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El concierto del 8M en homenaje a Rocío Jurado contó con grandes voces femeninas. Mercedes Milá y Melani Olivares presentaron la gala con la presencia de una Rocío Carrasco alabada por la marea fucsia.

Como una ola feminista comenzó el concierto homenaje a Rocío Jurado en el WiZink Center de Madrid. Después vino un oleaje bravo que la marea fucsia desató entre aplausos a una Rocío Carrasco salpicada por la pasión del público y después ahogada en sollozos. «La lucha por la igualdad la mamé desde pequeña gracias a una mujer maravillosa. Te echo de menos allá donde estés», se emocionaba la hija de la folclórica con imágenes de pechos femeninos y maternales de fondo. Con Mercedes Milá y Melani Olivares como presentadoras, dio comienzo un evento donde el relato del 8M dedicó varias líneas a la solidaridad con Ucrania.

Pero la emoción de la música superó con creces a la pasión de las palabras de diversas feministas del momento. Una imagen de Rocío Jurado en pantalla gigante para que cupiese en ella la más grande, acompañó a cada una de las artistas que se subió a escena. Nía fue la primera en hacer flotar los primeros compases de «Como yo te amo» a orillas de un concierto que estaba a punto de zarpar. Un estribillo que solo fue superado en seguimiento al «Yo sí te creo» de un sector del público enjoyado con coronas violetas de luces. «Como una ola» llegó la voz de Sole Giménez para alzarse y luego reverenciar a la de Chipiona.

Sin embargo, en las profundidades del alma de la más grande solo pudieron sumergirse unas pocas privilegiadas. Una desgarradora Pastora Soler fue la aguja que penetró el tejido de cuero del corazón de Rocío Jurado. Este latía aún en cada estrofa de Se nos rompió el amor. Mientras tanto, Ruth Lorenzo siguió bordando con el hilo de su voz, más ágil que sedosa, cada golpe de espíritu que la más grande parecía dar cuando cantaba Que muera el amor.

El corazón de Rocío Jurado se detuvo después, pero ya no estaba roto. Varias jóvenes intérpretes fueron capaces de desabrochar el sujetador mental de Rocío Jurado, aquel que había reivindicado en los 80 como el único necesario. Entre ellas, Ana Guerra con su sublime versión al piano de Señora o Lorena Gómez que se dirigía a un público mayoritariamente femenino con un satisfactorio Vibro contigo. Para introducir a la cantante, Mercedes Milá mostró orgullosa un succionador de clítoris alzado a media asta bajo el lema humorístico: «Son tiempos de Satisfayer».

De una orilla a otra del concierto se atravesaron varios mares. Con distintas densidades y toques de sal. Como si estuviéramos en una villa costera gallega, Tanxugueiras desenredaron a un público anclado a su silla con una norteña y folclórica versión de Si amanece. Según Yolanda Ramos, la canción más caliente de la velada. Este himno al amor, esta vez celta, de una sola noche mostró que no había fronteras para el sentimiento y la sexualidad. Los toques plateados batieron en varias panderetas hechas de toda la piel que se vio en un concierto.

No hubo más muestras de piel a pesar de las constantes menciones a órganos sexuales y placer femenino. Ni siquiera cuando Rigoberta Bandini interpretó su Ay, mamá. Una cámara especial bautizada en supuesto pecado como Tetacam fue recorriendo a la grada y animando a las miles de mujeres presentes a enseñar lo que quisieran sin temor. Algunas se atrevieron. Muy pocas. Y siempre mostrando envoltorio y nunca carne. No somos trozos de carne, es verdad. Quizás por eso se apostó por una sexualidad vegana dibujada en pantalla con luz y simbolismo.

Hubo orgasmos, pero todos estimulados por la copla y la poesía escrita con tinta fucsia por varios compositores clásicos de los 80. Vestidos violetas, rosas rojas aplastadas como si de un desengaño al socialismo de tratase y frases de apoyo hicieron culminar la empatía del público con las mujeres víctimas de violencia. «Ni una menos». Tampoco ni una de menos. Al final del homenaje todas las mujeres se encontraron y levantaron una última marea para empujar a Rocío Carrasco hacia las arenas del público. Esta daba las gracias a Telecinco y a la Asociación Anabella para mujeres maltratadas antes de abandonar el recinto.

Era hora de respirar Madrid y de que las frases del evento se colasen en los sueños de futuro de las jóvenes presentes. Unas cantaron, otras honraron y otras, como Rociíto, hasta rezaron. Porque a pesar de las diferencias entre generaciones, culturas y formas de pensar nada cambia el amor hacia un icono. Allá donde esté, Rocío, es amada con la fuerza de los mares que rodean a un país repleto de talento y artistas emergentes. Y con el ímpetu del viento que sopla desde la historia del arte hacia las nuevas generaciones.