Ámbar García/ @acuacocha
Escuche este artículo
Andrea Rojas (@femi.andy)
Ecoansiedad: La american psychology Association (APA) la describe como “Un temor crónico de un cataclismo ambiental”. Es «Un estrés causado al observar los impactos irrevocables del cambio climático, y preocupación constante por el futuro de uno mismo, los/as niños/as y las generaciones futuras”.
Cuando Sebastián Piñera frente a un tema tan delicado como lo es la sequía habla del uso “no responsable” del agua, es decir, conductas como el riego de jardines durante el día, el lavado de autos con mangueras, la apertura de grifos, etc. Culpa directamente a nosotres del desastre, y pasa por alto la responsabilidad que tiene el modelo económico que promueve. Este acto político no sólo invisibiliza el hecho de que el agua este privatizada y en manos de los grupos de poder (amigos de Sebastián), sino que también habla de una falta de empatía tremenda con les activistas ambientales y ecologistas. La ecoansiedad es real. Cuando nos invade la desesperanza del panorama actual y futuro, responsabilizarnos es cruel.
Entonces, llegan esas preguntas que siempre nos rodean ¿Estoy haciendo lo suficiente? ¿Está sirviendo de algo lo que estoy haciendo? ¿Puedo hacer más? ¿Es inútil la energía y tiempo que le doy a mi activismo? ¿Es esta la mejor forma de aportar? Y muchas más.
Es algo con lo que lidiamos desde la niñez, cuando nos enseñan que la crisis ambiental y ecológica se debe al uso de aerosoles, la falta de reciclaje, reutilización y reducción de lo que consumimos (entre otros). Y pasan por alto mencionar como las grandes empresas contaminan y como los países no han implementado medidas efectivas para revertir esto. Es por todo esto que cuando somos adultas/os tratando de minimizar nuestra huella ecológica es lógico sentir que es lanzar una gota en un gran incendio declarado. Personalmente es algo en lo que pienso todo el tiempo.
Lo que me lleva a nuevamente hablar del ecocidio de Chañaral que nos convirtió en una zona de sacrificio ambiental. Haciéndome estas preguntas hay respuestas que calman un poco mi ansiedad. En esos momentos de angustia hay una frase de Galeano que me salva un poco; “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo”.
Cada vez que escribo, publico algo en mis redes sociales o hablo en diferentes contextos sobre la contaminación de Chañaral siempre hay al menos una persona que se me acerca para decir que no sabía de este desastre y que quisiera saber más. Para mi, eso significa mucho. De la misma forma, aparecen personas entregando una parte de ellas para visibilizar la falta de justicia; Ámbar (@acuacocha) es una talentosa ilustradora que hoy es parte de este escrito con su arte, quien quiso saber más y aportó desde sus recursos personales a esta lucha. En este proceso creativo de la ilustración ella fue una persona más escuchando la canción “Tierra sufrida” de terapia de texto (@terapia_de_texto), un grupo chañaralino de rap-fusión que cuenta la historia del desastre ecológico, y desde la música y su producción cada integrante aportó en visibilizarnos un poco más como zona de sacrificio ambiental. Y en el proceso creativo de esta canción, Diego (@bohemiotdt) leyó el libro “La muerte gris de Chañaral” de Manuel Cortés, quién entre otras cosas, entregó sus recursos académicos y personales para producir uno de las más importantes registros de nuestra dolorosa historia. Así mismo, en el proceso creativo del libro, Manuel recopiló una importante cantidad de investigaciones que muchas personas realizaron para comprobar de forma científica lo que ya es innegable. Todas estas personas entregaron su creatividad, sentires, saberes, tiempo y energía crearon una cadena. Cuando en esa cadena aparece aunque sea una persona declarando que por primera vez se entera de Chañaral y su resistencia, significa que aportamos y que lo que hacemos no es vano.
Sigue pareciendo una gota apagando un enorme incendio, pero ya no es una. El arte es una de las formas más bellas que tiene el ser humano de hacer revolución, el arte es vida frente a tanta muerte a la que Codelco Chile nos condenó.
¿Qué más podemos hacer frente a la ecoansiedad? Aprender a relativizar, apoyarse en la comunidad y buscar ayuda u orientación profesional. Desprivaticemos el sentir, y no olvidemos nunca que lo personal es político.