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La embajadora ucraniana en EEUU ha denunciado que Rusia está utilizando bombas de vacío, prohibidas por la convención de Ginebra

La «devastación» que busca Rusia en Ucrania es «grande», ha afirmado la embajadora de Ucrania en EEUU Oksana Markarova. Markarova ha denunciado el uso de estas bombas termobáricas, también conocidas como bombas de vacío y que provocan explosiones de alta temperatura, aunque no ha especificado en qué lugares las ha usado el Ejército ruso. Lo que sí ha recordado es que este tipo de armas están prohibidas por la convención de Ginebra dado su gran poder de devastación.

Las bombas termobáricas o de vacío, también conocidas como bombas de vacío o bombas de combustible, están compuestas por dos cargas explosivas. El término «termobárico» es una palabra compuesta derivada de las palabras griegas «therme» y «baros» que significan «calor» y «presión», lo que implica los efectos de la temperatura y la presión sobre el objetivo. Un explosivo termobárico (TBX) consta de una carga central, denominada núcleo, que suele ser un alto explosivo, y una carga secundaria externa rica en combustible.

Cuando explota un proyectil o proyectil que contiene un combustible en forma de gas, líquido (aerosol) o polvo, el combustible o material similar al polvo se dispersa en el aire y forma una nube. Después, esta nube es detonada para generar una onda de choque, caracterizada por una duración prolongada que produce una sobrepresión que se expande en todas las direcciones.

Así pues, se diferencia de los explosivos convencionales en el hecho de que usa como oxidante de la reacción explosiva al propio dioxígeno del aire, en vez de cargarlo en el propio artefacto explosivo.

Según la Universidad Técnica de Medio Oriente de Turquía, aunque la onda de presión, debido a la deflagración del explosivo, es considerablemente más débil en comparación con un explosivo convencional como el RDX, el combustible puede difundirse rápidamente en túneles, cuevas o búnkeres, produciendo un efecto de calor considerablemente alto para las personas. De esta manera, la gente muere por asfixia debido a la falta de oxígeno o por la incineración del lugar.

La sobrepresión ejercida en el interior de la explosión puede alcanzar los tres megapascales y la temperatura puede oscilar entre los 2500 ºC y los 3000 ºC.

Rusia fue el primer país que logró desarrollar este tipo de armas. El cohete RPO-A Schmel, lanzallamas de infantería probado con éxito en 1984, fue la primera arma termobárica que contenía una mezcla autodeflagrante compuesta por magnesio (Mg) y nitrato de isopropilo (IPN). Este explosivo termobárico simple produjo una onda de alta presión devastadora a través de las cuevas y sistemas de túneles de Afganistán, causando enormes daños en los laberintos subterráneos de la región.

La explosión puede destruir equipos y edificios reforzados, además de matar y dañar a las personas próximas. El efecto antipersona de la onda explosiva es más letal en refugios excavados en el suelo, sobre personas con algún tipo de armadura o protección corporal y en espacios cerrados «rígidos», como cuevas, edificios y búnkeres.

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