. El gobierno alemán ya había suspendido la puesta en funcionamiento del oleoducto de 1.200 km que transita bajo el mar Báltico.

En un comunicado emitido el lunes pasado, Shell dijo que esperaba que la medida, que también se aplicará a cualquier «entidad relacionada» con Gazprom, tenga un valor aproximado de US$3.000 millones. Los costos asociados se registrarán en su balance a finales de este año.

Shell siguió a BP, que ya había anunciado que vendería su participación en el gigante petrolero estatal ruso Rosneft, lo que le podría significar una pérdida potencial de US$25.000 millones.

BP dijo a principios de esta semana que era demasiado pronto para decir cómo o a quién se vendería su participación en Rosneft.

El productor noruego de petróleo y gas Equinor también anunció su salida de Rusia, diciendo que el conflicto hizo que su posición actual en ese país fuera «insostenible».

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