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La Administración Biden sostiene, pese a las críticas, que sólo revisarán las sanciones contra Venezuela «si hay un progreso significativo en las negociaciones en México»

No cesan los movimientos en el nuevo tablero geostratégico de América provocado por la invasión rusa de Ucrania, incluidos los enroques estadounidenses. «Revisaremos las sanciones sólo si hay un progreso significativo en las negociaciones en México. Seguimos apoyando al pueblo de Venezuela», matizó este sábado Ned Price, portavoz del Departamento de Estado.

Las declaraciones gubernamentales culminaron una semana de críticas internas tras la sorprendente minicumbre en Caracas entre Nicolás Maduro y Juan González, principal consejero de Biden para el continente y el funcionario de mayor rango que ha viajado a Venezuela en 23 años de revolución bolivariana.

Para algunos se trata de un frenazo ante el primer shock provocado por el viaje, otros lo interpretan como una marcha atrás de Washington tras la expectación levantada y cuando el chavismo ha vuelto a dejar muy claro, tras la reunión en Turquía entre la vicepresidenta Delcy Rodríguez y el canciller ruso, Serguei Lavrov, que mantiene a toda costa su alianza con Moscú. Eso sí, de momento Maduro descarta la instalación de bases rusas en su territorio.

«Están haciendo control de daños especialmente a lo interno por las críticas de los congresistas. Creo que todavía es muy pronto para concluir que haya marcha atrás, veremos si en la próxima semana Washington mueve ficha. Lo del petróleo (reemplazo del ruso por el venezolano, ahora sancionado) fue el empujón, lo que hace que Maduro se crea que ahora sí es posible que EEUU relaje las sanciones, pero igual tienen que atarlo con avances concretos o concesiones que haga Maduro por el costo político a lo interno de EEUU», explica a EL MUNDO el internacionalista Mariano de Alba, asesor senior de International Crisis Group.

«Biden busca debilitar la influencia de Rusia en América Latina. Lo del petróleo no pareciera ser el motivo más serio, no porque no lo necesiten, sino porque la industria petrolera venezolana está destruida. Les tomaría mucho tiempo recuperarla, y aun con ese suministro, eso no va a detener el alza de los precios de la gasolina, que es el problema en EEUU», sopesa para este periódico María Puerta Riera, profesora de gobierno americano en Florida.

«Control de daños», insiste por su parte el politólogo Walter Molina Galdi. «Tal vez han subestimado la relevancia que el mundo le ha vuelto a dar a la democracia, y la necesidad de ella donde no hay, luego de las últimas semanas. Veamos qué viene ahora», concluye Molina.

¿Cuál es entonces hasta ahora el balance de la minicumbre de Caracas? La liberación de dos de los 10 presos estadounidenses en la mazmorras de Maduro, cierto fortalecimiento del Gobierno bolivariano, la molestia de Colombia y una nueva sacudida para la oposición democrática, que parece vivir en erupción constante.

«No vamos a pedir permiso a otros países para reunir a los estadounidenses con sus familias», confirmó un alto funcionario de la Casa Blanca tras el regreso a sus hogares en EEUU de Gustavo Cárdenas, antiguo gerente de Citgo, filial en EEUU de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), condenado a casi nueve años de cárcel, y del turista cubanoamericano Jorge Alberto Fernández, un año de cárcel por portar un dron de juguete. En Venezuela permanecen encarcelados cinco directivos de Citgo y tres antiguos militares.

«Mucho ruido y pocas nueces. No veo que EEUU gane nada con este movimiento, ni en lo práctico ni en lo simbólico», resume el historiador Armando Chaguaceda, uno de los principales expertos en revoluciones.

Mientras EEUU va y viene sobre el tablero, el chavismo tampoco deja de mover sus fichas. «No habrá manera de apartarnos de este digno camino», subrayó Nicolasito Maduro hijo en sus redes sociales para alborozo de su padre y para tranquilizar a sus seguidores. Los mismos que comprobaron cómo la vicepresidenta Delcy Rodríguez se fotografiaba este viernes con el ex presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero en Turquía mientras dibujaba con sus dedos la v de victoria.

«Las pretensiones autoritarias de Maduro son las mismas que las de Putin. Es una misma lucha de democracia contra autoritarismo. En este conflicto global, a los venezolanos nos toca luchar por un país libre y democrático para frenar estas pretensiones», subrayó el presidente encargado Juan Guaidó, que recibió como un jarro de agua fría esa especie de deshielo iniciado por Washington y del que Maduro aparece hoy como gran beneficiado.

«La fragmentación opositora se ha profundizado», razona Puerta, mientras De Alba cree «el Gobierno interino queda debilitado, especialmente en su esfuerzo de insistir que son los interlocutores que tiene la comunidad internacional y especialmente el Gobierno estadounidense sobre Venezuela. Pero también es cierto que esto pudiese servir de impulso para que la oposición en general se vea motivada a salir del letargo, porque ahora podrían tener mucho trabajo que hacer para prepararse para regresar a México y todo lo que eso implica. Si la oposición no termina de entrar en razón y resolver su situación interna, es muy improbable que la negociación en México avance».

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