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Este viernes 11 de marzo, Gabriel Boric, de 36 años, recibió la banda presidencial y la piocha de O’Higgins de manos del expresidente Sebastián Piñera.

Llega al frente de un mosaico de izquierdas y centro-izquierdas, mujeres empoderadas y pueblos originarios, voluntades que emergieron de una década de luchas.

El más joven presidente de la historia de CHILE asumió este viernes la más alta investidura bajo la mirada atenta del mundo que lo rodea. Desde sus propios votantes a los factores reales de poder. De aquellos que abrazan con expectativa la llegada de una bocanada de aire fresco sobre la tierra arrasada por el neoliberalismo que se aleja, pero que continúa al acecho. Son un mosaico de izquierdas y centro-izquierdas, mujeres empoderadas y pueblos originarios, voluntades que emergieron en poco más de una década de luchas (2011-2022). Su mayor desafío es robustecer el poder popular que lo llevó hasta donde está, donde solo por ahora hay caudal electoral. El casi 56 por ciento con el que derrotó al ultraderechista José Antonio Kast.

«Estoy profundamente orgulloso de este gabinete. Estoy profundamente que sean más mujeres que hombres y eso es gracias al movimiento feminista», dijo al momento de tomar juramento a su grupo de ministros.

“Sí, prometo” respondió Gabriel Boric Font a la pregunta del presidente del Senado, Álvaro Elizalde, para asumir como Presidente de la República por el periodo entre el 2022 y 2026.

Boric hizo un gesto al señalar que su promesa era “ante el pueblo y los pueblos de Chile”.

Luego de recibir la banda presidencial y la Piocha de O’Higgins, Gabriel Boric fue investido oficialmente como el Jefe de Estado para luego entonar el Himno Nacional.

Y SOBRE EL SALIENTE:

Sebastián Piñera salió del Salón de Honor del Congreso Nacional entre unos pocos aplausos y también cientos de gritos de “asesino”, recordando la represión desatada por efectivos policiales y de las Fuerzas Armadas en el marco del estallido social.

 

VIDAS PARALELAS

Se da en Chile – y muchos analistas políticos extranjeros lo estimulan – el entusiasmo de buscar un paralelo entre este joven de 36 años y el expresidente socialista muerto en La Moneda el 11 de septiembre de 1973. A riesgo de caer en anacronismos, Allende sería en clave Boric como el espejo donde gustaría mirarse la izquierda. Roberto Bolaño hubiera descrito con maestría un diálogo imposible entre los dos. Horas después de su triunfo en segunda vuelta, el flamante presidente se topó con el busto del médico que resistió hasta sus últimas horas el golpe de Pinochet. Fue durante una invitación a la casa de gobierno que le hizo Sebastián Piñera. Después reflexionó sobre “sus sueños de un Chile mejor” que – puntualizó- “son los que vamos a seguir construyendo junto a todos ustedes”.

La metáfora de las grandes alamedas que utilizaba Allende es su desafío. La del hombre libre y una sociedad mejor. Boric no la tiene fácil ni mucho menos. Sus propias palabras lo comprometen. “Estamos decididos a jugárnosla para construir un país más justo, más digno, más seguro” dijo en campaña electoral. Habrá que ver si le da la correlación de fuerzas, con un Congreso atomizado donde no tiene mayoría y una Convención Constitucional como el reto más grande que lo espera en lo inmediato. El llamado plebiscito de salida del 12 de junio próximo definirá el futuro de la nueva carta magna. El voto será obligatorio. La única excepción desde 2012, cuando Piñera cumplía su primer mandato y lo derogó.

 

EL FUTURO

Después de estos primeros días de gobierno, la gestión del dirigente de Apruebo Dignidad se empezará a perfilar por qué camino va. Sí irá a fondo o en medida transición hacia los cambios que prometió, si tendrá capacidad de reacción ante una derecha que nunca se resigna a aceptar las agendas que proponen los gobiernos progresistas y, además, en qué alianzas prioritarias se reconocerá su política internacional.

Ni Chile ni el mundo están bajo las mismas condiciones de los años ’70, más allá de las comparaciones posibles que por libre albedrío se permiten hacer entre el socialista Allende y el joven Boric. El advenimiento del nuevo gobierno se da en el contexto de la guerra entre Rusia y Ucrania, la Unión Soviética ya no existe, el republicano Nixon no gobierna Estados Unidos y sí el demócrata Biden – aunque se parezca su política exterior -, la OTAN tiene muchos más países que en 1973 y China es la primera potencia económica. A ese planeta tendrá que acomodarse el presidente chileno.