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Científicos proponen crear islas flotantes que transformen CO2 en combustible

El plan implica el uso de múltiples células fotovoltaicas que convertirían la energía solar en electricidad, que a su vez alimentaría la extracción del dióxido del agua marina

Un grupo noruego-suizo de científicos proponen crear millones de islas flotantes para convertir el dióxido de carbono atmosférico [CO2] en combustible y evitar que los combustibles fósiles sigan alterando el clima.

En un artículo publicado el 3 de junio en la revista PNAS, reseña que estas estructuras, unidas en clústeres sobre la superficie marina, podrían transformar ese gas de efecto invernadero en metanol líquido.

Se trata de una tecnología ya existente, impulsada hace años por el Gobierno de Noruega al proponerse desarrollar piscifactorías en alta mar, explicaron los autores de la propuesta en declaraciones a Newsweek.

El estudio precisa que de formar instalaciones de gran escala en regiones oceánicas donde queden protegidas del oleaje y el clima extremos, sería posible reducir drásticamente el uso de combustibles fósiles, lo que, a su vez, limitaría la severidad del calentamiento global en las próximas décadas.

“Si queremos evitar un cambio climático peligroso, toda la humanidad debe interrumpir las emisiones de CO2 derivadas de los combustibles fósiles”, escriben los autores en su artículo. “El problema es que no existen opciones prácticas de movilidad para los transportes que utilizan energía líquida derivada del carbono. Sin embargo, si reciclamos el CO2 atmosférico para producir combustibles sintéticos con energía renovable, tendremos una alternativa energética sin emisiones netas de CO2”, cita la revista.

Con este fin sería necesario poner en el océano cerca de 3,2 millones de estas islas-fábricas, sostienen los investigadores. Con ese número, su capacidad de procesamiento superaría la totalidad de las emisiones mundiales provenientes de la quema de combustibles fósiles, reseña RT.

El plan implica el uso de múltiples células fotovoltaicas que convertirían la energía solar en electricidad, que a su vez alimentaría la extracción del dióxido del agua marina. Por medio de una reacción química, el gas se convertiría en metanol, que se podría recoger y transportar como combustible hasta el consumidor final.

Con unas 70 de estas islas artificiales, que cubrirían un área de aproximadamente un kilómetro cuadrado, se conformaría una planta de energía. Las instalaciones podrían ubicarse en zonas con baja probabilidad de huracanes, donde las olas no superen los siete metros de alto y el lecho marino no esté por debajo de 600 metros (para poder anclarlas adecuadamente). Entre las ubicaciones deseables, los autores mencionan las costas de América del Sur, Australia y el sudeste asiático.

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