Escuche este artículo

Era 12 de mayo de 2018 y en el ‘Día de la Enfermera’, la Escuela de Enfermería de la Facultad de Medicina de la Universidad Finis Terrae preparó, como era ya costumbre, una celebración. Fue en el sexto piso, en una sala grande donde generalmente se hacían reuniones, donde se juntaron cerca de 20 personas. Había una torta y bebidas para compartir sobre un mesón. La mayoría eran profesionales que trabajaban en ese plantel. También estaba el decano y recién nombrado subsecretario de Redes Asistenciales, Alberto Dougnac.

Karen Domínguez (33) estaba en otra sala, concentrada en su trabajo para alcanzar a llegar, unas horas más tarde, a su clase de doctorado. Es enfermera y trabajó cinco años en ese lugar: primero como profesora ‘volante’ y; después, como coordinadora académica de dos áreas.

En ese momento, el vicedecano, Mauricio Soto, fue a buscarla para que asistiera a la celebración. Cuando Karen se sumó, Dougnac ya había partido su discurso. “Las felicito a las ‘brujas’, porque hay que decirlo, son brujas (…) ustedes que son las complicadas (…) pero bueno, hay que quererlas así (…) porque a ustedes hay que aceptarlas no más”, le escuchó decir al médico que ocupaba el cargo de decano de esa facultad desde 2009, después de ser director Jefe de la Unidad de Tratamiento Intensivo del Hospital Clínico de la Universidad Católica.

De inmediato pensó en comentarios similares que le había escuchado decir antes, siempre en un tono burlesco: “Bueno, es que nosotros creemos que las mujeres no tienen que ser inteligentes, solo tienen que ser bonitas”.

Su relación con el decano se fue transformando con el pasar de los años. Al comienzo sentía que él era muy afectuoso, que la apreciaba profesionalmente. Había algo de ‘carácter’ que creía los hacía compatibles para trabajar y también respeto en términos académicos. Pero en el camino esto se fue permeando de otras situaciones: rencillas entre su jefa directa y, sobre todo, su visión de la enfermería. “Había una visión de parte del decano que las ‘enfermeras eran las secretarias de los médicos”, reconoce. Su actitud le generó rechazo.

Después de estar unos minutos en la sala por la celebración, Karen terminó por abandonar el encuentro. Esa salida causó extrañeza entre los asistentes que se quedaron; otras compañeras de ella también se fueron. “Es que no estaba dispuesta a seguir escuchando este tipo de pelotudeces. Si ustedes quieren aguantar, ningún problema, pero yo no. Ese fue un conflicto que también tuvimos entre nosotras, porque había una normalización a esa violencia de género”, respondió, cuenta hoy.

Los comentarios misóginos, asegura, iban uno tras otro. Ella trataba de ponerse los audífonos, concentrarse en su trabajo y, sobre todo, alejarse de mantener una relación con el decano. Pero las cosas llegaron a su tope con la sobrecarga laboral y decidió salir de la institución. Estuvo con licencia psicológica tres meses y terminó por presentar una demanda por tutela laboral contra su empleador por vulneración de garantías fundamentales, como no garantizar un buen ambiente laboral, evitar daños contra su integridad y daños psicológicos.

Precisamente, en esa demanda, a la que tuvo acceso El Desconcierto, menciona: «En este periodo, varias trabajadoras, incluyéndome, fuimos víctimas de conductas de maltrato y discriminación por parte del decano, Alberto Dougnac, y del vicedecano, Mauricio Soto. En efecto, desde la intervención de la Escuela, el tono de ambos se tornó autoritario y misógino, llegando a tomarse conocimiento público de la postura de dichas autoridades respecto de la Escuela de Enfermería. Los mismos manifestaron que “las enfermeras no son inteligentes ni deben serlo, basta que sean bonitas” y que “la Universidad es una exigencia innecesaria para las enfermeras, sólo requieren un instituto”.

Con esto se inició un proceso judicial al que hace algunas semanas pudieron llegar a un acuerdo de compensación económica entre ambas partes por los daños causados.

Ex decano Alberto Dougnac junto a directora de la Escuela de Enfermería.

“No necesitan saber tanto”

El caso de Karen no es el único. Dominique Fuentes Inostroza (27), también enfermera y ex profesional del plantel, presentó una carta de autodespido el 30 de septiembre de 2019. Un párrafo textual da cuenta de malos tratos que sufrió en la Escuela de Enfermería de la Universidad Finis Terrae:

“Cabe señalar la discriminación y reiterados malos tratos recibidos en la Universidad, realizados por algunos de sus directivos, solo por el hecho de ser mujeres. Varios de sus dichos públicos dan cuenta de los comentarios misóginos que se traducen posteriormente en un menosprecio de la labor que desarrollaba en la Universidad. Así, por ejemplo, las expresiones vertidas por el decano, Alberto Dougnac, y del vicedecano, Mauricio Soto, quienes explícitamente a varias trabajadoras, incluyéndome, nos decían frases misóginas y violentas como que “las enfermeras no son inteligentes ni deben serlo, basta con que sean bonitas”; “ustedes las enfermeras son especialistas en todo, pero en realidad no saben nada”. Frases y malos tratos denigrantes realizados por los directivos de la Universidad, del cual fui víctima en varias ocasiones”, dice el documento.

Dominique presentó una demanda por tutela laboral y vulneración de derechos fundamentales contra su empleador, la que sigue en proceso porque no han llegado a acuerdo en cuanto al monto de la indemnización. Al comienzo, trabajó como ex alumna en la Escuela de Enfermería y, luego, se incorporó como profesional a honorarios, durante tres años. En ese momento le ofrecieron un contrato por 22 horas, aunque la suma de sus jornadas sobrepasaba con creces ese acuerdo. Esto derivó en una situación de estrés laboral agudo que la llevó a pedir licencia médica por tres meses.

Su salida estuvo marcada por situaciones de violencia de género: comentarios descalificatorios y en reiteradas ocasiones se sobre cuestionaban sus propuestas cuando tenía la calificación suficiente para ejercer dichas actividades del cargo.

Especialmente se sintió rebajada en términos profesionales cuando Mauricio Soto asumió como director interino de la Escuela de Enfermería después de que la entonces directora, Eliana Escudero, renunciara al cargo. Soto fue puesto en ese cargo por el decano Alberto Dougnac. “Comenzó a ejercer su autoridad de forma muy agresiva, con distintas descalificaciones, malos tratos incluso verbales”, cuenta Dominique respecto a la conducta de Soto.

Y recuerda particularmente una reunión, de la que inicialmente participaría Dougnac, pero que terminó por restarse. “La reunión fue en extremo descalificatoria, acusándome de situaciones y hechos que no tienen que ver con mi desempeño profesional, ni menos con mis labores en la Universidad. Toda la reunión se desarrolló en un ambiente de crítica e invalidando mi cargo y el magister que realizo en la Universidad. Con ocasión de los malos tratos sufridos y las amenazas realizadas por los directivos de la Universidad, derivaron en atenciones psiquiátricas y psicológicas con tratamiento farmacológico por el diagnóstico de estrés post traumático”, cita en su carta de autodespido presentada a la Inspección del Trabajo y luego a la universidad.

Trabas

Ambas ex profesionales de la Escuela de Enfermería presenciaron lo complejo que era para la directora de esa época Eliana Escudero, conseguir beneficios para la carrera. Eso le significó más de una rencilla con el decano y, posteriormente su salida de la institución. Hoy ejerce como decana de la Facultad de Salud y Odontología de la Universidad Diego Portales.

“Sabíamos de estas conductas machistas porque a nuestra jefa, que era la única mujer, siempre le costaba mucho conseguir cosas para la Escuela porque le cuestionaban mucho todo, en el fondo, sin motivos aparentes. Para otros eran más fáciles. Por ejemplo, nosotras queríamos hacer la acreditación de la carrera y nos ponían trabas, nos decían que en realidad no era tan necesario, es que Enfermería no es parte de las que tienen que estar acreditadas o, por ejemplo, si queríamos cambiar el currículum para hacerlo más contundente en cuanto a conocimientos nos decían ‘ya, pero por qué tanto si en realidad las enfermeras no necesitan saber tanto”, cuenta Dominique Fuentes.

Eliana Escudero, al ser consultada, confirmó esa situación, pero más que centrarlo en una figura particular, aseguró que es algo estructural en la universidad. «El problema es el amparo institucional que permite que sucedan este tipo de cosas: una institución que tiene todavía el machismo muy arraigado, que no permite el desarrollo porque hay muchos sesgos femeninos nada más«, sostuvo.

Después de la salida de la directora, se implementó coaching laboral para mejorar las relaciones entre los trabajadores evidentemente afectados por estos conflictos. Dominique recuerda que eran sesiones semanales con psicólogos y, en una de ellas, estuvo presente el decano. Ingresó de manera muy imprevista para el grupo.

“Llegó y dijo ‘como ya saben, Eliana se va a ir de la Escuela y vamos a aprovechar para que tú, Karen, cuentes públicamente que te están haciendo una oferta laboral en otro lado’. Frente a todos. Quedamos como, ‘qué le pasa’. Ella le dijo que le parecía que no era correcto decirlo así, que era una conversación privada, delante de todos y él insistió en que aprovecharan la instancia porque ya estaba enterado”, recuerda. La presencia de Dougnac tensionó la reunión, tanto que Dominique asegura haber tenido luego una crisis de angustia, lo que derivó en una visita al médico que le recetó medicamentos.

Ambas profesionales identifican que la violencia de género es estructural en la Facultad de Medicina. “Una cosa que hay que entender de esta lógica es que las únicas mujeres que estábamos en la Facultad éramos de Enfermería, la única directora era de Enfermería, las otras, Kinesiología, Medicina, Nutrición, eran hombres, todos los secretarios académicos eran hombres, excepto Kinesiología donde había una mujer, pero nunca estaba. Las secretarias eran todas mujeres, ningún secretario hombre. Una desigualdad estructural tremendísima”, cuenta Karen Domínguez.

Se trata de una situación que también ha sido denunciada en otros espacios, como en la Escuela de Psicología, por estudiantes y ex estudiantes que se vieron enfrentados a conductas discriminatorias hacia las disidencias sexuales. Dichos testimonios fueron recogidos en una publicación de El Desconcierto.

Violencia de género hacia enfermeras

Como estos casos, en general, las enfermeras como gremio han tenido que enfrentar un escenario laboral muy hostil marcado por la desigualdad de género. La ‘superioridad’ de los médicos por sobre las enfermeras es algo que se ha instalado en una sociedad patriarcal, reconoce Margarita Ibarraenfermera y coordinadora de la Comisión de Derechos Humanos del Colegio de Enfermeras.

«Las veces que [las enfermeras] han hecho denuncias tampoco son finales felices para ellas. Todo el sistema de salud es muy machista, pero, sobre todo, cuando las mayorías somos mujeres«, acota. Y añade que «desde una mirada machista a las enfermeras en particular se les asocia a una ‘imagen sexy’, algunos las ven como gremio. Aquí el Colegio Médico también tiene una responsabilidad en la ética con que trabajan sus profesionales», enfatiza.

Esto, bajo la idea que «al médico se le da un valor social mayor que a las enfermeras. Tiene que ver con el poder que ostentan, que también es económico y político, por su puesto, muchas autoridades son médicos. Y no necesariamente son los que saben administrar. Cuando entras a un hospital, das por hecho que el director es médico, que el jefe de servicio es médico», plantea Margarita.

Finalmente, dice que en el sistema de salud público las denuncias que han recibido son reiteradas. “En el Hospital San Borja tuvimos tres colegas en diferentes servicios que sufrieron acoso por diferentes médicos, que tuvieron que buscar psicólogo y, en una la situación era mucho más grave porque intentó quitarse la vida”, cuenta la profesional quien, además, lamenta la falta de políticas con perspectiva de género para prevenir, erradicar y reparar estas conductas, como lo señalan los convenios internacionales suscritos por Chile, como la Convención Belém do Pará.

*La subsecretaría de Redes Asistenciales fue contactada para este artículo. Sin embargo, señalaron que no se referirían al tema. La Universidad Finis Terrae, en tanto, a través de su departamento de comunicaciones, se desentendió de la situación respondiendo que las demandas laborales de Karen Domínguez Cancino y Dominique Fuentes Inostroza, «fueron interpuestas con posterioridad a que ellas pusieran término a su relación laboral con la Universidad y dejaran de cumplir funciones en la institución. En ninguno de los dos casos las personas hicieron alguna denuncia en la Universidad mientras estaban contratadas con respecto a supuestos malos tratos».