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En cuatro años cambiaron de signo político México, Panamá, Argentina, Bolivia, Perú, Chile y ahora Colombia. Esto, en la antesala de las presidenciales de Brasil, donde Lula tiene la primera opción.

Este domingo el pueblo colombiano tomó una decisión histórica al elegir como Presidente a Gustavo Petro, quien se transformará en el primer mandatario de izquierda en gobernar el país cafetero.

Junto a la activista social afrocolombiana Francia Márquez, quien ocupará el cargo de vicepresidenta, el exguerrillero del disuelto Movimiento 19 de Abril (M-19) y exalcalde de la ciudad de Bogotá, comenzará su período el 7 de agosto sucediendo a Iván Duque, último representante del uribismo en el poder.

La caída de la derecha en el país cafetero viene a confirmar el giro hacia la izquierda en el continente. Esta camada de nuevos gobernantes han sido electos en buena parte para canalizar las demandas sociales que han surgido de movilizaciones y estallidos sociales, como los que ocurrieron en Chile en 2019 y en la propia Colombia en 2021.

México y el inicio de la tendencia

El desplome continental de la derecha encuentra su punto de partida en México. Al menos así lo establece su propio presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien a fines de 2018 derrotó en las urnas los más de 72 años en que el PRI (Partido Revolucionario Institucional) y el PAN (Partido de Acción Nacional) se repartieron el poder.

«Yo estoy contento porque nosotros iniciamos una nueva etapa en el resurgimiento de los movimientos democráticos con dimensión social en nuestra América (…) Cuando llegamos nosotros, eran pocos los países que tenían gobiernos progresistas, a partir de nuestra llegada se empieza una etapa nueva y empiezan a llegar triunfos importantes», dijo el mandatario mexicano tras el triunfo de Petro.

Desde que López Obrador ganó las elecciones en su país, al menos seis naciones pasaron a ser gobernadas por políticos ligados a sectores de izquierda.

A AMLO le siguió, en julio de 2019, Laurentino Cortizo en Panamá, quien fue proclamado presidente encabezando una alianza de centroizquierda llamada «Uniendo Fuerzas» y acabando con 10 años de administración conservadora.

En diciembre de ese mismo año, la fórmula peronista de Alberto Fernández y Cristina Fernández Kirchner se impuso en primera vuelta en las elecciones presidenciales de Argentina, obteniendo más de un 48% de los votos. De ese modo, desbancaron al empresario de «Juntos por el Cambio», Mauricio Macri, quien buscaba su reelección.

«El gobierno volvió a manos de la gente», dijo Fernández en su discurso de triunfo tras las elecciones. «Vamos a construir la Argentina igualitaria y solidaria que todos soñamos (…) la que nos merecemos».

Consolidación del progresismo

Tras el regreso del kirchnerismo a las tierras trasandinas, en noviembre de 2020 la izquierda retornó en Bolivia con la victoria en las urnas del economista Luis Arce, exministro de Evo Morales. Un año antes, el exmandatario había sufrido un golpe de Estado que lo obligó a abandonar el país.

Durante ese período de tiempo quedó al mando del país Jeanine Añez tras la acción de las fuerzas militares. Sin embargo, por estos hechos, la presidenta designada fue condenada a 10 años de prisión tras ser declarada culpable por los delitos de «incumplimiento de deberes» y «resoluciones contrarias a la Constitución».

En julio de 2021, triunfó en Perú el profesor de izquierda Pedro Castillo, quien tras unas elecciones muy cerradas, venció a Keiko Fujimori, símbolo prominente de la élite peruana e hija del exmandatario Alberto Fujimori, quien se mantiene en la cárcel por crímenes de lesa humanidad durante su gobierno.

Este escenario fue la antesala para que, en diciembre de 2021, Gabriel Boric se impusiera en Chile al ultraderechista José Antonio Kast y terminara con el segundo gobierno de Sebastián Piñera, quien solo tres años antes se perfilaba como uno de los principales articuladores de la derecha continental.

Todo esto en paralelo de un proceso constituyente que se abre a redactar una nueva Constitución para el país.

Por último, el arribo de movimientos progresistas siguió su camino en enero de 2022 con Xiomara Castro en Honduras, la primera mujer Presidenta en la historia, y que además es la esposa del exmandatario Manuel Zelaya, destituido en un golpe de Estado en el 2009.

La mujer de 62 años toma el cargo en medio de una crisis política en el Congreso, que no solo ha complicado el inicio de su mandato, sino que también es una señal de la resistencia que puede enfrentar al intentar atajar la corrupción.

Solo falta Lula

Con la llegada ahora de Gustavo Petro, se comienza a corroborar el giro hacia la izquierda de Latinoamérica, tendencia que marca un fuerte precedente para las próximas elecciones a disputarse en el continente, donde el mandatario brasileño de ultraderecha, Jair Bolsonaro, se enfrentará en las urnas a Luiz Inácio Lula da Silva.

El exmandatario y favorito a vencer las elecciones presidenciales de octubre próximo en Brasil, felicitó este domingo a Gustavo Petro por su elección como jefe de Estado de Colombia y dijo que su victoria «fortalece las fuerzas progresistas» en Latinoamérica.

Cabe recordar que Lula fue condenado a prisión por el juez federal Sergio Moro en el marco del caso «Lava Jato», la gigantesca trama de corrupción que rodeó a la petrolera estatal Petrobras y salpicó a políticos y poderosos empresarios de Brasil.

No obstante, el político quedó plenamente habilitado para ser candidato en las venideras elecciones presidenciales, luego de que Corte Suprema de ese país ratificara la decisión adoptada por uno de sus jueces que anulaba las condenas dictadas contra el exgobernante, devolviéndole todos sus derechos políticos. Sin embargo, antes de esto llegó a pasar 580 días en prisión por esos casos ahora anulados, aún cuando proclamó su inocencia desde el primer momento y recurrió a todas las instancias judiciales.

Hoy, los últimos sondeos en Brasil dan por ganador al líder del Partido de los Trabajadores con una amplia ventaja sobre Bolsonaro. De cumplirse estos pronósticos, casi toda América del Sur y gran parte de Latinoamérica quedarían pintadas de rojo en el mapa, estableciendo un claro predominio del progresismo a nivel internacional y de cara a un proceso de varios cambios constitucionales en diferentes países donde Chile ya es uno de los precursores.

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