Elizabeth Saavedra (2021) La herida soslayada.
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Imagen: Elizabeth Saavedra (2021) La herida soslayada.

Por Andrea Rojas (@femi.andy)
Solastagia: el dolor que se sufre por ver como se pierde el suelo que se pisa. (Neologismo que describe una forma de angustia, estrés mental o existencial causado por el deterioro medioambiental).
Al parecer la pandemia nos ha sensibilizado un poco más respecto al daño que le hacemos al planeta, o quizás no la pandemia sino la información a la que ahora podemos acceder. Hablamos de la crisis climática mundial ya en tiempo presente, y no como un aterrador futuro lejano. Esto nos tiene a todos aceptando que las consecuencias son inminentes e inevitables, aunque existieron y existen personas que lo advirtieron; que protestaron, que se hicieron activistas para denunciarlo, se levantó importante información científica al respecto, se escribieron libros, se hicieron charlas, foros, conferencias, se tenía toda la información. No hicimos caso y ahora, lo que le hicimos al planeta es irreversible.
Así… esa sanción, esa rabia, ese miedo, esa frustración es lo que significa para mí el desastre ambiental de Chañaral. Las consecuencias ya no sólo son inevitables, sino que irreversibles. También muchos y muchas se hicieron activistas, muchos y muchas lo denunciaron, se levantaron investigaciones científicas, se escribieron libros, se hicieron foros, se tenía toda la información. No les/nos hicieron caso. Y ahora, lo que le hicieron a Chañaral, a su ecosistema y a toda su gente es irreversible.
Crecer y vivir en una zona de sacrificio ambiental no me impactó hasta que me empoderé en la ciudad y me permití, como psicóloga y activista, conocer parte de la historia de vida personal y más íntima de diversas familias chañaralinas. Lo que pasa en esta ciudad cómo ha afectado en lo más profundo de las historias de vida por generaciones no puedo catalogarlo con otra palabra que no sea cruel.
Sabemos que uno de los grandes triunfos del capitalismo es la ruptura que nos hizo con el medio ambiente y con la vida en comunidad. En ese sentido, nos tiene inmersos en el consumismo y superficiales competencias. Y así, por supuesto, es como ganan los mismos de siempre, esos que se hicieron ricos quitándonos todo y esos que ganaron poder dándonos migajas. Porque si todas las historias de vida que he tenido la oportunidad de escuchar pudieran escucharse entre ellas, comprenderían que lo que les une no son coincidencias y que ese factor en común es la contaminación que respiramos y seguimos respirando. Debemos asumir que lamentablemente no basta la suma de voluntades, aunque hay muchas personas marcando la diferencia e impactando en otros y otras, no logra ser suficiente o no alcanza a ser lo que merecemos.
Cuando escucho historias de hijos, hijas, amigos, amigas o madres y todo el dolor que hay detrás de un consumo problemático de drogas pienso <contaminación y la predisposición a la drogadicción > y ¿Tendrá que ver la falta de oportunidades, la falta de espacios de creación y cultura?, cuando escucho a niños y niñas a tan corta edad rendirse frente a sus sueños de ser profesionales solo pienso en la <contaminación>. Cuando veo las dificultades de aprendizajes y problemas cognitivos en los niños, cuando veo el aumento de niños y niñas con trastorno de espectro autista pienso en la <Contaminación>. Conozco tantas historias de personas viajando horas por un tratamiento contra el cáncer, (que ya de por si es muy crudo) horas para realizarse exámenes, dinero en traslado, hospedaje y comida. Veo a un porcentaje de jóvenes alejarse de sus familias en busca de un futuro educativo, y que significa costear traslado, vivienda, alimentación y todos los millonarios gastos que significa la educación superior chilena. Es frustrante ver talentos sin los espacios ni los recursos para realizar su arte. ¿No sería justo tener al menos la mejor educación y salud de Chile? ¿No sería más justo que niños/as y jóvenes tengan los mejores espacios y oportunidades de recreación?. Y hablo de LOS MEJORES, porque el ecocidio que significó la destrucción de nuestra bahía no es para tener migajas, es para exigir una calidad de vida que ronde el privilegio.
Algunas personas consideran que es algo que debemos olvidar y avanzar, pero como se puede avanzar sin reconocer una realidad que hasta el día de hoy nos oprime, y que si nos quedamos en ese casi negacionismo no sólo hace más difícil el camino a una vida mejor, sino que dejamos libre de polvo y paja a todos los responsables del sufrimiento de tantas personas. Quienes deseamos un Chañaral mejor asumimos que el camino es hacia la organización, porque ninguna autoridad (por muy idónea que sea para el cargo) va a solucionarnos nuestras problemáticas. Hablemos, intercambiemos experiencias, sanemos, discutamos, conflictuemos  y representemonos a nosotros/as mismos/as en todos los espacios que sea necesario. Ocupemos todas las oportunidades de denunciar y de contar nuestra historia de resistencia. Revivamos esa vieja costumbre de mirar al otro y no nuestros pies, de contarnos nuestras historias, de confiar. Las zonas de sacrificio siguen creciendo en Chile nosotras y nosotros podemos ser la voz de la experiencia, podemos marcar un precedente, hacer historia. Podemos ser quienes golpeen en la mesa y digan NUNCA MÁS ZONAS DE SACRIFICIO EN CHILE.
Escribí esto entre lágrimas, escribir es ahora eso que me saca ahora la rabia. Así estoy sacando esta frustración, y no gritando mientras marchamos como otras veces. Pero así como somos cada vez más los/as que frente a la crisis climática, nos sentimos pequeñísimos, insignificantes, una gota en el agua… pero somos y/o podemos ser muchas gotas de agua y quien mejor que nosotros y nosotras sabemos lo poderosa que puede ser el agua.
Solastagia.