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Un 26 de mayo de 1818, el abogado Manuel Rodríguez Erdoiza de 43 años fue asesinado en la localidad de Til Til, a manos de soldados que lo llevaban como prisionero rumbo a la cárcel de Quillota. A comienzos de abril de ese año, Rodríguez había protagonizado un incidente menor, pero que terminó costándole la libertad primero y luego la vida: montado en su caballo y al frente de una poblada, ingresó intempestivamente al palacio de gobierno de la época, reclamando airado por el fusilamiento de los hermanos Juan José y Luis Carrera en Mendoza. Esto provocó las iras del entonces “director supremo” Bernardo O’Higgins quien ordenó su arresto por “alborotador”, confinándolo en un cuartel militar y luego ordenando su traslado a Quillota. Rodriguez, el jurista republicano convertido en guerrillero, protagonista de audaces acciones militares contra las tropas del imperio español y uno de los líderes de la independencia más populares, nunca llegó a su destino. En las afueras de Santiago sus guardianes le habría disparado por la espalda o fusilado aduciendo un intento de fuga, pero su cadáver periciado, más de un siglo después, revela múltiples fracturas craneales producto quizá de culatazos de fusil.