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Tras cumplirse un año del plan de regularización migratoria impuesto por el Gobierno de Sebastián Piñera, diversas organizaciones que brindan apoyo a ciudadanos extranjeros en Chile acusan un retraso excesivo en el proceso y lo consideran un «fracaso absoluto».

Paola Palacios, vocera de la organización Negrocéntricas, declaró a Radio Cooperativa que «el proceso de regularización ha sido un fracaso absoluto, colapsó todo el sistema de solución de visas, no solamente de la gente que se regularizó, sino todo lo demás. Extranjería siempre ha sido una institución bastante ineficiente, pero cuando se le sumó el tema de la regularización migratoria ya no dio abasto para absolutamente nada».

La representante de Negrocéntricas puntualizó que «el problema es que el Gobierno no estaba preparado para llevar a cabo el tema, lo lanzaron sin ninguna preparación, sin que las organizaciones de migrantes participaran y dieran también pautas para hacerlo de manera correcta».

Por su parte, José Tomás Vicuña, director del Servicio Jesuita Migrante, dijo a la misma emisora que «las visas estampadas son muy bajas y responde a requerimientos que no pueden responder los consulados, pero eso se debió haber previsto, porque estas personas han trabajado este tiempo, pero de manera informal, lo que propicia los abusos».

Vicuña advirtió finalmente que «no es posible que personas estén ocho, nueve, once meses trabajando de manera informal y el Gobierno haya propiciado eso, producto de que prefiere esperar a que se le estampe la visa», recordando que el retraso de la regularización de visas y la dificultad del proceso ha generado inconvenientes a algunos migrantes, quienes no han podido legalizar su estancia en Chile.